domingo, 29 de julio de 2012

"El último viaje del capitán Salgari" - Ernesto Ferrero


Dibujar el viento

La de Emilio Salgari dista mucho de haber sido una vida fácil. Antes de conocer sus circunstancias reales podemos imaginar que sus días eran apacibles y serenos, puesto que su escritura gozó de un gran reconocimiento desde el principio y él conoció ese enorme éxito en vida. Sin embargo, la realidad es muy diferente.

Salgari estudió en el Instituto Náutico de Venecia para aprender todo lo necesario antes de hacerse a la mar, que era su sueño desde la infancia. Con tan sólo diecisiete años abandonó esta escuela para comenzar a navegar, enrolándose en multitud de viajes que le llevarían a dar prácticamente la vuelta al mundo. Durante este tiempo, acumulaba notas, impresiones y datos en sus cuadernos, fijándose en los usos y las costumbres de cada uno de los lugares por donde pasaba. Su intención, desde el principio, había sido la de acumular vivencias y conocimiento para después darles forma sobre el papel: quería dotar a la literatura italiana del mismo prestigio que le dieron a sus países algunos de sus autores de cabecera como Julio Verne y Aimard habían hecho en Francia, Mayne Reid en Reino Unido y Cooper en Estados Unidos. Cuando cumplió veinticinco años, decidió que ya era hora de establecerse en un lugar y  probó suerte trabajando como periodista, que era la profesión que más le acercaba a la escritura.

Emilio Salgari escribía sin descanso. La necesidad de plasmar todas sus vivencias sobre el papel dándoles forma de novela de aventuras era mayor que la de cuidar de los asuntos cotidianos de su vida. Desde el principio, encontró fácilmente editores para publicar sus obras, y su prisa por desprenderse de ellas en cuanto las terminaba le impedía fijarse en los detalles de los contratos de cesión de derechos o para discutir sus cláusulas. Los editores aprovecharon su despiste para incluir condiciones abusivas y enriquecerse a su costa: dentro de la legalidad, pero ruinmente. Poco a poco, sus libros se hacían más conocidos: los lectores demandaban sus aventuras con avidez y en los países donde se ponían a la venta traducidas tenían el mismo éxito. Sin embargo, Salgari malvivía en una casa ruinosa donde permanecía siempre encerrado y escribiendo. Solamente sus editores se hacían cada vez más ricos.

Aunque parezca difícil de creer, este abuso por parte de las editoriales no es un caso aislado, los hay a cientos. No se trata de que los autores no se fijen en las cláusulas antes de firmar, sino que muchas veces no les queda otro remedio que aceptarlas si quieren ver al menos sus obras publicadas, o ganar un poco de dinero con ellas. Estos casos son tristemente frecuentes, así como los de editores que no pagan la parte correspondiente a los autores (ya de por sí miserable, un 10% para la persona que ha creado la obra desde la nada es una injusticia atroz), o que modifican a su favor el número de ventas para hacer creer al autor que han vendido menos libros y pagarle así una cantidad más baja. En resumen, salvo algunos súper ventas, es muy difícil que un escritor pueda llegar a ganarse la vida sin tener que realizar también otros trabajos paralelos.

Como era de esperar, la situación de Salgari pronto se hizo insostenible al no poder mantener a su familia, y la falta de ingresos suficientes junto con la inestabilidad psíquica de su esposa derivó en el suicidio, sangriento y doloroso, del grandísimo escritor. En su carta de despedida hacía responsables a sus editores de su desgracia, y les pedía que al menos se hicieran cargo de los gastos de su entierro. Parece una broma macabra, pero su vida, que comenzó siendo alegre y aventurera y terminó recluyéndole en una habitación en condiciones miserables, parece haber sido diseñada por él mismo, puesto que es muy similar a la de los protagonistas de sus novelas.

