viernes, 20 de octubre de 2017

"Berta Isla" - Javier Marías


Tenía la sensación de que tras la trilogía “Tu rostro mañana” (2002-2007) y la novela “Los enamoramientos” (2011), Javier Marías había dado a la imprenta algo más que “Así empieza lo malo” (2014). Un libro del que no podía recordar el título pero que estaba segura de recordar su trama una vez cayera de nuevo en mis manos y empezase a leer las primeras páginas.

Pero no ha habido ninguna otra novela publicada entre las que he citado, y sin embargo ahora que termino “Berta Isla” (2017) se me ha difuminado esa sensación de libro fantasma: es como si ya la hubiera leído antes, como si fuera la novela que me faltaba. Porque contiene todos los elementos e intrigas que Javier Marías ya había utilizado antes.

Más de lo mismo
Pero no podemos culpar a Javier Marías si somos nosotros, los lectores, los que hemos depositado en él nuestras expectativas y nos las ha frustrado. Esto es algo similar a los celos en las parejas, sólo es responsable quien los padece y por lo tanto es quien debe gestionarlos (si no hay engaño: todo puede entenderse, menos las mentiras).

Y sí, Javier Marías lleva unos años repitiendo las fórmulas que le funcionan. Exceptuando aquella publicación oportunista de 2016, “El Quijote de Wellesley” que es mejor olvidar. En “Berta Isla”, la voz narradora principal vuelve a ser la de una mujer (esto no ocupa toda la novela, sin embargo, pero sí buena parte) pero eso ya a nadie sorprende. Una mujer sometida a su relación conyugal cuyo papel es total y absolutamente pasivo, he de añadir. En ningún momento se convierte en un personaje interesante que actúe y dibuje los límites de su propia vida: es como un fantasma que deambula.

Tenemos de nuevo un conflicto de pareja heterosexual y costumbrista en casi todo, con terceras personas y enredos. También personajes bilingües, de clase alta, Oxford-Londres-Madrid, mediados de siglo XX, los Servicios Secretos británicos MI5 y MI6 a los que perteneció en el pasado Sir Peter Russell (1913-2006), viejo amigo de Marías y en cuya biografía tanto se basó y tanto le usó como protagonista, con su nombre o cambiado (Sir Peter Wheeler, aparece también en “Tu rostro mañana” y en “Todas las almas”)... todo lo que ya conocíamos.

Más cosas que ya ha utilizado antes y ya conocemos: personajes secundarios que ya han aparecido de alguna manera en otros libros y a los que se hace un guiño (el pediatra amante, pero hay más); las consabidas digresiones propias del estilo de Marías, largas reflexiones sobre la influencia vitalicia de los actos que llevamos a cabo siendo jóvenes, despreocupadamente, etc. Sin embargo, algo que me gustaba y esta vez me ha fallado, es la también vieja costumbre de tomar fragmentos de las obras de Shakespeare como títulos de los libros.

Pero sin duda, lo más impactante es que ya conocíamos incluso el argumento de “Berta Isla”. Cuando se publicó “Los enamoramientos” en 2011, algunas tiradas incluían un pequeño ejemplar, un cuento largo o novela corta de Honoré de Balzac titulado “Coronel Chabert” al que se hacía referencia y que daba pie a continuas reflexiones sobre cómo nuestro entorno nos borra una vez hemos muerto, y sobre la imposibilidad de regresar para ocupar un lugar del que ya se te ha excluido: una paradoja interesante que daba lugar a largas digresiones.

Pues bien, “Berta Isla” copia exactamente ese argumento, cambiando a los personajes y añadiendo todos esos elementos que ya hemos citado y que se vienen repitiendo en las últimas novelas de Marías desde hace unos años. Por así decirlo, es como si Marías se hubiera obsesionado con esa historia y hubiera querido hacerla suya; como si le gustara tanto, tanto, que no fuera capaz de aceptar que no se le hubiera ocurrido a él antes (y cómo se le iba a ocurrir, si Balzac murió en 1850) y hubiera necesitado escribirla de nuevo. Todo esto es un poco extraño, y por qué no, decepcionante.

A favor de Javier Marías: técnica y recursos literarios
No obstante, también encontramos la prosa fluida y amable del Javier Marías que añoramos sus lectores más fieles; consigue que nos atrape la trama y queramos desvelar el enigma que nos plantea ya en la primera frase, qué demonios pasa con el marido de Berta. También y quizá sin pretenderlo, hace que nos planteemos muchas cuestiones importantes que se derivan de la trama, como lo es por ejemplo la del apego. Existiendo miles de humanos, Berta se obsesiona solo con uno, quien además le ofrece solo una cara que ya ni él mismo sabe si es falsa, y le oculta todas las demás facetas de su vida, le oculta casi todo. Y así lo que vive Berta (la opresión, las dudas, los fantasmas y miedos que generan el hermetismo de su marido), bien puede ser una alegoría del enrarecimiento del comportamiento de una pareja infiel si llevamos este caso a la vida real (no es lo más habitual que tu pareja sea espía de los servicios secretos británicos).

Otro detalle a su favor son esas pinceladas que encontramos diseminadas a lo largo del texto y que hacen referencia directa a fragmentos de novelas anteriores. Son muchas. Pero hay que saberse la obra de Marías casi de memoria para captarlas, eso sí. Pero están y es un juego literario hermoso que siempre usa, me gusta encontrarlas. Me refiero a guiños como la polvareda de los pies que van huyendo que aquí aparece puntualmente y que fue la frase final de “Los enamoramientos” y se dice también alguna vez más a lo largo de la misma novela; u otros como éste, que procede de “Mañana en la batalla piensa en mí”:

p.385 Cuánto miedo habrás tenido. Cuántas infamias habrás cometido, cuánto habrán pesado como plomo sobre tu alma y te habrán herido como hierro afilado.

Ese “como plomo sobre tu alma” procede de:

“Mañana en la batalla piensa en mí, y caiga tu espada sin filo: desespera y muere. Pese yo mañana sobre tu alma, sea yo plomo en el interior de tu pecho y acaben tus días en sangrienta batalla: caiga tu lanza. Piensa en mí cuando fui mortal: desespera y muere”.

Es una maldición shakespereana parafraseada que ha dado lugar a una buena cantidad de títulos en la bibliografía de Marías, y que aparece con más frecuencia en la novela “Mañana en la batalla piensa en mí”, sola o acompañada de otras frases intercaladas: son los mensajes que le transmiten al Rey Ricardo III (Escena III, Acto V) los fantasmas de las personas a quienes ha matado, la noche anterior a una batalla, para que en ella los recuerde, le atormenten, y muera él mismo de una vez por todas.
También tenemos, para mi regocijo, referencias intelectuales que añaden una reflexión y a través de las cuales compruebo que el espíritu del Javier Marías escritor e intelectual sigue vivo y aún nos puede dar grandes alegrías (aunque "Berta Isla" no sea el caso):

p.404 En mis clases había tenido que enseñar a Faulkner (superficialmente), y leí que en una ocasión, al preguntársele por qué sus frases eran tan largas, tan kilométricas, tan interminables, había contestado: “Porque nunca estoy seguro de continuar vivo para comenzar la siguiente”, algo así. 
Quizá a mí me pasaba lo mismo con aquel paréntesis infinito: si lo cerraba temía morir, o mejor dicho, temía matar. Matar definitivamente a Tomás.

“Berta Isla”, entre otras cosas, transmite ese amor por el Madrid de los Austrias tan presente en la obra de Marías: las calles del centro, el rumor de los árboles y el vaivén de las ramas visto desde el balcón de la casa para regocijo de los pocos privilegiados que pueden permitirse vivir en ese área (escena también recurrente en “Mañana…”).

La trama, que en un momento cambia de rumbo y parece traicionarse a sí misma (ojalá no hubiera estado solo basada en Balzac y ofreciera una vuelta de tuerca, no es el caso), finalmente consigue redondearse retomando elementos del inicio que aportan nuevas luces, resuelven cabos sueltos y dan forma al conjunto.

Conclusiones finales
Sobre la cuestión de plagiarse a sí mismo y darnos un refrito de novelas anteriores: quizá el problema de Marías es que se ha puesto un listón exageradamente alto, no puede darnos un “Corazón tan blanco” cada vez, pero qué hace: se pone al nivel o hace una retirada silenciosa a tiempo. Es complicado, quienes le seguimos queremos más publicaciones y ya gestionaremos en la intimidad las decepciones, a mí me vale con que deje de coquetear con la teoría feminista en sus artículos de opinión.

Me pregunto por qué en las dos fotografías del libro (la modelo de cubierta, y el autor en la solapa interior) aparecen fumando los retratados (Marías sin humo que le oculte parte del rostro, pero sí parte de él en tinieblas, la iluminación pésima). Sin ánimo de puritanismo (allá cada cual), las imágenes transmiten suciedad debido a este elemento, si un lector cualquiera está curioseando las cubiertas de las mesas de novedades de una librería y por sí mismo el nombre de Marías no le dice nada, será difícil que se acerque a este libro, el diseño no es atrayente.

Teniendo en cuenta todos los puntos a favor y en contra que he desgranado, también hay que añadir algo más. Y es que “Berta Isla” recupera al Marías relajado que se regocija en todo aquello que le gusta y sabe que le funciona. Es un alivio en el sentido de que la anterior novela, “Así empieza lo malo”, nos transmitía a un Marías triste, furioso y vengativo que utilizaba la literatura (la herramienta a su alcance) para hacer una justicia retrospectiva contra los crímenes franquistas y las injusticias que se cometieron contra su padre y su entorno intelectual más cercano. Aunque eso sea algo que pese sobre el alma del autor y que irremediablemente siempre vaya a estar ahí de alguna manera solapada (y sobre lo que tiene todo el derecho a dejar constancia, y de hacer justicia), en “Así empieza lo malo” era exagerado y casi desplazaba a la literatura como arte, para convertirla en arma arrojadiza.

