miércoles, 29 de diciembre de 2010

2010. Las mejores lecturas.

Hago este repaso ahora aunque a pesar de las fechas nada en realidad termine ni comience nada, el calendario también se lo inventaron los hombres. Pero la tradición se impone y mientras da la casualidad (pero no hay casualidades) de que en las últimas semanas todo se equilibra en mi balanza, pienso en las lecturas que este año marcaron en rojo algunos días de mi calendario o que, incluso, cambiaron mi forma de ver y también (y cómo) de vivir mi vida.
Como el año pasado, no seguiré un orden cronológico ni cualitativo pero tampoco, una vez más, será aleatorio.
Pocos días después de mi cumpleaños, seleccionar un número entre tres supuso, entre otras cosas, que se desplegara un abanico de lecturas, que unos autores llevaran rápidamente a otros, que se tendieran puentes maravillosos entre vida y libros, música y personas, encuentros y conexiones.

Leí "Tic tac, toc toc" de Isabel García Mellado (Peque Nyita) que me atrapó con un prólogo sorprendente y con tesoros como éste:

ella es redonda
como la curva de su cuerpo
y tranquila como el agua
porque ella es agua
que te observa como el tiempo
porque es redonda
de minutos que recogen el silencio
para nombrarla princesa del misterio
sólo en los ojos que aprendieron a mirarla
porque ella es agua
y como el agua va pasando
o como el tiempo que se desliza por tu espalda
y es tan redonda
y es tan perfecta como una duda
tan dolorosa por sincera
que nadie más que un niño podría contestarla
y es cuerpo es suave es tibia es agua es tiempo es duda
y es una playa que se ocupa del invierno
y es tan redonda como todo lo que abarca
sin darse cuenta
y es tan perfecta como esa duda
que nunca he visto en otra gente
y tan redonda como todo lo que falta
porque ella es agua
porque es tiempo
porque es duda que me aclara las heridas cuando sangran
y es tan redonda y es tan perfecta y es tan exacta
que nunca encuentro una manera de contarla


Y, poco después de ponerse a la venta, devoré "Cómo liberar tigres blancos" la confirmación de una poeta buenísima, brutal, sincera y poderosa, que fue capaz de tenerme en vilo desde el primer hasta el último poema.

Hace dos o tres meses me reencontré con "La niña que amaba las cerillas", de Gaétan Soucy, una extraña narración desde la locura de la que surge un texto onírico y hermoso aunque, dejando a un lado lo formal, cuente una historia dramática repleta de imágenes grotescas y monstruosas. Es, sencillamente, una joya (que me persigue y a la que al final siempre regreso).

También fue muy especial conocer a Tarjei Vesaas y su "Palacio de hielo", la historia de una amistad juvenil rota entre la nieve y el frío, con una forma de narrar tan buena que consigue que deje de importarte, por momentos, la historia que te cuenta. Se disfruta en cada frase del orden y de la elección de las palabras, de su cadencia. (Pero eso, también ocurre en todos y cada uno de los libros de los que he hablado antes: por eso son tan especiales).

Nieva sin cesar
sobre puentes silenciosos.
Puentes que nadie conoce.


Hacía tiempo que quería leer "Circus girl" de Maite Dono, poeta y cantante (una voz realmente extraordinaria). En los poemas lo vuelca todo, sin pudor: como te encandila, te horroriza. Como más o menos ya expliqué en su día, sientes el filo helado de su cuchillo mientras te acaricia. Hace poco tuve la suerte de escucharla en directo y realmente fue un placer.