Emilio Ferrero, autor de esta estupenda biografía, es un importante escritor y crítico literario italiano que trabaja en el sector editorial desde 1963. Una de sus obras más relevantes, hasta la aparición de esta biografía de Salgari, era N. (Premio Strego en el año 2000), una novela basada en los días de exilio de Napoleón en la isla de Elba, narrada por su bibliotecario. Napoleón y Salgari son los dos personajes por quienes Emilio Ferrero siente más admiración, y por ello ha dedicado mucho esfuerzo en documentarse para reconstruir sus historias aunando datos objetivos y literatura a partes iguales. En el caso de Salgari, la fascinación llega hasta el punto de que, a día de hoy, Ernesto Ferrero vive en la misma casa donde residió el mítico capitán. Era uno de sus mayores sueños y, en cuanto pudo, la adquirió para sí: un verdadero lujo que muy pocos podrían permitirse. No hay un lugar más adecuado en el mundo para captar el espíritu de Salgari y plasmarlo en el papel de la forma magistral que merece.

Publicada originalmente en El Mar de Tinta.

martes, 24 de julio de 2012

"El viento comenzó a mecer la hierba" - Emily Dickinson


Emily a través de la ventana

Los poemas de Emily Dickinson se caracterizan por el sosiego, la reflexión y la quietud. Esta escritura procede sin lugar a dudas de alguien que, como ella, decidió por voluntad propia encerrarse en casa sin salir al mundo exterior. No obstante, existen algunos otros poemas que destacan por la observación interior, el reflejo en el abismo, los miedos atávicos, la oscuridad y el terror más antiguo: sin lugar a dudas, esos son los mejores, capaces de transmitir ideas muy intensas. 

Esta recopilación no parece seguir un criterio claro en la selección de los textos: la obra de Dickinson es ingente y coexisten en ella todo tipo de poemas: los menos profesionales de su juventud, los que se detienen a contemplar la naturaleza, el mundo tan pequeño, sencillo y cotidiano que le rodea y esos otros que parecen haber sido escritos mientras caminaba descalza por un terreno difícil, mostrando su interior sin ambages. Con esta pequeña recopilación entre las manos, sin embargo, el lector que no conozca previamente la obra de esta poetisa tiene a su alcance en este precioso libro una pequeña muestra genérica del trabajo de Emily Dickinson que ha perdurado a través del tiempo.


Emily y el encierro

La figura de esta poetisa está envuelta en un halo de misterio y leyenda cuya existencia, ya tan antigua (1830-1886), no ayuda precisamente a esclarecer. Era una mujer disciplinada y culta perteneciente a una familia adinerada, que prefirió sin embargo vivir de espaldas al mundo que la rodeaba, imaginando una existencia en lugar de vivir la suya de forma real. Dedicaba su tiempo a escribir en una habitación austera vestida con ropa de color blanco: salía poco, sólo para recorrer el resto de la casa y el jardín; se dice que la decisión de recluirse pudo estar asociada con el hecho de haberse enamorado de un hombre con el que por algún motivo no se podía casar, un tema que ocupa gran parte de su obra poética. Escribía continuamente y se relacionaba con pocas personas. Sus textos nunca fueron creados para ser publicados, Emily sólo escribía para sí misma. Eso implica que recorrer su literatura se convierta a veces en un tránsito a ciegas a través de sus palabras, sin tener nunca la certeza de haber encontrado la clave que desentrañe el mensaje que esas palabras sin duda llevan implícito. 


Emily y la oscuridad 

La verdadera Emily surgía cuando las puertas del pequeño mundo en el que se encontraba guarecida por decisión propia se cerraban y desaparecía hasta el último resquicio de luz en su habitación. Sólo entonces quedaban a un lado los poemas evocadores de claridad, naturaleza y hermosa rutina para dar lugar a aquellos otros de exploración interior donde salían a relucir los verdaderos fantasmas de la poetisa. Esos poemas son sin duda de mejor calidad y transmiten una carga emocional muy intensa. 

Además, es sólo a través de poemas como No es necesario ser una habitación / para estar embrujada, / no es necesario ser una casa. / El cerebro tiene pasillos más grandes / que los pasillos reales (...) como podemos comprender las verdaderas motivaciones que llevaron a Emily a adoptar la decisión del encierro, así como vislumbrar qué temores le rondaban y contra qué fantasmas luchaba a diario. Nadie con un espíritu lánguido y conformista escribiría versos donde explicase que encuentra más seguridad recorriendo los pasillos de una casa vacía que los propios entresijos de su pensamiento desnudo. La lucha contra las imposiciones, las inseguridades, los miedos y los muros de la propia mente es a menudo mucho más dura que la que se libra contra los elementos del mundo exterior: en el caso de Emily Dickinson, parece claro que la lucha consigo misma fue la causa de recluirse para no tener que luchar, también, con el mundo externo.