“Berta Isla” es una buena novela, en fin, si se la toma aislada, independiente, si no se la relaciona con el resto de obras del mismo autor de la que es tan deudora. Sin embargo, para quienes asistimos a la obra de Marías como a un todo interrelacionado, se trata de una pieza menor en comparación a otros grandes hitos, así como disminuida a la fuerza por culpa de su carencia de elementos novedosos; por cruzar la línea de lo aceptable a la hora de tomar préstamos de otros libros anteriores, propios y ajenos. El debate está servido, lean y saquen sus conclusiones, pero sobre todo disfruten de la lectura.

lunes, 16 de octubre de 2017

Los sentidos del sujeto_Judith Butler


"Los sentidos del sujeto" (Herder: Barcelona, 2016), es una colección de ensayos cortos que giran en torno a la función de las pasiones en la formación del sujeto desde un punto de vista fundamentalmente filosófico. Se trata de siete textos escritos entre 1993 y 2012 (bastante desactualizados por tanto, en la introducción se indica que la autora ha modificado, para esta edición, aquellas partes en las que actualmente ya no estaba de acuerdo con lo que había expresado) en los que Judith Butler (Cleveland, EEUU, 1956) critica los aspectos de varios autores con los que no está de acuerdo (Descartes, Marleau-Ponty, Spinoza, etc.), pero va más allá y también hace críticas de otras críticas (de Irigaray sobre Marleau-Ponty, de Kierkegaard contra Hegel, etc.). Entretenido, cuanto menos. No es una lectura fácil (a lo largo de párrafos y párrafos le da vueltas y más vueltas a conceptos muy concretos aportando pequeños cambios de puntos de vista y el lenguaje es muy académico) pero resulta enriquecedora y nos invita a pensar hasta qué punto el exterior afecta en la formación del sujeto, que es impresionable y vulnerable.

Judith Butler es autora de referencia en estudios de género, estableció las bases en sus libros más conocidos como "El género en disputa" (Paidós, 2001), "Cuerpos que importan" (Paidós, 2008), "Cuerpos aliados y lucha política" (Paidós, 2017) ó "Deshacer el género" (Paidós, 2008), pocos ensayos feministas actuales no la citan en algún momento. Algunos fragmentos brillantes de "Los sentidos del sujeto":

p.88 (...) los más variados actos de aparente autodestrucción tienen algo de persistente y de potencial autoafirmador de vida.

*

p.99 Mientras que el duelo parece versar sobre la pérdida de un objeto —la pérdida consciente de un objeto—, los melancólicos no saben qué lamentan. Y en algún punto se resisten a reconocer esta pérdida. Como resultado, padecen la pérdida como una pérdida de conciencia, es decir, de un yo cognoscente. Si este conocimiento es el que afianza al yo, este yo también se pierde, y la melancolía se convierte en un lento desfallecimiento, un deterioro potencialmente suicida. Este deterioro tiene lugar por medio del autorreproche y la autocrítica, y puede tomar la forma del suicidio, es decir, del intento de anular la propia vida debido al desprecio que se siente por esta.

*

p.161 Nos podríamos preguntar si no hay más alternativa que la fe o la desesperación. Según Kierkegaard, así es. La mayoría de los seres humanos viven en la desesperación, y ni siquiera saben que están desesperados. En realidad, el hecho de ignorar la propia desesperación es un síntoma de desesperación. La persona que ignora que tiene ante sí una tarea, que debe librar una batalla por afirmar su yo de este modo tan paradójico, se basa en una serie de suposiciones sobre la solidez de su propia existencia que permanecen sin cuestionar y, por lo tanto, al margen de la dificultad de la fe. Así que parece que existe otro camino hacia la fe que no es el de la desesperación. Pero para Kierkegaard, la fe no provee una solución a la paradoja del yo. De hecho, no hay nada que pueda proporcionar tal solución. El yo es una alteración, un constante ir de aquí para allí, una paradoja viva, y la fe no detiene ni resuelve esa alteración convirtiéndola en un todo armónico o sintético. Al contrario, la fe es precisamente la afirmación de que no puede haber solución. Y puesto que la "síntesis" representa la solución racional de la paradoja, y esta no se puede resolver, de ahí se sigue que la fe emerge precisamente en el momento en que la "síntesis" se demuestra una solución engañosa. Digamos que esta sería la última de las burlas de Kierkegaard a costa de Hegel.

*

p.193 ¿Y cómo funciona en la relación ética entre los sexos que Irigaray imagina y promueve y que entiende como el eje del proyecto de la filosofía feminista? Recordemos que, según ella, universalizar una norma, o sustituir una por otra, serían ejemplos de un procedimiento ético que presupone una posición simétrica de hombres y mujeres en el lenguaje. De hecho, si las mujeres y los hombres se ubicaran simétrica o recíprocamente en el lenguaje, entonces la reflexión ética consistiría en imaginarse a uno mismo en el lugar del otro y en extraer un conjunto de reglas o prácticas a partir de esa sustitución imaginada o imaginable. Pero en el caso de que hombres y mujeres se ubiquen asimétricamente, el acto de un hombre de sustituirse por una mujer en un esfuerzo por lograr una igualdad imaginada se convierte en un acto por el cual el hombre extrapola su propia experiencia a expensas de la propia de cada mujer. En este escenario, según Irigaray, el acto por el cual un hombre se sustituye por una mujer se convierte en un acto de apropiación y borrado; el procedimiento ético de la sustitución, pues, queda reducido, paradójicamente, a un acto de dominación. Por otro lado, si una mujer, desde su posición subordinada en el lenguaje, se sustituye por un hombre, esta se imagina a sí misma en una posición dominante y sacrifica su sentido de la diferencia respecto a la norma. En tal caso, el acto de sustitución se convierte en un acto de autoborradura o autosacrificio.
Podríamos concluir que, para Irigaray, dada su perspectiva, según la cual hombres y mujeres ocupan una posición asimétrica en el lenguaje, no puede haber relación ética.

*

p. 246 El "tú´" es anterior al nosotros, anterior al vosotros y anterior al ellos. Es sintomático que el "tú" sea un término que no encuentre un lugar en los desarrollos modernos y contemporáneos de la ética y la política. Las doctrinas individualistas ignoran al "tú", porque están demasiado preocupadas por enaltecer los derechos del yo, y el tú queda oculto en una forma de ética kantiana que solo es capaz de poner en escena un yo que se dirige a sí mismo como un "tú" conocido. El "tú" tampoco encuentra su lugar en las escuelas de pensamiento a las que se opone el individualismo, escuelas que, en su mayor parte, se ven afectadas por un vicio moral, que, para evitar caer en la decadencia del yo, evita la contigüidad del tú, y privilegia lo colectivo, los pronombres en plural. De hecho, muchos movimientos revolucionarios (que van del comunismo tradicional al feminismo de la sororidad) parecen compartir este curioso código lingüístico basado en una moralidad intrínseca de los pronombres. El nosotros siempre es positivo, el vosotros es un posible aliado, el ellos muestra el rostro del enemigo, el yo es indecoroso, y el tú, por supuesto, es superfluo.


miércoles, 11 de octubre de 2017

QUIÉRETE UN POCO, JODER


Te quiero no nos compromete a nada,

pero calienta el corazón y tira hacia arriba

de los hilos que sostienen las comisuras de los labios.

Simplemente informa de una realidad,

como haría el periodismo objetivo si existiera.

Hace que le pongamos un plato a la belleza en la mesa

y que nos sintamos abrazados a distancia.

Te quiero jamás debería implicar

arrojar todo Disney sobre la cabeza de nadie.

Te quiero no debería ser tabú.

Amar tu identidad no debería ser tabú.

Amar a otre independientemente de su identidad,

no debería ser tabú.

Amar y no follar no debería ser tabú

y follar sin amar no debería ser tabú.

Ya sé que el amor no tiene nada que ver con este insomnio.

Conozco mi lugar en la lista de prioridades,

lo sé todo sobre el egoísmo y las verdades a medias,

tengo la mano sobre el picaporte de la puerta de atrás.

Me enjuago los ojos y leo en el espejo:

quiérete un poco, joder, quiérete un poco.


Del texto: 
© Todos los derechos reservados - Mar López, 2017

jueves, 28 de septiembre de 2017

Querida Ijeawele: Cómo educar en el feminismo - Chimamanda Ngozi Adichie


Leí por primera vez a Chimamanda hace años, a través de sus novelas "La flor púrpura" y "Medio sol amarillo" (dejo aquí el enlace a una reseña que hice sobre ella en 2010, para más información). Más allá de las tramas, lo que desprendía la forma de narrar de esta autora nigeriana, era una bondad infinita, si se me permite la cursilada. Durante años ha encabezado el activismo por los derechos de su pueblo. Y más recientemente, a raíz de la publicación del manifiesto "Todos deberíamos ser feministas" (publicado en la misma colección que "Querida Ijeawele..."), se ha convertido en cabeza visible dentro del activismo feminista.

A modo de anotación al margen, quiero especificar que la lucha de Adichie se encuentra dentro del feminismo negro, que aúna la problemática del sometimiento que ejerce sobre las mujeres el patriarcado de las diferentes culturas, a la presión racista (eres mujer, eres negra: estás jodida). La referencia bibliográfica al respecto es la antología "Feminismos negros" que se encuentra disponible en la web de la estupenda editorial Traficantes de Sueños (se puede leer gratis on-line).

Siguiendo un poco esta idea, en "Querida Ijeawele...", Adichie comenta que sin duda se ha sentido arropada por su entorno en la lucha por los derechos humanos combatiendo el racismo, pero que, sin embargo, ha visto cómo otras mujeres no la apoyaban o, es más, la criticaban, en su lucha feminista. Precisamente, este hecho no es algo aislado y tampoco es contradicotorio, me explico: que las mujeres se sitúen en una posición contraria al feminismo, también es culpa del patriarcado. Estas mujeres tienen tan interiorizada la sumisión que son incapaces de desaprender todo lo que se les ha inculcado desde pequeñas, como para poder empezar a enfrentarse a todas las imposiciones que equivocadamente creen que han elegido libremente. Personalmente creo que ellas son el colectivo al que más urgentemente hay que explicar la necesidad de que se conviertan en seres humanos plenos, y nunca más sometidos. Un fragmento interesante al respecto, es el siguiente:

p. 38 "¿Recuerdas cuánto nos reímos hace unos años de un artículo atroz sobre mí? El autor me acusaba de estar <>, como si <> fuera algo de lo que debiera avergonzarme. Por supuesto que estoy enfadada. Estoy enfadada con el racismo. Estoy enfadada con el sexismo. Pero últimamente me he dado cuenta de que me enfada más el sexismo que el racismo.
Porque en mi enfado con el sexismo a menudo me siento sola. Porque quiero a mucha gente y convivo con mucha gente dispuesta a reconocer la injusticia racial pero no la de género.