Uniendo otra vez literatura y voz, no podría excluir "Y el asno vio al ángel", de Nick Cave, tremendo en las dos vertientes... Si se escucha con atención "Into my arms" o, es igual, cualquiera de sus canciones, no es difícil imaginar cómo será su literatura: salvaje, demoledora, brutal... y apabullantemente buena. Supe que, además (entre otros...) lo recomendaba Javier Marías (tenía que nombrarlo) y tuve que hacerme con un ejemplar enseguida. El comienzo, fabuloso:

Tres grasientos hermanos cuervos giran, picos arriba, cortando una circunferencia en el cielo magullado y revuelto, trazando órbitas rápidas y oscuras a través de las espesas hinchazones de humo.
Durante mucho tiempo la tapadera del valle estuvo clara y azul, pero, ahora, por Dios que ruge. Desde donde estoy tumbado las nubes parecen prehistóricas y vomitan enormes bestias sin rostro que se enroscan y mueren, así, sin más, allá arriba.
Y los cuervos: siguen aleteando, siguen girando, sólo que ahora más cerca... más cerca... más cerca de mí.
Estos astutos cuervuchos son pájaros de muerte. Me han estado haciendo sombra toda la vida. Sólo ahora puedo cobrarlos. Con los ojos.

Finalmente (y no añadiré más títulos, ha de ser una lista muy especial) "Reencuentro" de Fred Uhlman me pareció una nouvelle muy buena, tanto en la narración, muy delicada, como en la historia en sí, llamativa y diferente a las novelas ambientadas en la Alemania nazi habituales.


Feliz lectura (hasta el año que viene, un placer, etc., etc., etc...).

martes, 28 de diciembre de 2010


Imagínate que viajamos en el mismo tren y no nos vemos, no nos vemos.

jueves, 23 de diciembre de 2010

jueves, 9 de diciembre de 2010

"Circus girl" - Maite Dono

HAY nieve fresca en la nevera
Para cenar
Hay nieve fresca
Y unas gotas de sangre
En la botella de cristal
Que antes era del aceite
De oliva
Hay nieve fresca para cenar
Y unos muslos fríos en la cama
Esperando
Esperando

[...]

Las palabras de Maite Dono te abordan acariciándote con la calidez de un aliento o de una brisa y, mientras tanto, recorren con su bisturí tu piel sin que lo notes. Y comienza a sangrar la herida abierta y recta. Es entonces cuando también sientes el frío.

Se trata de al menos dos voces ante las que sencillamente no se puede permanecer impasible. Te hablan en tonos diferentes, una suerte de Dr. Jekyll y Mr. Hyde que, juntos, consiguen transmitir todo el dolor y toda la belleza.

Mi padre sangraba como un jodido cerdo

Y mi madre gritaba como una jodida histérica

Y yo los miraba perdidos

Y nada podía hacer salvo masturbarme

Madrid, viernes, 10 de diciembre.

SIGUE

Sigue
anda calle arriba y sigue
y abandónate a la lluvia
que cae y limpia los malos recuerdos
que diluye los malos tragos
con los puños cerrados dentro de los bolsillos
y los labios apretados por la rabia
pero sigue.
Sigue
aunque la perra vida te deje marcasplas heridas cicatrizan
y sigue con tu paso rápido
tanteando a la gente que viene en sentido contrario.
Sigue
aunque duela sigue
aunque no tenga que ver con la cordura
pero sigue y mira.
Sigue
porque sabes que merece la pena
porque todo a su tiempo
todo en su lugar
y tú en el centro de todo.
Sigue
que en tus pulmones hay aire
y en tus venas vida.
Y sigue
la calle se abre ante ti
nada puede alterar este estado de poder absoluto
y miras las marcas
tus antiguas heridas
y lo comprendes
en el fondo, y siempre,
fueron pocos y cobardes.
Sigue
cada vez aligerando más tu paso
y en un momento
en una décima de segundo
te detienes
miras al cielo y extiendes tus brazos
abres enteramente tus manos
y tu boca crea la profunda línea de una gran sonrisa.
Sigue.
Y sonríe
porque sabes que en una sonrisa
aunque breve como una gota de lluvia
está toda la belleza del mundo.

Otras vanidades. Dani Sanguino: Endymion, 2008.



Es esa sensación de vacío, inmensidad, emoción y grandeza (inabarcabilidad) que te invade cuando el pie derecho sigue al izquierdo pero en realidad has avanzado mucho más que un paso.

martes, 23 de noviembre de 2010

Zamora, viernes, 26 de noviembre.