Una poesía realmente pura y sin pretensiones, sencilla, encantadora y dolorosamente real.


Publicada originalmente en El Mar de Tinta.

sábado, 21 de julio de 2012

"Leviatán o la ballena" - Philip Hoare


Este libro es uno de los homenajes más sinceros, intensos, tiernos y delicados que se hayan hecho jamás a las ballenas. Desprende tanto amor y tanta entrega que desde las primeras líneas quedarán subyugados incluso aquellos quienes nunca hayan sentido una especial inclinación hacia estos seres majestuosos. Philip Hoare resume el inicio de su extraña y maravillosa pasión con la siguiente frase brillante: “Todo empezó con aquella ballena en mi bañera”.

“Leviatán o la ballena” es una obra de difícil clasificación, que fusiona el cuaderno de viajes con el diario íntimo o la novela de aventuras marinas, pero que también incluye multitud de datos científicos que lo convierten en un riguroso tratado biológico sobre los cetáceos. Además, se trata de una crónica detallada de la relación del hombre con las ballenas a lo largo de la historia, desde las primeras capturas con arpón hasta la feroz masacre llevada a cabo por las grandes potencias mundiales para fabricar todo tipo de productos para el consumo humano y animal mediante el sacrificio de miles de ballenas. 

El hecho de que los propios cazadores advirtiesen la necesidad de acotar las capturas para no destruir por completo la especie no significa que muchos tipos de cetáceos ya hayan desaparecido para siempre y sin remedio.

El ser humano se presenta como el depredador despiadado e innecesariamente violento que ha demostrado ser a lo largo de toda la historia. La brutalidad de la caza de ballenas es un lastre sangriento que inevitablemente recorre todo el libro: las escenas de lucha son escalofriantes, ya que describen con detalle los arpones, las vísceras, la sangre, la majestuosidad infinita de la ballena flotando inerte sobre el agua, el hombre exprimiendo ufano sus restos en el mercado.

Es curioso y desconsolador saber que las ballenas, a pesar de su impresionante corpulencia, no sean capaces de defenderse aún más ante los ataques del hombre. Aún así, es obvio que muchos hombres han muerto en alta mar porque naufragaron los barcos donde viajaban porque las ballenas que querían matar se defendieron a tiempo. Y es que, según se explica en el libro, estos mamíferos infinitos son mucho más ágiles de lo que podría presuponerse. Además, cuentan con una inteligencia muy desarrollada, según se ha desprendido de numerosos estudios científicos. El problema es que durante siglos su existencia no se vio comprometida por la mano del hombre y, cuando esto empezó a suceder, no estaban preparadas para defenderse. No conocen la maldad, no saben nada del hombre. Habitan otro lugar (mucho más puro y ancestral) que estamos muy lejos de poder a llegar a conocer por completo.

Resulta inevitable destacar aquí la forma tan característica en que está escrito este libro. ¿Cómo es capaz de conseguir atrapar al lector de una forma voraz, si éste no siente el más mínimo interés previo por las ballenas? Magia. Canto de sirenas.

La prosa de Philip Hoare atrae con la misma fuerza que el abismo azul del agua en alta mar: independientemente de la voluntad de cada uno, el magnetismo de la profundidad, del vacío, de la oscuridad y de la nada, es más fuerte que el más poderoso de todos los humanos. La intención de Philip Hoare al escribir este libro es rendir un sentido homenaje a las ballenas y su mundo (que dista mucho del nuestro) y, para ello, recrea cada escena con un lenguaje afín, creando un ambiente totalmente ajeno a nosotros. Hoare lo transmite sumergiéndose de lleno en la narración, deliciosamente absorto. 

Su prosa atrapa, está cuajada de palabras que se enredan entre sí, que te rodean, salvajes, silenciosas y capaces de arrastrarte al inescrutable fondo del océano. Estamos en el lugar donde habitan las ballenas. Es un lugar mágico poblado por seres superiores y, sobre todo, muy antiguo. Sagrado. El hombre nunca debió profanarlo.