No sabría decirte las veces que personas que aprecio, hombres y mujeres, han esperado que argumentara la causa del sexismo, que la <>, cuando nunca han esperado lo mismo para el racismo. (Obviamente en el ancho mundo, demasiadas personas siguen esperando que les <> el racismo, pero no en mi círculo inmediato). No sabría decirte cuántas veces personas que aprecio han quitado importancia o negado situaciones sexistas.

Como nuestro amigo Ikenga, siempre dispuesto a negar que algo sea producto de la misoginia, que jamás se muestra interesado en escuchar y conversar, y siempre parece ansioso por explicar cómo, en realidad, las mujeres somos las privilegiadas. Una vez llegó incluso a decirme que <>. Creía que estaba negando el sexismo cuando en realidad estaba dándome la razón. ¿Por qué <>? ¿Si una mujer tiene poder, por qué tiene que disimularlo?

La excusa para este manifiesto feminista con formato de carta extensa, es la pregunta que una de las mejores amigas de Adichie le planteó tras ser madre de una niña, Chizalum: ¿cómo educar a una niña para que sea feminista, cómo educar en y desde el feminismo? Desde que Adichie es reconocida como feminista, recibe consultas a las que no siempre sabe dar una respuesta rápida. Se trata de asuntos delicados y que requieren de un sólido argumentario, no vale con una respuesta corta y llamativa pero en el fondo vacía (algo tipo tweet).

El librito, de unas 90 páginas, está dividido en quince apartados, en cada uno de los cuales se trata un aspecto del feminismo aplicado a la educación de una pequeña: desde los roles de género a la independencia económica, pasando por la necesidad de adquirir un fuerte acervo cultural o los riesgos del amor romántico.

Adichie escribe transmitiendo calma, paz y amor: su activismo surge desde una perspectiva absolutamente humana que para mí, es tranquilizadora. Además de bondad, como ya comentaba antes, también desprende sabiduría, es maravillosa. Y no me resisto a señalar la fuerza y la luz de su mirada en las fotos.

Uno de mis apartados favoritos ha sido el sexto, que se centra en la cuestión del lenguaje:

p. 44 "Enséñale a cuestionar el lenguaje. El lenguaje es el depositario de nuestros prejuicios, creencias y presunciones. Pero para enseñárselo tendrás que cuestionar tu lenguaje. Una amiga mía asegura que nunca llamará <> a su hija. La gente lo dice con buena intención, pero <> es una palabra cargada de presunciones, de la delicadeza de ella, del príncipe que la rescatará, etcétera. Mi amiga prefiere <<ángel>> y <>.

De modo  que decide tú misma lo que no le dirás a tu hija. Porque lo que digas importa. Le enseña lo que debería valorar. Seguro que conoces esa broma igbo para reírse de las chicas que están siendo infantiles: <<¿Qué haces? ¿No sabes que ya tienes edad para buscar marido?>> Yo lo decía a menudo. Pero ahora he elegido no hacerlo. Prefiero decir <>. Porque no creo que debamos enseñar a nuestras hijas a aspirar al matrimonio.

Intenta no emplear demasiado a menudo palabras como <> y <> con Chizalum. En ocasiones las feministas tiramos demasiado de jerga y la jerga a veces resulta excesivamente abstracta. No te limites a etiquetar algo de misógino, explícale a tu hija por qué lo es y cuéntale cómo dejaría de serlo.

Enséñale que si criticas X en las mujeres pero no lo criticas en los hombres, tal vez no tengas problema con X, sino con las mujeres. Sustituye X por palabras como ira, ambición, brusquedad, tozudez, frialdad, crueldad.

Enséñale a plantearse preguntas como: ¿Qué cosas no pueden hacer las mujeres porque son mujeres? ¿Esas cosas gozan de prestigio cultural? En tal caso, ¿por qué solo se les permite a los hombres realizar las actividades que tienen prestigio cultural?

(...)

En lugar de limitarte a contárselo, muéstrale ejemplos de que la misoginia puede ser descarada o sutil y que ambas son aborrecibles.

Enséñale a cuestionarse a los hombres que solo empatizan con las mujeres si las ven como una posible relación en lugar de como a seres humanos iguales. Hombres que, al hablar de las violaciones, siempre dirán algo del estilo de <>. Sin embargo, los mismos hombres no necesitan imaginar a la víctima masculina de un crimen como su <> para empatizar. Enséñale también a cuestionarse la idea de que las mujeres son especiales. Una vez escuché a un político estadounidense, en un intento de apoyar a las mujeres, hablar de cómo deberíamos <> y <> a las mujeres, una opinión demasiado común.

Dile a Chizalum que las mujeres no necesitan que las reverencien ni las defiendan; solo necesitan que las traten como a seres humanos iguales. En la idea de que las mujeres necesitan ser <> y <> por el hecho de ser mujeres subyace una actitud de superioridad. Consigue que los hombres piensen en caballerosidad, y la premisa de la caballerosidad es la debilidad femenina.

martes, 5 de septiembre de 2017

De "Elogio a la mala yerba", Josefa parra Ramos


Libérame del hondo presagio de la muerte,
del olvido, del vacío, la desmemoria, el sueño.
Haz real mi existencia. Di mi enigma secreto,
antes de que la esfinge del tiempo me devore.
(Sé que sólo tus labios poseen la voz exacta,
la que desata nudos y atemoriza reinos,
la que derriba puertas más allá de la vida.)
Conjúrame delante de los dioses eternos;
ofréceles los dones de tu belleza límpida,
el desnudo perlado de tu pecho; levanta
los vasos de mezcladas esencias, y promete
lo que mi desventura y tu amor te inspiraren.

Quizá se compadecan de tu cuerpo marcado
con todos los estragos que a mí me corresponden.
Quizá, benevolentes, te susurren los justos
sonidos. Luego, amado, nómbrame, y viviremos.

                       *

A PROPÓSITO DE LA NOTICIA DE UN HOMICIDA NECRÓFAGO
No podríais entenderlo.
No cabía mi deseo en sus espacios,
la desbordaba como a un arroyuelo.
Yo, lluvia; yo, torrente.
Era desolador verla desnuda,
mínima y frágil, tras cada combate,
exhausta y triste carne de suspiros.
No bastaban sus pechos.
Me clavaba las uñas en las palmas
por no poder morder sus húmedas mejillas,
delirando de hambre.
La amaba de un amor ilimitado,
con dolor y con vértigo. La amaba;
no podríais entenderlo.
(Perlas graves,
sus ojos estallando entre mis dientes).


De "Elogio a la mala yerba", Josefa Parra Ramos
Visor, 1996

lunes, 4 de septiembre de 2017

10 ingobernables: historias de transgresión y rebeldía - June Fernández


Llego a “10 ingobernables” gracias a las acertadas recomendaciones literarias de la actriz Amarna Miller. En este libro se cuentan diez historias recogidas por June Fernández entre 2012 y 2016 en diferentes lugares de España y América Latina. Todas ellas tienen en común una perspectiva feminista y un pasado de lucha y opresión machista y/o heteropatriarcal de mierda: historias feas de maltratos físicos y psicológicos sufridos por el colectivo oprimido formado por mujeres (agredidas por el hecho de ser mujeres), hombres gays (y hasta aquí los únicos cuya problemática tiene cierta visibilidad en la sociedad), lesbianas, bisexuales y personas no binarias, intersexuales y un largo etcétera.

p.7 Tiene barba porque su cuerpo de mujer es así. No le da la gana afeitársela.

Según avanzo en la lectura con los pelos de punta y el corazón encogido, me doy cuenta de que acercarme a estas historias es una necesidad para mí, suponen una fuerte dosis de cruda realidad y son un ejercicio de empatía en sí mismos. Recuerdan que hay muchas formas de ser humano, y que ser inhumano no es una opción válida.

p. 9 Cuando la escritora Jeanette Wintessen, recién cumplidos los dieciséis años, le contó a su madre que se había enamorado de una chica, esta le espetó: “¿Por qué ser feliz si puedes ser normal?”

“10 ingobernables” es uno de esos libros que da gusto sostener entre las manos, no sólo por su preciado contenido sino también por lo bien editado que está. Antes de cada capítulo nos ofrece una caricatura sencilla (todos los dibujos realizados por Susanna Martín) del personaje que va a protagonizar la siguiente historia, y es curioso verlo al principio sin que nos transmita casi ninguna información, y regresar a él después de conocer su odisea personal y haberle tomado cariño, algo así como ponerle cara a su historia a pesar de haberlo visto antes de tener datos.

p.42 Antar no nació en el cuerpo equivocado. La sociedad se equivoca cuando le exige que elija, que se posicione, que se identifique como mujer o como hombre, porque si no, es un monstruo.

p.45 Antar no quiere pedir permiso a la psiquiatría y tampoco quiere un cuerpo con cicatrices. No es su cuerpo el que hay que corregir.

Otra cosa que me gusta mucho de este libro, es que está plagado de referencias bibliográficas que enriquecen el contenido precisamente porque le añaden la posibilidad de seguir leyendo. Es palpable que su autora, June Fernández (Bilbao, 1984), creadora de Píkara magazine, es un gran referente en el feminismo español de los últimos años, cuyo trabajo visibiliza la realidad de mucha gente oprimida por un sistema social y político arcaico e inválido, que prioriza cuestiones políticas y económicas a las vidas humanas.

p.64 Como buenos okupas, no accedieron a la negociación. Juanita se recuerda abrazada a otras quince personas dentro del edificio, viendo cómo la pala de la excavadora se cernía sobre el techo de uralita. “Los policías nos cogieron una por una en brazos”, cuenta con coquetería, como si una parte de ella hubiera disfrutado de ese instante de película de Hollywood.

p.72 ―¿Cómo vas a pasar la Nochevieja, Juanita?
―Igual con las amigas del pueblo, pero tampoco me importa pasarla sola. Hago mis rituales.
―¿Qué rituales?
―Me los invento. Con el fuego es fácil. O hago como las brujas: me fumo un porro de más, y vuelo.

También me gusta de “10 ingobernables” la manera en que está escrito, con frases igual de descriptivas que emotivas, nos acercan a unas vivencias muy dolorosas pero con la dosis de humor necesaria para seguir luchando.

Leo historias de años de agresiones, de inexistencia o ineficacia de la justicia; historias en las que a la pobreza se unen gustos o formas de ser que se salen de lo normativo y que dificultan aún más el salir adelante mientras todo tu entorno te resulta hostil. Y sin embargo me siento incapaz de sentirme feliz por mis privilegios de mierda. Mi coeficiente intelectual, mis medidas corporales o el color de mi piel no me suponen conflicto alguno, no tengo carencias afectivas que me obliguen a entablar relaciones insanas, ni frustraciones internas que necesite desahogar con nadie. O bien establezco relaciones sanas y 100% libres, o hago planes a solas sin que nada ni nadie me impida disfrutar de mi libertad e independencia (home is wherever I’m with me).

Y sin embargo, salgo a las calles de Madrid, que se ha convertido en una selva de acoso sexual callejero, y lo más bonito que respondo a diario a los machitos de mierda, es que se mueran. Nunca una lesbiana me agredió por la calle, luego el problema no radica en el espacio que ocupo en el mundo o en la imagen que proyecto en público: el problema son los tíos. Nuestros privilegios como mujeres jóvenes, independientes, emancipadas, tatuadas y vestidas como nos da la gana, se transforman en un problema cuando tenemos miedo de volver solas a casa por la noche; o cuando incluso a plena luz del día y por el centro, se acerca de frente por la acera un tío y nos sorprendemos pensando “ojalá que no le guste, ojalá que no me diga nada”.

Tener inquietudes culturales e intelectuales no mejora mucho las cosas en según qué situaciones, una vez salimos de entre las estanterías: por ejemplo, la inmensa mayoría de nuestros ligues potenciales masculinos, sólo valoran unos cánones de belleza preestablecidos que a veces pueden ser matizados por filias personales (con las chicas funcionan otros códigos). En el caso de que nuestra materia gris les sirva como aliciente, lo hace en tanto en cuanto apuntarse el tanto cuenta doble, “Wow, he conseguido engañar a la sabihonda comelibros, +20”.

Leo otras realidades de la mano de June Fernnández y se reafirma mi capacidad para la empatía mientras pienso que a pesar de que mi vida no es perfecta, lo he tenido muy fácil. Pero también a veces siento que me ahogo y que me choco contra un techo invisible de cristal, soy humana y necesito desahogarme.

Mi absurdo privilegio por nacer en un lugar que no elegí, se acaba cuando viajo a algún lugar de fuerte tradición racista, o escucho según qué comentarios despectivos y de repente me siento guiri, paya, gallega, yuma, bárbara, extranjera; charnega en el ¿país? que inventó lo de sudaca y pan tumaca. Pero quién les ha metido qué coordenadas de qué fronteras a la gente. Tienen muchos motes para nombrarme todos aquellos a quienes yo solo veo humanos mientras sigo siendo incapaz de distinguir líneas raras en el suelo.

No soy tan pendeja (este término se usa en México y me hace gracia usarlo a veces) como para querer cambiarme la vida por la de quienes lo tienen absolutamente todo en contra, pero a la vez me siento incapaz de creerme superior a cualquier ser humano a causa de mis privilegios de mierda. Mis privilegios no me hacen feliz, o no soy feliz, en fin, a pesar de mis privilegios.

Este libro me ha hecho replantearme de nuevo muchas cuestiones y creo que es válido para una gran cantidad de tipos diferentes de lectores, así que lanzo mi recomendación para que a quien le apetezca la atrape al vuelo.

viernes, 1 de septiembre de 2017

La célula de oro - Sharon Olds


Sharon Olds es una bestia, y llego muy tarde a ella (debería haberla descubierto mucho antes), pero llego. Actualmente es una de las poetas norteamericanas más punteras, trabaja como profesora de Escritura Creativa en la Universidad de Nueva York y ha ganado numerosos premios de poesía.

“La célula de oro” tiene un prólogo introductorio muy pertinente (es algo que no sucede habitualmente con los prólogos), escrito por el mismo traductor del libro, Óscar Curieses. En él nos explica las dificultades a las que se ha enfrentado en su trabajo y de qué manera las ha ido solventando. Pero también nos da pistas a los novatos sobre algunas cuestiones curiosas de la poética de Olds, como por ejemplo, el hecho de que afirme usar comparaciones en lugar de metáforas. Esto es algo que ella ha explicado en entrevistas y sintetiza muy bien su esfuerzo por no maquillar la realidad sino de plasmarla de forma cruda (nunca sustituyéndola por algo representativo que le reste autenticidad).

En los poemas de Olds muchas veces no sabemos si ama u odia, y es que ama y odia brutalmente y a partes iguales, ya dije al principio que era una fiera, cada verso es una dentellada y el libro una selva por la que adentrarse con el corazón en un puño.
AMOR EN TIEMPO DE SANGRE
Cuando vi mi sangre en tu pierna, las gotas tan
oscuras y limpias, ese rojo arterial verdadero,
ni siquiera podía pensar en la muerte, te
quedaste allí sonriéndome,
en cuclillas en la bañera sobre tus patas
largas y te limpiaste.
El enorme y duro capullo de tu glande en mi boca,
los pétalos oscuros de mi sexo en tu boca.
Podía sentir que la muerte se alejaba, se alejaba cada vez más,
y me olvidaba, perdiendo mi dirección, su
palma olvidaba la curva de mi mejilla en la mano.
Luego cuando nos tumbamos bajo el resplandor pequeño de la
lámpara y vi tu labio inferior
glaseado con una luz como fuego líquido
te miré y te dije que sabía que eras Dios
 y que yo era Dios y nos tumbamos en la cama
sobre una nube oscura, y en algún lugar bajo nosotros
estaba la tierra, y de algún modo todo lo que hicimos, la
sangre, el punteado rosa de la cabeza,
el nácar líquido que sale de la hendidura, la
bondad de todo lo que hicimos llegaría
hasta aquí mismo, encontraría su floración en el mundo.
Me gusta mucho de los poemas de Olds, el hecho de que nunca deje a un lado las raíces de lo humano, encontrar vestigios de prehistoria en las situaciones más mundanas de la vida en el siglo XXI. Por ejemplo, en el poema genial que abre este libro cuenta la historia de una tentativa de suicidio: un tipo sube a la azotea de un edificio y amenaza con arrojarse al vacío. Los cuerpos de seguridad acuden al lugar y despliegan el dispositivo para salvarle la vida. Cuando todo termina, los agentes encienden unos cigarrillos y entonces el poema da un giro que te transporta directamente al pasado e inunda de humanidad toda la escena:
(…) el policía alto se encendió
un cigarrillo, y le ofreció, y
luego todos encendieron cigarrillos, y el
rojo refulgente de los extremos ardía como las
hogueras pequeñas que encendimos en la noche,
al principio, en el origen del mundo.
De pronto encuentra la manera no sólo de situar al lector en una posición totalmente cercana a los personajes del poema, sino de transmitir esa sensación de unión con toda la humanidad por el simple hecho de compartir con ellos el momento y el hecho de estar vivos. Hay un amor, una serenidad, una fuerza y una energía brutales detrás de esas palabras.

Me gusta que nunca resulte pretenciosa, y que nunca juegue con la crudeza de sus recuerdos con el objetivo de dar pena, se limita a narrar con una voz original, propia.

Y por supuesto hay que detenerse en los poemas de la parte final del libro, que dedica a su experiencia como madre.
(…) Cuando el amor viene a mí y me pregunta
¿Qué sabes? Respondo Esta niña, este niño.
Son poemas desgarradores de ternura y cicatrices, que utilizan la perspectiva más física para dar a conocer al mundo sus pensamientos íntimos en relación a los hijos. Me ha encantado que fueran tan atemporales y animales, austeros, sin adornos: la maternidad carnal con sus partos, fiebres, miedos y gruñidos… nada que ver con la idealización pastel de un anuncio de pañales.

ESE MOMENTO
Casi hace demasiado tiempo para recordarlo,
sucedió cuando era una mujer sin hijos,
una persona de verdad, como una figura en pie en el campo,
solitaria, oscura frente a la cosecha tenue.
Los niños estaban allí, eran figuras sombrías
fuera de la valla, indistinguibles como
masas informes y lejanas con rostros en el crepúsculo.
No recuerdo, una vez más,
el momento en que me giré para llevármelos, el talón
que gira en la tierra, aplastando las cabezas de los
tallos de trigo bajo el pie, el
cuerpo que oscila súbitamente alrededor como la
figura plana de una veleta al
girar cuando el viento cambia. No
recuerdo el viaje desde el centro del campo hasta el límite
o el chasquido de la valla como la rotura de las
fronteras del mundo, o mi salida por
completo del campo roturado y el llevármelos
en los brazos como tú te llevarías
las claras y las yemas de los huevos en los brazos cayendo
pegajosas sobre ti, con manchas, limosas,
glaseándote. No puedo recordar ese
instante en el que les entregué mi vida
como alguien que de pronto entregara su vida a Dios
y permanecí con ellos fuera del universo
y después como un dios me di la vuelta y los traje al mundo.

jueves, 24 de agosto de 2017

Cuando la vida te da un martillo - Kate Tempest


Kate Tempest es una joven promesa de las letras británicas, con 32 años posee una carrera que comenzó en el mundo del rap, continuó con la poesía y actualmente se centra en la composición de obras de teatro y novelas.