Pero lo más bonito de la relación de Hoare con este libro es la admiración sin límite que siente por Herman Melville y su obra maestra Moby Dick: en este libro se incluyen algunas fotografías actuales de los lugares donde vivió y se cuentan anécdotas de su vida y de su amistad con el escritor norteamericano Nathaniel Hawthorne. De hecho, Philip Hoare viene a ser una suerte de Ismael moderno, alguien que ha abandonado su trabajo y su rutina para perseguir su sueño y vivir dentro de él: el mundo de las ballenas y todo lo que lo rodea.

Este libro es un viaje iniciático a través del mar que tiene como finalidad conocer a fondo las ballenas pero que a la vez sirve para que el autor consiga conocerse también a sí mismo. En ese sentido, tiene ecos de los viajes de Marco Polo y del “Corazón de las tinieblas” de Conrad.

La inclusión de multitud de fotografías y grabados es una característica que convierte a este libro en una joya especial: imágenes de ballenas fotografiadas en múltiples actitudes, escenas de captura, ataques a barcos y marineros, maquetas de esqueletos y reproducciones en museos, mapas antiguos de navegación, esquemas explicativos de sus funciones biológicas y un largo etc.

La ya de por sí esmerada presentación formal del libro, junto con la inclusión de decenas de imágenes, hacen de “Leviatán y la ballena”  una verdadera joya de bibliófilo, además de contar con una incuestionable calidad literaria. ¿Lo oyen? Ya se escucha su llamada...


Publicada originalmente en El Mar de Tinta.

viernes, 13 de julio de 2012

"La montaña mágica" - Thomas Mann



Nos encontramos ante una novela que es un hito de la literatura mundial cuya publicación marcó un antes y un después en la escritura: la recomendación, en este caso, se adelanta al comentario. “La montaña mágica” es uno de esos libros que uno ha de leer, como pueden ser “Crimen y castigo”, “Cumbres borrascosas” o “Grandes esperanzas”, por citar sólo unos pocos. Digamos que son novelas imprescindibles para cualquiera que se jacte de ser un buen lector: pues bien, cuando uno encuentra el momento adecuado y las lee, se da cuenta de por qué han pasado a la historia: son inabarcables, gigantescas, majestuosas y perfectas.


En el caso de “La montaña mágica”, la lectura se asemeja a un ascenso (sí, aunque sea una comparación muy obvia). A medida que se pasan las páginas, el aire que se respira es un poco más puro, la mente se despeja, las certezas ya oxidadas se diluyen y dejan paso a nuevos planteamientos que sin que nos demos apenas cuenta cambian la forma de entender el mundo que nos rodea. Miras hacia atrás y ves el camino recorrido, y el pasado a tu espalda, allí abajo. En esta novela pasan todas las cosas y a la vez pasan muy pocas: Thomas Mann mantiene en vilo al lector durante centenares de páginas sin introducir en la trama grandes enigmas, ni extraordinarias hazañas, narrando tan solo la vida de un sanatorio de enfermos con afecciones pulmonares. Esto, sólo puede hacerlo un genio.


La idea de “La montaña mágica” surgió de una breve estancia de la mujer de Thomas Mann, Katia, en un sanatorio con características muy similares al de la novela. Es el enclave y la excusa perfecta para reflejar con todo lujo de detalles la decadencia de la sociedad burguesa de principios del siglo XX en los años previos a la Primera Guerra Mundial: el mundo de aquella sociedad se vino abajo, su forma de vivir y de entender su realidad desapareció para siempre. Y esa decadencia final, esos últimos tiempos, quedan aquí perfectamente reflejados, con precisión de cirujano. Después de la guerra nadie volvió a ser quien era antes y, aunque la novela finaliza justo en los primeros días bélicos, el final abierto y absolutamente demoledor da una idea clara de lo que ocurrió entonces.