En este caso tenemos una novela que se desarrolla en un Londres bastante hostil, ya que los escenarios elegidos para el desarrollo de la trama son tugurios de mala reputación, callejones en barrios de las afueras y un ritmo de vida poco saludable, por decirlo de alguna manera.

Harry y Becky
En la línea de la normalización y visibilidad del colectivo oprimido LGTBI, Kate Tempest elige en este caso a dos chicas y dos chicos cuyas vidas se cruzan por casualidad, de modo que seguimos desde los inicios las diferentes relaciones entre los cuatro y, más concretamente, la evolución de la química que surge entre las dos chicas, Harry y Becky, que a pesar de las circunstancias que les ha tocado vivir, literariamente son unos personajes bastante potentes, de modo que mantienen casi por sí solas una trama que por lo demás no es muy interesante (drogas, palizas, prostitución, etc.)

“Cuando la vida te da un martillo” es una novela con una temática controvertida, que por un lado nos presenta un puñado de jóvenes atrayentes, interesantes y llenos de vida, pero que por otro lado la viven pisoteándola. Es el reflejo de una realidad que existe pero también puede funcionar como consejo de lo que no debería de hacerse, o también, asimilarse como una influencia bastante negativa. Las conclusiones en todo caso las tendrá que extraer el lector que se acerque a estas páginas.

Becky tiene veintiséis años, pero se siente en las últimas. Está apoyada contra la barra, a su alrededor todo son monstruos, gilipollas y putillas chillando y gritando para hacerse notar. Tiene los hombros firmes y echados hacia atrás. Su aspecto es desafiante, pero no lo hace adrede: es su pose natural. Tiene el don de poseer esa clase de postura erguida y de relajación de las extremidades que dan como resultado un amor por el movimiento, una fluidez física que convierte la danza en su goce primordial. Es intimidante, sarcástica y, en ocasiones, malintencionada. Un cuchillo en medio de toda esa carne. La clase de mujer que siempre desata el caos entre desconocidos.

Más allá de la primera impresión

Algo que sin duda puede extraerse leyendo entre líneas, y que es aplicable a la vida de cualquier lector, es que hay que entender a los demás teniendo siempre en cuenta sus circunstancias, en el caso concreto de los personajes de esta novela les influye poderosamente su entorno familiar más cercano, y sólo conociendo esos detalles pueden explicarse sus formas de enfrentarse a la vida. Aunque el día a día de estos protagonistas es muy superficial y sólo se centra en la fiesta y las drogas, con la reconstrucción en parte de su árbol genealógico y algunas anécdotas esclarecedoras, podemos atisbar un poco más allá en qué les pasa por la cabeza y por qué lo hace.

Cuando ella le contó lo que hacía para ganar dinero, a él le costó asimilarlo. Pero, teniendo en cuenta todo su pasado, había que comprender que el sistema de valores de Becky fuera distinto al suyo. (…) Es como dice mi tía Linda ―le contaba―. Lo que para un hombre es el destello de un relámpago que desgarra el cielo a su paso, para otro es una estrella fugaz que apenas alumbra.

La pareja de amigos Harry y Leon, se conocen desde la infancia y en la novela se van desgranando muchas de las situaciones que han vivido juntos y que han forjado esa confianza irrompible que los une ahora: conociendo solamente su presente difícilmente podría entenderse cómo son capaces de confiar a ciegas el uno en el otro en violentas situaciones con camellos y todo tipo de personajes del underground con quienes se juegan literalmente la vida.

La noche pasada se resiste a abandonarlos. Se sienta con ellos, les pasa el brazo por encima y apoya sobre sus hombros su cabeza ensangrentada.

Son los tres personajes que he citado, Becky, Harry y Leon quienes dan un poco de brillo y mantienen el interés dentro de una trama que por lo demás resulta bastante gris e insípida. La redacción, siendo formalmente correcta, no llega en ningún momento a llamar demasiado la atención del lector. Sólo he leído esta obra de Tempest, por lo que no puedo juzgarla más allá, pero mi impresión es que se trata de una novela que parece salida de una de esas fábricas de libros o talleres literarios que son tan populares desde hace unos años. Que a partir de la segunda mitad las tildes se hayan puesto en huelga dando lugar a una cantidad ingente de erratas tipográficas tampoco me ha gustado nada. No trasgrede, no emociona (dudo que se convierta en el libro de cabecera de nadie). Solamente entretiene, que en todo caso ya es mucho más de lo que se puede decir de muchos libros.


jueves, 3 de agosto de 2017

Eres culpable e ilegal: cógelo todo



MÁS RAZONES PARA LA ESCRITURA
Qué inmensa la tristeza de un cuerpo que has amado,
qué abandono tan cruel su peso entre las sábanas
señalando inequívoco las ausencias futuras:
la muerte, el desamor, la enfermedad, el tiempo.
Perfecto en su belleza de un instante. Inasible.
No hay modo
de retenerlo así. Ni las palabras
podrían suspender esa condena
de la fugacidad: escribe y calla.
Que un verso lo sostenga en el vacío,
que milagrosamente se eternice
cuanto vas a perder.
            No es suficiente
que hayas amado mucho y hasta el fondo.
Antes de que la luz se apague, escribe.
Escribe, escribe, simplemente escribe.

JOSEFA PARRA
Cádiz, 1965

   *

ALGUIEN SALVAJE
                      ¿A quién quieres resistirte?
                      Álex Gil
No ves que el virus entra
ya en los cuerpos, viene
cabalgando en los hombros
de todos nosotros. No temas,
si no es el virus será el tiempo, el dinero,
o el otro quien te tuerza. Deja de invocar
al plástico o a tus cremas para negarte
a ser una vieja vencida en un resort turístico.
Las listas de los más vendidos
se hacen sin ti, niñas limpias ocupan
tu puesto bajo tus esposos. Pero
también, date cuenta por fin,
si estás fuera de foco serás libre,
nadie mira más allá de los programas
televisados;
ahora puedes entrar a donde quieras,
eres culpable e ilegal: cógelo todo.
Que el barro de las lluvias
ácidas y ralas de este clima huraño oculten
la huella hendida que vas dejando
tras tu paso.

CRISTINA MORANO
Madrid, 1967


   *

UN RECUERDO
Nos decían que tuviésemos cuidado, que al menor descuido los hombres nos harían cosas malas. Esa expresión llevaba en su sonido el agua de las alcantarillas, algo sucio, y oscuro, como los senderos del bosque. Sin embargo, la dejábamos posarse en nuestras bocas para sentir la viscosidad de lo desconocido.
En los portales, tendidas bajo débiles bombillas, nos traspasaba las nalgas la dureza fría de las losas, y apretábamos las piernas una contra otra para descubrir el brillo de la perla rosada. Nos examinábamos las lapas de los pechos. Chupábamos cucharillas.
A continuación, nos ajustábamos los calcetines blancos y corríamos de calle en calle con la cartera de la escuela en volandas. Nuestras rodillas eran palomas confiadas; los lazos del pelo, señuelos deseosos.
Y no decíamos ni palabra. Dejábamos que los días pasaran tan solo, y nos llegase la edad de dejarnos tocar.

UNA REVELACIÓN
He encontrado un gato muerto atrapado en el sótano. Su piel parecía un retal de terciopelo arrugado. Estaba ya hueco por dentro, pero se distinguía la cabeza acurrucada entre las patas.
Tocar ese cadáver con la punta del pie me ha revelado la forma en que quiero morir.
Ha tenido una triste muerte el animal, triste pero limpia: se ha deshecho de su envoltorio con total discreción.
También de la gaviota que anidaba en el tejado y obstruía con sus plumas y su mierda el canalón no quedó más que el plumaje vacío.
No quiero sillas a mi alrededor del día de mi agonía, ni dedos palpándome el pulso, ni aliento de dudas atando con su ancla al nombre a punto de escapar: ¿ya? c’est fini? ¿y ese parpadeo?
Muera yo como una bestia humilde en la médula de la soledad.
Para después resecarme, endurecerme y vaciarme sin manchar con mi imagen las pupilas de los que amo.

MIREN AGUR MEABE
Lekeitio (Vizcaya), 1962

   *

II
Éste era el sentido
de la profanación
éste el sabor de lo que tanto tiempo
habías masticado. No hacerse
sino
deshacerse.
No hablar
sino callar.
El que espera.
El que recibe.
Besa primero al huésped y le brinda
un espacio
        ofrece
pero no
violenta no atosiga.
Para desmoronarte
así
te habías construido.
-sólo
lo inflexible se rompe-.
Ahora desaprendes la trampa
del lenguaje.
        Lo que dice
tu cuerpo no tiene
boca.

ADA SALAS
Cáceres, 1965
  
(Tras)lúcidas
Poesía escrita por mujeres (1980-2016)
 
Edición de Marta López Vilar
Bartleby Editores


jueves, 6 de julio de 2017

Juntemos las tribus - Carolyn Forché


Carolyn Forché (Detroit, Michigan, 1950) publicó este primer poemario de juventud cuando tenía 24 años y con él ganó el Premio de la Universidad de Yale a Jóvenes Poetas. Cuenta con el apoyo de Joyce Carol Oates y su obra muestra un fuerte compromiso político y social, aunque en este poemario se centra en otros temas, como veremos.

La traducción de este poemario, en edición bilingüe, corre a cargo de Claribel Alegría y Llillian Levy, y no encontramos ningún prólogo introductorio que nos hable de la obra de Forché, algo poco común en los tiempos que corren y que sin duda se agradece bastante. El universo prólogos, con su larga estela de favores, resulta agotador, pocas veces son necesarios.

La quema de los gusanos del tomate

En este volumen, la poética de Forché es muy narrativa. Presenta ese tipo de poemas libres que transforma las frases en versos a fuerza de economizar palabras y reordenar las pocas elegidas de forma que entre ellas exista cierto ritmo interno; así, ya solo falta seccionar las frases y ordenarlas en forma de columna para dar lugar a un poema. También encontramos unos pocos textos planos, muy líricos pero sin la apariencia formal de poema. Hay menos metáforas que imágenes explícitas.

“Juntemos las tribus” se divide en tres partes de extensión similar. En la primera, “La quema de los gusanos del tomate”, Forché pone en orden sus recuerdos y lo que podrían ser los recuerdos de sus antepasados, dando lugar a una suerte de poesía autobiográfica, o balance póstumo de algunas situaciones que recuerda.

Son poemas que evocan situaciones domésticas propias de otras generaciones, y que, sin estar ya presentes ni ser válidas en la actualidad, de alguna manera siguen conformando el acervo cultural de la autora. Por ejemplo, suenan ecos machistas y heteropatriarcales en el discurso sumiso de su abuela:

Crió a mi padre y a otros nueve
en un país ajeno
Búscate un hombre bueno
cásate
no hay nada más

Canto que se avecina
En esta segunda parte, que es la que más me ha gustado, encontramos otro tipo de poemas. Quedan a un lado las cuestiones domésticas, el trabajo en la casa y el campo, las estructuras sociales, etc. Aquí hay sobre todo poemas dedicados a la Naturaleza y recuerdos de juventud. Tenemos incluso un poema epitafio e invocaciones a los seres vivos, cantos a los ríos y las montañas, la descripción de un rito antiguo en una comunidad, etc. Este apartado es el más evocador en ese sentido, con ecos de folk nórdico.

CANCIÓN DEL LLANO
Cuando suceda, deja que vengan los pájaros.
Deja que caigan mis manos, no me las cruces.
Y desnuda entre el pelo que crece sobre los muertos,
ata las plumas de las doncellas.

Tápame los ojos con dos monedas, cúbreme
la cabeza con las cestas de maguey
que han acarreado agua.

Traigan los tambores de batea  bailen.
Quémenme con una rama de mezquite
y pónganse de collar
mis huesos.

El lugar que se teme yo lo habito
En esta tercera y última parte encontramos otro puñado de poemas de temática diferenciada. Son textos a veces domésticos (que ya no se centran tanto en el pasado y los recuerdos, sino en el presente de la autora), a veces carnales, que sin ser sexuales sí incluyen algunas referencias a pinceladas sobre su orientación bisexual. En conjunto, estos poemas son un estallido de vida y energía, que dejan el pudor en la entrada y caminan descalzos y seguros.

(…) Cuchareo la manteca, la vierto sobre la leche caliente, le agrego sal, finalmente bato la mezcla con una cuchara, cuando mamá no está, como ahora, puedo pensar. Puedo mirar el campo donde Joey disparaba contra los fardos de heno, donde yo lo espiaba, me valía de cualquier pretexto para salir. ¿Qué deseaba yo en ese entonces? Cómo pensaba yo por las noches en algún hombre sin rostro, luego bajaba yo las manos hasta agarrar el cuenco de mi coño, mis manos pequeñas, mi cuerpo plano. Las cortinas henchidas, el mosquitero abierto de par en par. Oscuro, los montículos del edredón subiendo y bajando, la cama chirriante se remecía. Me da trabajo dormir, sabiendo que debo ocultar lo que estoy haciendo, sin saber qué es. Al principio sólo tenía que desnudarme para él, me daba vergüenza. Los grillos hacían chirriar sus patas en las flores. Estaba atada. Estaba exprimida, golpeada, vendida, me metían los dedos, me hacían girar colgando de una cuerda. Tengo que hacer esto o me muelen como carne o como forraje para caballos. Las noches olían al aliento de las vacas. Retiraba mis manos y dejaba que el viento me limpiara. Figuraba la almohada para que pareciera el pecho de Joey y me dormía. Bato la masa con los puños, vuelvo a estirarla hacia mí, la punzo y vuelvo a espolvorearla con harina.

No conocía a Carolyn Forché y este poemario me ha dejado muy buen sabor de boca. Quizá técnicamente no son los mejores poemas que podemos encontrar en las mesas de novedades de las librerías; si a veces parece atrevida, desde luego nunca es exhibicionista. En todo caso, se trata de una forma de literatura honesta y en absoluto presuntuosa, muy recomendable.

jueves, 29 de junio de 2017

jueves, 15 de junio de 2017

La sonámbula y más relatos inquietantes - Marie Luise Kaschnitz


A finales de 2015 descubría a Marie Luise Kaschnitz a través del primer volumen de relatos que se lanzaba a publicar la editorial asturiana Hoja de Lata. Se trataba de una colección de cuentos con componentes siniestros y redacción impecable, lo que hizo que se convirtiera instantáneamente en uno de mis libros de relatos favoritos.
 
Hace muy poco han vuelto a las mesas de novedades de las librerías con una nueva entrega de relatos de la misma autora, que no le va a la zaga al primero en lo que a calidad se refiere, tampoco en su capacidad para dejarnos perplejos. Para la ilustración de la cubierta se ha vuelto a contar con la colaboración de Marta Orlowska, una artista con una producción maravillosa que gira en torno al surrealismo.

Literatura de calidad en pequeñas dosis
Sabemos que estamos ante una buena colección de relatos cuando estos nos enganchan y no queremos dejar de leer, pero también cuando la impresión que nos produce su lectura nos obliga a hacer una pausa (para reflexionar y coger aire) entre cuento y cuento: en este caso, esto se cumple al finalizar todos y cada uno de los relatos que conforman “La sonámbula…”
 
Los doce relatos tienen en torno a diez o quince páginas, y recrean situaciones sencillas del día a día, en las que se inserta de repente algún elemento extraño o inquietante, más o menos siniestro (salvo el relato “Fantasmas” o “Historia de un barco”, el resto de cuentos no alcanzan niveles de oscuridad que nos haga clasificar como gótica a la recopilación en conjunto).
 
Cabe destacar que, al igual que ocurría en “La niña gorda…”, también en esta ocasión nos encontramos descripciones detallistas y minuciosas, así como una forma de narración hermosa que une con aparente facilidad características tan contradictorias como profundidad y levedad con un resultado fresco y original que representa e identifica a su autora.
 
Se exploran temas como el comportamiento animal en las personas, la crueldad infantil y el despertar adolescente, la infidelidad y el acoso, el holocausto alemán y la lucha contra la muerte, así como los sucesos paranormales en los dos relatos de corte gótico que he mencionado antes. En concreto, la editorial Hoja de lata desde su página web nos invita a leer gratuitamente uno de los relatos que me han dejado más huella, “Historia de un barco”.

Adolescencia, mitología y acoso sexual callejero
Hay algo más que resulta fascinante en la literatura de Kaschnitz, y es la inclusión de elementos mitológicos dentro de sus relatos. Relaciona puntualmente el comportamiento de sus personajes con rasgos atávicos del folklore antiguo y consigue una mayor comprensión de la situación incluyendo elementos que todos reconocemos, y a la vez reviste la escena de un aura mágica que termina por hacerla redonda y perfecta.
 
En el relato que más me ha impactado por su calidad, “Sombras alargadas”, tenemos algunos componentes que están de rabiosa actualidad y a la vez son tan antiguos como el ser humano: tenemos a una chica adolescente (que sólo por serlo pasa a formar parte del colectivo oprimido en la sociedad heteropatriarcal) y un chico de edad similar que actúa como opresor, en este caso gracias a los privilegios adquiridos nada más nacer y al uso indebido que hace de ellos. Tenemos acoso sexual callejero, humillación y miedo; el chico está en un ambiente conocido y tiene más fuerza física, la chica es una extranjera de vacaciones con su familia que ahora se arrepiente de haber decidido dar un pequeño paseo en solitario por los alrededores.
Rossie, derrumbada como una montaña de infortunios, se acurruca junto a la pared de rocas, se pone de pie, crece, crece desde sus hombros de niña y mira al chico llena de rabia, lo mira fijamente, a los ojos, durante muchos segundos, sin parpadear una sola vez y sin mover un solo dedo. Todavía reina una calma tensa y de pronto le llega intensamente el aroma de los miles de arbustos del lugar, invisibles, dulces como la miel, amargos como la berza, y en esta quietud y esta intensidad aromática, el niño se desploma como un muñeco al que se le estuviera desparramando el serrín.

El componente mitológico aparece aquí con las similitudes entre el violador como dios Pan y la víctima que se defiende con la bravura del basilisco. La limpieza de las escenas en este relato es sencillamente genial, y durante los momentos de máxima tensión parece que realmente se ha detenido el tiempo. Luego, todo vuelve a la normalidad componiendo un cuadro costumbrista con elementos marinos que nos deja un sabor a salitre de una forma casi física.
 
“La sonámbula…” es digna sucesora de “La niña gorda…”, les invito a que les den una oportunidad en el orden que prefieran, ya que difícilmente les defraudarán.

lunes, 12 de junio de 2017

Dios y el estado - Bakunin (fragmentos)


" Rechazamos toda legislación, toda autoridad y toda influencia privilegiadas, patentadas, oficiales y legales, aunque salgan del sufragio universal, convencidos de que no podrán actuar sino en provecho de una minoría dominadora y explotadora, contra los intereses de la inmensa mayoría sometida. He aquí en qué sentido somos realmente anarquistas.

"Considerad un loco: cualquiera que sea el objeto especial de su locura, hallaréis que la idea oscura y fija que le obsesiona le parece la más natural del mundo, y al contrario, las cosas naturales y reales, que están en contradicción con esa idea, le parecerán locuras ridículas y odiosas. Y bien, la religión es una locura colectiva, tanto más poderosa cuanto que es una locura tradicional y que su origen se pierde en una antigüedad excesivamente lejana. Como locura colectiva, ha penetrado en todos los detalles, tanto públicos como privados de la existencia social de un pueblo, se ha encarnado en la sociedad, se ha convertido por decirlo así en el alma y el pensamiento colectivos.

"¿Cuáles son las causas de esta lentitud desoladora y tan próxima al estancamiento que constituyen, según mi opinión, la mayor desgracia de la humanidad? Esas causas son múltiples. Entre ellas, una de las más considerables, sin duda, es la ignorancia de las masas. Privadas general y sistemáticamente de toda educación científica, gracias a los cuidados paternales de todos los gobiernos y de las clases privilegiadas, que consideran útil mantenerlas el más largo tiempo posible en la ignorancia, en la piedad, en la fe, tras sustantivos que expresan poco más o menos la misma cosa, ignoran igualmente la existencia y el uso de ese sin la cual no puede haber revolución moral y social completa. Las masas, a quienes interesa tanto rebelarse contra el orden de cosas establecido, se adaptaron más o menos a la religión de sus padres, a esa providencia de las clases privilegiadas.