A lo largo de la novela aparecen decenas de personajes, en su mayor parte enfermos de larga duración ingresados en el sanatorio, pero también sus familiares, los médicos... todos y cada uno de ellos, inolvidables. Personalmente, hay dos personajes que me han marcado para siempre: Settembrini y Naphta, dos de los enfermos que han vivido muchos años en el sanatorio y que mantienen unas larguísimas discusiones sobre temas elevados, a las que Hans asiste atónito y sin intervenir apenas (hay que tener especial cuidado con Naptha, un tipo huraño y anómalo cuyos brillantes sofismas pueden llevarte a su terreno). Durante estas conversaciones la novela alcanza cotas de exquisitez realmente altas.


Por todo esto, les invito encarecidamente a que den una oportunidad a Thomas Mann, si no lo han hecho todavía. Hace tiempo, también disfruté mucho con la lectura de “Muerte en Venecia”, del mismo autor, cuya versión en cine (de Visconti) también es más que recomendable.

viernes, 6 de julio de 2012

Todos los libros llenos de palabras


Y todos los libros llenos de palabras
y todos los calendarios llenos de días
y todos los ojos llenos de lágrimas
y llena de nubes la cabeza de todos los mares
y llenos de coronas y puntapiés todos los relojes de arena
y de jirafas molidas todos los pechos condecorados
y todas las manos llenas de verano y caracoles marinos
y todos los dormitorios llenos de manojos de explicaciones
y de pantalones disecados las sillas de todos los prostíbulos
y todos los huecos llenos de público
y todas las camas llenas de electrocutados
y todos los animales llenos de espíritu y pánico
y de feroces gritos los árboles en todos los aserraderos
y todos los tribunales llenos de testimonios
y todos los sueños llenos de sacacorchos
y llenas de chicas todas las estrellas
y todos los libros llenos de palabras
y todos los calendarios llenos de días
y todos los ojos llenos de lágrimas
y todas las peceras y todos los pupitres y todas las cenas íntimas
y todos los razonamientos llenos de indudables edificios
y toda la primavera llena de moscas y crisantemos
y llenas todas las iglesias y todos los calcetines y todas las peluquerías
y todas las mujeres llenas de gloria
y llenos también de gloria todos los hombres
y todas las perreras llenas de ángeles
y todas las llaves llenas de puertas
y todos los bazares llenos de ratones
y llenos de barrenderos todos los cuadros
y llenas de estiércol todas las escobas de la patria
y todas las cabezas llenas de radiografías e intríngulis
y llenas de luz todas las subestaciones eléctricas
y llenos de amor todos los manicomios
y todos los cementerios llenos de salvavidas



Poema extraído del libro La bicicleta del panadero, de Juan Carlos Mestre.
Editorial Calambur, Mayo de 2012.



jueves, 5 de julio de 2012

"La liebre con ojos de ámbar: Una herencia oculta" - Edmund de Waal


Este es el recorrido cronológico de una colección de arte a través de una gran familia de origen austriaco. La colección, compuesta por más de doscientas miniaturas japonesas de madera y marfil llamados netsuke, va siendo heredada por los miembros de la familia de forma sucesiva, recorriendo el mundo. Mientras, a través de prolijas semblanzas, se va presentando a los diferentes dueños de la colección, a la vez que se traza un viaje por la historia de la Europa de los siglos XIX y XX.

Edmund de Waal es ceramista profesional, sus obras se han expuesto en importantes galerías de arte y actualmente es profesor de cerámica en la Universidad de Westminster. Resulta difícil creer que éste sea su primer libro porque está escrito con una soltura y una elegancia más propias de alguien que llevase muchos años dedicando su tiempo a la literatura. La narración tiene una cadencia que, de alguna manera, podría decirse que recuerda al girar de un torno de alfarero: lo suficientemente rápido como para crear figuras geométricas y sólidas y, a la vez, lo bastante lento como para que el ceramista sea capaz de moldear minuciosamente la materia que surge y toma forma desde sus manos.

Siguiendo con el mismo símil, la narración posee también esa peculiaridad hipnótica que caracteriza al torno giratorio: aquel que, curioso, observara el proceso, quedaría al instante atrapado por el hechizo, la cadencia de la rueda y el brotar enigmático de las formas en el barro. Así pues, el lector que despliegue ante sí las páginas de este libro, quedará atrapado entre sus mágicas líneas y la estupenda edición (elegante y, como siempre, muy cuidada) de Acantilado.