"En Grecia la divinidad se humaniza ―su unidad misteriosa, reconocida en Oriente sólo por los sacerdotes, su carácter atroz y sombrío son relegados en el fondo de la mitología helénica―, al panteísmo sucede el politeísmo. El Olimpo, imagen de la federación de las ciudades griegas, es una especie de república muy débilmente gobernada por el padre de los dioses, Júpiter, que obedece él mismo los decretos del destino.

El destino es impersonal; es la fatalidad misma, la fuerza irresistible de las cosas, ante la cual debe plegarse todo, hombres y dioses. Por lo demás, entre esos dioses, creados por los poetas, ninguno es absoluto; cada uno representa sólo un aspecto, una parte, sea del hombre, sea de la naturaleza en general, sin cesar sin embargo de ser por eso concretos y vivos. Se completan mutuamente y forman un conjunto muy vivo, muy gracioso y sobre todo muy humano.

Nada de sombrío en esa religión cuya teología fue inventada por los poetas, añadiendo cada cual libremente algún dios o alguna diosa nuevos, según las necesidades de las ciudades griegas, cada una de las cuales se honraba con su divinidad tutelar, representante de su espíritu colectivo. Ésa fue la religión, no de los individuos, sino de la colectividad de los ciudadanos de tantas patrias restringidas, asociadas por otra parte entre sí más o menos por una especie de federación imperfectamente organizada.

De todos los cultos religiosos que nos muestra la historia, ése fue ciertamente el menos teológico, el menos serio, el menos divino y a causa de eso mismo el menos malhechor, el que obstaculizó menos el libre desenvolvimiento de la sociedad humana. La sola pluralidad de los dioses más o menos iguales en potencia era una garantía contra el absolutismo; perseguido por unos, se podía buscar la protección de los otros y el mal causado por un dios encontraba su compensación en el bien producido por otro. No existía, pues, en la mitología griega esa contradicción lógica y moralmente monstruosa del bien y el mal, de la belleza y la fealdad, de la bondad y la maldad, del amor y el odio concentrados en una sola y misma persona, como sucede fatalmente en el dios del monoteísmo.

martes, 16 de mayo de 2017

La vida de los clones - Miguel Espigado



La actividad de Miguel Espigado (Salamanca, 1981) se desarrolla entre letras: su formación universitaria se centra en la Teoría de la literatura, Hispánicas y Análisis textual, ha publicado novela y ensayo, y ha impartido clases de idiomas en diferentes países, así como talleres de escritura.

Para la publicación de “La vida de los clones”, la editorial Aristas Martínez parece una candidata ideal, puesto que se centra en la publicación de obras que se encuentran en el límite de los géneros. Su ecléctico e inclasificable catálogo contiene libros de poesía, ensayo, novela y cómic.

Empatía VS ser humano
Continuamente da la impresión de que, en su mayoría, el ser humano sólo se moviera por la fuerza de su propia inercia, desarrollando incapacidad para la empatía, desinterés por su propio crecimiento intelectual, poca facilidad para detectar la injusticia y un largo etc. Así, muchas veces se afirma que algunos individuos siguen respirando únicamente porque se trata de una actividad automática.

En literatura, como medio artístico útil para despertar conciencias entre otras funciones estéticas y culturales, se ha usado la desfamiliarización para presentar una realidad que resulte extraña al lector, ante la cual no haya desarrollado aún mecanismos de respuesta y de este modo se enfrente al texto con las barreras mentales deconstruídas. Así por ejemplo, obras que integran el absurdo, exageraciones, esperpento u otros en esa línea, realidades paralelas que suelen tener retazos de fantasía, humor ácido o paralelismos con situaciones conocidas pero que han sido muy tergiversados a propósito para conseguir esa sensación de extrañamiento en el lector.

Esto es lo que tenemos en “La vida de los clones”, una novela en la que al principio cuesta un poco captar el contexto en el que se desarrolla, pero que una vez dentro, absorbe totalmente la atención del lector. A medida que avanza, se hace más patente la intención del autor, que no es otra que denunciar una serie de realidades sociales que todos conocemos, y lo hace a través de la figura de los clones como veremos a continuación.

Clones, privilegios y colectivos opresores
Se podría decir que Miguel Espigado ha volcado en los clones todas las atrocidades que a lo largo de la Historia se han cometido (y aún se cometen en la actualidad) contra colectivos oprimidos como pueden ser esclavos, colectivo LGTBI, indigentes, judíos, mujeres y un larguísimo etcétera… sin olvidar a los animales, que no por pertenecer a otra especie son menos seres vivos que los humanos.

En la realidad paralela que observamos en “La vida de los clones”, la sociedad capitalista ha dado lugar a la creación de criaturas de fantasía, como podrían ser los llamativos peluches de cualquier juguetería infantil a los que se les haya insuflado vida para el goce y disfrute de los humanos. La creación de esta nueva raza da lugar a una amplia problemática que no vamos a desvelar aquí, y a la reacción del ser humano ante esta situación. Milenios de crueldad documentada bien pueden servir como prueba para imaginar cómo sería la respuesta humana en estas circunstancias. Si una de las capacidades del historiador es pronosticar acontecimientos en el futuro basados en la experiencia del pasado, la del literato bien puede ser profetizar aquellas que se den en escenarios imaginados (que, por otro lado, no son más que metafóricos y aplicables por tanto a realidades conocidas).

La ciencia-ficción deconstruida
A nivel técnico, hay que reconocer que la novela es una virguería. No sólo mantiene y defiende sin lagunas una sociedad paralela inventada, poblada por unas criaturas de lo más extravagantes, sino que la redacción es impecable y denota un gran conocimiento de la vida en las grandes ciudades chinas, que es donde se basan los escenarios de la novela.

Su rostro me resultó tan inexpresivo como el de todos esos pekineses que realizan una tarea con tal desapego que ni siquiera parecen aburridos.

Además de la opresión a colectivos como tal, y siguiendo la línea de la denuncia ante injusticias sociales, vemos reflejadas en los clones muchas otras problemáticas que conocemos, tales como la maternidad subrogada, la inmigración, la adopción, la bioética, la explotación reproductiva en animales, el comercio y consumo de cadáveres, etc.

El hombre había frenado las posibilidades de mejorar su especie a través de la selección natural y arrastraría para siempre una enorme cantidad de fallos de diseño genético debido a la naturaleza imperfecta de la evolución natural. Por comparación, los clones podían escalar etapas evolutivas a velocidades increíbles.

Otro punto muy destacable es la configuración de los personajes y las interacciones entre ellos. Tanto el clon que es la voz narradora y protagonista principal, como el resto de personajes que intervienen, son complejos y están bien diseñados. Además de servir de ejemplo de todas las injusticias y casuísticas que hemos comentado antes, también nos sorprenden protagonizando escenas de humor negro, paradójicas o escatológicas, contrapuntos que consiguen crear un tono general en la novela que termina resultando hipnótico.

domingo, 14 de mayo de 2017

Los hombres me explican cosas - Rebecca Solnit


Tenía muchísimas ganas de hacerme con este libro, ya ni siquiera recuerdo dónde lo vi recomendado. Consta de nueve capítulos diferenciados, que si bien giran todos en torno al feminismo y en varias ocasiones reiteran conceptos y temas, el que abre el volumen y da título al libro era el que más me interesaba: “Los hombres me explican cosas”.

Hay algo que se repite cada vez que una mujer denuncia alguna actitud machista públicamente: antes de hacerlo debe aclarar que no odia a los hombres, que ama a su padre y a sus hermanos si los tiene, que muchos de sus profesores, médicos y artistas favoritos varones, han influido de forma positiva en su vida, que tiene amigos, quizá amantes y también compañeros de trabajo bio-hombres, cis-género y toda la parafernalia XY, a los que adora. Personalmente, me da igual que alguien que no me conoce deduzca que odio-a-todos-los-hombres-del-planeta después de leer mi reseña sobre este libro.

Y es que hay una actitud que podemos ver a diario en las discusiones por las redes sociales y que Rebecca Solnit critica duramente: muchos hombres que no agreden a las mujeres de ninguna manera (o también precisamente quienes lo hacen pero se ofenden porque no lo quieren reconocer en público) empezaron hace tiempo a utilizar la etiqueta en Twitter #notallmen, que pretendía ridiculizar la lucha feminista por el simple hecho de que no todos los hombres del planeta fueran unos delincuentes. Las feministas, indignadas por el hecho de que los hombres parecieran querer recibir una galletita a cambio de no tener actitudes machistas (como explica irónicamente Solnit en este libro), comenzaron a oponerse a esta etiqueta con la muy acertada #yesallwomen, que significa que, si bien no todos los hombres son unos agresores y muchos son aliados en la lucha feminista, sí que todas y cada una de las mujeres han sufrido, sufren o sufrirán las consecuencias de nacer mujer en una sociedad heteropatriarcal y falocentrista: nada más nacer, perforarán sus orejas en base a lo que tengan entre las piernas; llevarán vestidos que resultarán incómodos para jugar; no podrán participar con la misma libertad que un niño en juegos masculinos como el fútbol, o si lo hacen tendrán que soportar que las llamen machirulas y otras lindezas semejantes; cuando cumplan unos años, empezarán a cuidar su atuendo y su forma de expresarse para evitar que los hombres den por hecho que les están incitando con proposiciones sexuales; asumirán como algo normal el acoso sexual callejero diario (miradas y gestos, gritos, silbidos y opiniones no solicitadas, agresiones físicas en espacios públicos, etc.); cuando sean mayores y tengan parejas masculinas, se arriesgarán a que las insulten, las amenacen, las violen, las peguen, o las maten. Cada vez que un hombre me contradice e insiste para que acepte que estoy exagerando, respondo lo mismo: “Bueno, cuando seas mujer me lo cuentas”.
Me sorprendí a mí misma cuando me di cuenta de que al escribir este ensayo comencé hablando de un incidente gracioso y acabé hablando de violación y asesinato. Esto me ayudó a ver de forma más nítida el hilo conductor que liga las pequeñas miserias sociales con el silenciamiento violento y las muertes violentas. Creo que comprenderíamos mejor el alcance de la misoginia y la violencia contra las mujeres si tomásemos el abuso de poder como un todo y dejásemos de tratar la violencia doméstica aislada de la violación, el asesinato, el acoso y la intimidación en las redes, en casa, en el lugar de trabajo y en las aulas; si se toma todo en conjunto, el patrón se ve claramente.
Y es que hay cosas que sólo se conocen realmente cuando te pasan, y más para quienes adolecen de falta de empatía. Al igual que, por mucho que te lo cuenten, hasta que no lo experimentas no sabes cuánto duele hacerse un piercing o un tatuaje, la satisfacción que se siente o cómo es viajar o vivir sola, o cómo es perder a un familiar, a una mascota o la última reliquia que conservabas de alguien que despareció de pronto. Es imposible, por más que te lo expliquen, son cosas que sólo entiendes cuando te pasan.

Hace años, una amiga que salía con un hombre veinte años mayor que ella, me contó algunas cosas sobre su relación. Ella le adoraba con veneración, le veía como a su salvador, mentor, casi como a un dios, estaba totalmente sometida y hacía lo que él quería en todo momento. A través de todos los detalles que conocí, esa relación apestaba. Pero hubo algo en concreto que no conseguí olvidar, y es lo siguiente: me dijo que él era intelectualmente imbatible, y que le enseñaba muchísimas cosas, y que eso le encantaba. Pero que, como ella no le llegaba ni a la suela del zapato en lo que a cultura y conocimientos se refiere, cada vez que él le hacía una pregunta para lucirse, ya de entrada él se adelantaba a su posible respuesta y le decía: “Bueno, bueno, da igual, no contestes: ya te lo explico yo, porque total, seguro que no lo vas a saber”. Y, ¿sabéis que era lo peor de todo? Que ella se reía. Y le dejaba hablar.

La violencia no tiene raza, clase, religión o nacionalidad, pero tiene género.

Este caso, que aún después de tanto tiempo me pone los pelos de punta cuando lo recuerdo, es lo que una rama del feminismo estudia bajo el término mensplaining, que en castellano no tiene traducción en un solo término tan efectiva y oportuna como el original en inglés, y que pone nombre a esa realidad paternalista que sucede cuando los hombres dan por hecho que las mujeres, por el hecho de serlo, saben menos que ellos sobre cualquier cosa. La explicación más detallada que se da en el libro es la siguiente:

Este término surge de la contracción en inglés de la palabra man (hombre) y del verbo to explain (explicar). Según la definición del Diccionario Oxford: “Dícese de la actitud (de un hombre) que explica (algo) a alguien, normalmente a una mujer, de un modo considerado, condescendiente o paternalista”; recoge la idea de una acción que obvia los conocimientos, inteligencia y la familiaridad que la mujer posea respecto a ese asunto, infantilizando a la interlocutora. Desde su creación ha sido muy popular al considerarse un término necesario para definir un concepto antiguo y una experiencia frecuente. 

Además de ahondar sobre este término y enlazarlo directamente con la violencia machista, Solnit también aborda muchos otros temas relacionados. Por ejemplo, cómo se previene a las mujeres para que se protejan de una violación pero no se enseña a los hombres que no deben violar, lo que cuanto menos, resulta irónico (y también, muy significativo de cómo funcionan las cosas en el mundo en el que vivimos: se pide a las mujeres que no salgan por la noche para que no las ataquen pero a nadie se le ocurre prohibir salir a los hombres para que no ataquen, etc.). Habla también de la igualdad en las parejas sean o no del mismo género, de la utilidad de todas y cada una de las reivindicaciones feministas, aporta muchísimas cifras escalofriantes (sobre todo estadounidenses, puesto que la autora es de Connecticut), reflexiona acerca de la “cultura de la vioalción”, etc. Son nueve artículos breves, de unas quince páginas cada uno, y no ha habido una sola palabra con la que no haya estado de acuerdo o hubiese puntualizado, me ha encantado. Me parece absolutamente necesario el empoderamiento femenino y Rebecca Solnit es uno de esos pilares (con los conceptos muy claros) en los que apoyarse. Para quienes prefieran ver vídeos en YouTube para aclarar y ampliar conceptos feministas, dejo enlazados dos canales que veo mucho últimamente y que recomiendo totalmente.

Andy Asadaf

Ayme Roman

martes, 9 de mayo de 2017

Cáscara de nuez - Ian McEwan



La novela más reciente de McEwan tiene una sorpresa escondida en su interior. En “Cáscara de nuez” poco importa la trama, lo que resulta totalmente atrayente desde el principio es el hecho de que se haya elegido a un narrador poco habitual, el bebé a punto de nacer que una de las protagonistas porta en su interior.

Esta peculiaridad hace que por fuerza se hayan introducido elementos fantásticos en una trama real; además, es una decisión que literariamente puede dar mucho juego para exponer los hechos de formas poco habituales. No he podido resistirme a una novedad tan llamativa, que además ha superado con creces mis expectativas.

Encerrado en la cáscara de una nuez
“Cáscara de nuez” es un bonito título que surge de “Hamlet”, Shakespeare, siguiendo la costumbre de Javier Marías de extraer citas de obras shakesperianas para titular las suyas (otra cosa que une a ambos escritores, es que desde 2011 Ian McEwan es Duque de Perros negros de Redonda, la isla que reina Javier Marías en la distancia, con lo cual la asociación entre ambos queda aún más clara).

Algo divertido que nos hace pensar antes aún de lanzarnos a leer la novela, es el hecho de que el narrador sea un nonato, un feto en avanzado estado de gestación, que ratificará con un argumento más (únicamente literario, eso sí), la posición de aquellos que estén en contra del aborto.

“Cáscara de nuez” se sitúa en Londres pero casi todas las escenas suceden en el interior de una casa y apenas se hace alguna referencia al entorno, el escenario no influye en absoluto, es Londres como podría ser cualquier otra gran ciudad del mundo en la que los actos más oscuros de los personajes pasen desapercibidos en el bullicio general: donde un bebé que está a punto de nacer sea aún más anónimo e invisible si cabe. Siguiendo con Londres, en las primeras páginas encontramos algunos comentarios satíricos sobre las intromisiones inconstitucionales del heredero al trono de Reino Unido, críticas que no van más allá y en cualquier caso, el objetivo de la novela, como veremos más adelante, no es la crítica política.

Un pequeño filósofo narrador
Los personajes principales son tres, una mujer llamada Trudy y dos hermanos que completan el desafortunado triángulo amoroso: uno de ellos, John, es un poeta culto y sensible, padre del bebé; su hermano Claude es desagradable y maleducado, ha provocado la ruptura de los otros dos. Pero hay alguien más, la criatura que porta Trudy y que es quien narra la historia, un pequeño filósofo sin nombre a quien es muy fácil tomar cariño desde el principio. Ahora veremos por qué gracias a la afortunada decisión de darle voz, la novela es una auténtica virguería.

Ian McEwan tiene una obra muy extensa y ha demostrado con creces ser un excelente narrador, pero se diría que en esta novela ha alcanzado cotas de perfección, lirismo y limpieza técnica que nos obligan a situarle en un nivel superior, y sin lugar a dudas, a quitarnos el sombrero ante su hazaña.

Y yo la quiero, ¿cómo no iba a quererla? La madre a la que aún no he visto, a la que sólo conozco desde dentro. ¡No es suficiente! Anhelo su ser externo.

El pequeño filósofo narrador no toma parte activa en la trama, sólo interviene en el mundo real ocasionalmente, cuando decide patear desde dentro la tripa de su madre. Y sin embargo su visión particular adquiere tanto protagonismo, que por momentos los hechos que configuran la trama pasan a un segundo plano, he aquí la magia de la literatura. Además, los acontecimientos que se narran no son felices, se trata de una trama patética y delictiva, y sin embargo a veces resulta cómica, aportando el pequeñín un contrapunto tierno y vitalista, absolutamente delicioso.

Conclusiones finales
Es posible que la Biblioteca del Sueño del castillo de Morfeo (la que alberga los libros escritos o imaginados en sueños como nos explicó Neil Gaiman en “Sandman”) albergue un buen puñado de novelas en las que un feto humano sea el narrador, en todo caso es una idea muy arriesgada para llevar a cabo y conseguir que funcione: podría sonar absurdo con mucha facilidad y es necesario escribir muy bien y tener  a mano un arsenal de recursos narrativos para que el frágil entramado no se derrumbe. En este caso, McEwan ya había disipado cualquier duda sobre su calidad narrativa en sus trabajos anteriores (“Expiación” puede que sea uno de sus títulos más conseguidos); en “Cáscara de nuez”, como decía antes, se reafirma como un gran escritor.

Es muy loable el hecho de que no se haya excedido en la extensión, la novela ocupa poco más de 200 páginas; muchas novelas contienen montones de páginas prescindibles, y si no es necesario todo ese espacio, para qué alargarlo. Muchos autores se suben al carro de las novelas interminables (también debido a las imposiciones editoriales a veces), libros más largos dan lugar a precios más altos.

La novela abarca una franja de tiempo muy breve, aproximadamente unas pocas semanas previas al parto; poco a poco los hechos se precipitan, siguiendo la trayectoria que inevitablemente se intuye desde el principio. Esto no quiere decir que sea previsible, es más, este es uno de esos libros que se disfrutan más por cómo están contados que por lo que cuentan. Las reflexiones del diminuto cronista nos dan pie a pensar más allá de la trama, y reflexionar sobre las relaciones humanas, el desapego y el materialismo de la sociedad actual, entre otros temas que se encuentran entre líneas. Creo que es recomendable para un público muy amplio, y espero que la disfruten tanto como yo lo he hecho.

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