El libro está basado en una historia absolutamente verídica y avanza en base a quién hereda en cada momento la colección de miniaturas, explicando tanto su vida y costumbres como el contexto histórico en que se enmarca. Para conocer los detalles de la biografía de cada uno de sus antepasados, Edmund de Waal ha pasado dos años investigando, buscando entre los recuerdos de sus familiares vivos y en las cartas y otros documentos que han permanecido a través del tiempo. El personaje más llamativo de todos ellos quizá sea la abuela de Edmund, Elisabeth de Waal (Viena, 1899 – Monmouth, 1991), quien de joven tuvo la gran fortuna de cartearse con el poeta Rainer María Rilke (Praga, 1875 – Val-Mont, 1926). En este pasaje se explica que la correspondencia fue fruto de la profunda admiración que sentía Elisabeth por la literatura del poeta, quien además se mostraba muy prolijo en sus cartas, rellenando para cada una de ellas varias hojas de papel, añadiendo textos inéditos y manteniendo a su amiga al tanto de sus nuevos proyectos.

Cuando abrimos el libro, una de las primeras cosas que encontramos es un árbol genealógico de la familia que lo protagoniza, de apellido Ephrussi. Así, a través de esta presentación esquemática, es muy sencillo visualizar a qué altura del árbol nos situamos a medida que va avanzando el libro. París, Viena, Tokio, Londres... nada puede salir mal. La colección de netsuke sirve de guía en este viaje. Que ustedes lo disfruten.

domingo, 1 de julio de 2012

Entrevista a Marcus Versus.-



La Editorial Eutelequia publica el libro Habitación 804, primera novela de Marcus Versus, conocido hasta ahora sobre todo por su labor en el mundo de la poesía, puesto que además de poeta, es organizador de recitales underground en locales madrileños. Por supuesto, también es conocida su labor en la estupenda editorial Ya lo dijo Casimiro Parker, que publica desde hace años a poetas de renombre o menos conocidos pero siempre con una forma muy similar de luchar a golpe de lapicero.


Sorprende con una prosa fresca y delicada, repleta de guiños literarios y frases cargadas de significado: condensa toda la juventud y todas las ganas de vivir de alguien que por encima de casi todas las cosas ama la literatura. El ambiente malasañero está presente a lo largo de toda la obra, aunque los personajes representan a la perfección esta sociedad tan infectada de falsedad y apariencias.


Marcus Versus es una de esas personas que contagian la alegría y las ganas de luchar y hacer cosas; a través de esta entrevista, he pretendido ahondar en todo lo que rodea a la novela (motivación, contexto, expectativas, etc.) y saber un poco más de Habitación 804 después de la primera lectura. Espero que la disfruten.


- Hasta ahora te conocíamos como poeta, ¿de dónde surge la idea/necesidad de escribir una novela?

Marcus: Mi poesía no es conocida pero siempre he estado enrolado con las cosas del verso. Escribo poemas desde que era un canijo. Acabé aburriéndome de escribir siempre lo mismo, con los mismos errores que era incapaz de superar; con unas pocas virtudes que dejaron de  serlo por tanto insistir. Quise cambiar de formato, dejar el YO para los demás, escribir cosas que no me dolieran pero que dijeran, mi vida no es demasiado emocionante pero tenía cosas que decir.
Así que, casi de broma, empecé a escribirlo. Fue un reto personal, de esos que nunca se cumplen, pero me puse cabezón. Nunca había escrito en prosa hasta que empecé a hacerlo; me costó pero lo disfruté. La estructura del libro me permitió escribirlo y re-escribirlo mil veces, como si de un poemario se tratara.

- Según has comentado, escribir en prosa tenía algunas restricciones para ti, como por ejemplo el uso de diálogos, por no ser habituales escribiendo en verso, ¿qué diferencias principales has encontrado a la hora de escribir narrativa con respecto a la poesía?

Marcus: El diálogo y las descripciones. Lo solucioné omitiéndolo, pero lejos de verlo como si dejara cojo un libro, lo veo como algo positivo, H804 gana personalidad con la forma de mostrar las escenas.
De la poesía utilicé el ritmo y la mirada, no necesitar mil palabras para transmitir.

- Y, ¿cómo te sientes más cómodo escribiendo: en prosa, o en versus?

Marcus: Me costó adaptarme a la prosa, sufrí, pero nos acabamos haciendo amigos, así que escoger entre la poesía y la prosa es como responder la tonta pregunta de “¿a quién quieres más a papá o a mamá?”, se les quiere de forma distinta porque son personas distintas y la relación también es distinta, pero a los dos se les quiere porque ambos te han guiado a ser lo que eres hoy.
En cualquier caso yo estoy en el lado de la poesía, que es quien me ha querido/guiado/enseñado todo lo que sé hacer. Me ha enseñado, incluso, a escribir una novela.

- Habitación 804 es una novela dura escrita con palabras dulces, creo que cualquier momento es adecuado para abrirla y disfrutarla pero, ¿en qué situación te gustaría o crees que es mejor que tus lectores la lean? ¿Por qué?

Marcus: Me interesa más lo que pase después de leerla. Quiero que pase algo gracias a su lectura, aunque no guste.

- La novela habla sobre al amor y el desamor, los miedos, la indecisión, la soledad... ¿cuál es el mensaje global que quieres transmitir a los lectores?

Marcus: La novela sobre todo habla de la soledad aunque no lo parezca, todo gira en torno a la soledad que nos provoca cualquier ciudad, es la  culpable de todo lo que pasa. El miedo a sentirse solo nos hace buscar un falso amor, dudar, rodearnos de gente que no hace más que abandonarnos a su antojo. Vivir no es fácil.
El amor es necesario; la soledad, a priori, no.

- En la parte final del libro aparece un breve listado-homenaje a los libros que te han rodeado durante la escritura de “Habitación 804” en particular: ¿cuáles son las influencias literarias de Marcus Versus en general?

Marcus: Ese listado es una idea que descubrí en ASCO, de José Ángel Barrueco. Lo digo dentro y fuera del libro. JAB es un gran amigo y un magnifico escritor, estaría feo quitarle el mérito.
Sobre mis influencias… sobre todo poesía, desde Pedro Casariego hasta Escandar Algeet, pasando por Ulises Carrión, Chantal Maillard, Isabel García Mellado, Nicanor Parra…
¿Novelistas que me gusten? Debo reconocer que no he leído a tantos como debería, pero te digo Ray Loriga, Carlos Salem, Burroghs, Rafael Pinedo…

- Dos años son muchos días escribiendo esta novela, miles de pensamientos habrán cruzado por tu mente desde el inicio, pero, ¿qué has aprendido desde que la empezaste hasta su publicación, fruto de su escritura?

Marcus: Fueron dos años y pico, casi tres!!!! Pero es un poco falso, porque fue escrito en vacaciones, así que en total sería como unos cuantos meses. Entre verano y verano tenía muuuucho tiempo para pensar. Sobre todo he aprendido esto, a pensar. Nunca es demasiado.

- En esta novela aparecen cuatro personajes principales, ninguno de ellos es perfecto pero cada lector se verá reflejado en mayor o menor medida en alguno de ellos a lo largo de las páginas, ¿a cuál ha sido más difícil dar voz? Y, ¿por qué?

Marcus: Los cuatro personajes son unos pobres hijos de puta egoístas. Pero hacen cosas como tú y yo, así que todos tenemos un poco de ellos. En las ciudades todos nos parecemos bastante, por mucho que no lo queramos ver. Compramos en sitios parecidos, comemos cosas parecidas, reímos con cosas parecidas… Nuestra vida es como quiere este sistema.

- ¿Con cuál de ellos te has sentido más identificado?

Marcus: Todos son unos egoístas, los odio. Pero todos me hacen reír.

- Para terminar, una pregunta sobre tu futuro, aunque éste siempre sea intangible: ¿alguna vez verá la luz otra novela de Marcus Versus, o a partir de ahora seguirás escribiendo en verso?

Marcus: No he vuelto a escribir desde que terminé la novela. Por la cabeza andan proyectos, veamos cual sale primero, eso no lo decido yo.


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