La Alhóndiga, 20.00h



la soledad, a veces,
es muy traicionera
no porque te traicione ya que
nunca te prometió
precisamente
compañía

pero
te traiciona
a todo el mundo
le traiciona

alguna vez

ella
solamente llega y llena
de fantasmas tu cabeza
¿cómo los expulsas?
¿cómo los alejas?

menos mal
que tenemos
todavía
el sol
y los paseos
por la playa

menos mal
que en el mundo
hay
todavía
gente

lunes, 22 de noviembre de 2010

Madrid, viernes, 26 de noviembre.

Irene la Sen y "Cal" en Fuentetaja, San Bernardo 35.
Madrid.

Madrid, miércoles, 24 de noviembre.

Salem y amigos en la Sala Triángulo, 22h.
Madrid.

martes, 16 de noviembre de 2010

Madrid, miércoles, 17 de noviembre.

Tipos infames - Libros y vinos. San Joaquín, 3. Madrid.

"Lamentaciones de un prepucio" - Shalom Auslander

(...) En lo alto, Dios va deslizándose hasta el borde de Su asiento y mira hacia abajo, los codos apoyados en las rodillas, el mando a distancia en la mano, el pulgar rozando la tecla de MATAR.

Lamentaciones de un prepucio es sin duda el libro más divertido que he leído en mucho tiempo; critica los ritos judíos con un humor inteligente y certero, descubriendo sin pudor lo absurdo de las costumbres judías. En primera persona, Auslander recuerda su infancia a través de anécdotas repletas de prohibiciones, frustraciones y deseos reprimidos y nos muestra, con humor, las carencias y aspectos negativos que recaen sobre un ser humano inocente -un niño- por nacer en el seno de una familia absorbida por una religión: el peligro que reside en la fina línea que separa la Fe del Fanatismo.

Por tradición, se llevan a cabo millones de acciones y ritos absurdos en el mundo cada día, que perjudican antes que benefician en modo alguno al ser humano. ¿Para qué reprimirse, abstenerse, prohibirse, sentir ante cualquier cosa, temor? ¿Quién asegura la existencia de ningún dios todopoderoso? ¿Por qué no liberarse y pensar -por dios- al menos una vez, con la cabeza?

En realidad, y a pesar del toque humorístico, resulta dramático que un niño deba esconderse, escaparse, sentirse culpable por comer una miserable gominola. Que crea que un ente abstracto le castigará por ello. Que sienta miedo. Deberían revisarse de una vez ciertas creencias y conceptos ya caducos.

jueves, 11 de noviembre de 2010

Madrid, hoy.

Le Salón d'Apodaca (C/ Apodaca, 1, Madrid)
21.00 h.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Gota a gota

A Isabel García Mellado


Es tan pequeña
que cabe en una gota
y queda sitio todavía
para un manojo de espuma
un jardín japonés de nostalgias
una selva de poemas
de amor y de dolor
de besos y mamadas
y una sonrisa que hasta gardel envidiaría.

Es tan pequeña
que cabe en un cuaderno
y sobra espacio
para una voz de microscopio
que te toca las estrellas más ocultas
dos secretos
que nunca cuenta a na
die
y un sendero de vasitos de vino
que va besando de a poco
y por eso los envidian.

Es tan pequeña
que cabe en una mano
y caben todavía
esos suspiros de papel
que no se escapan
todas sus palabras de arena
que se explayan
y una pinacoteca de miradas
que sólo se puede visitar
en días o noches señalados.

Es tan pequeña
que cabe en una lágrima
y en esa lágrima cabe
casi todo lo que importa
aunque a ella
no le importe demasiado.

Es tan pequeña
como una gota
y ahora va por la vida
tierna y desafiante
con otra gota dentro.













Memorias circulares del hombre peonza.
Ed. Ya lo dijo Casimiro Parker, 2010.

sábado, 30 de octubre de 2010

"Cómo liberar tigres blancos" - Isabel García Mellado


El olor de un recuerdo.

Isabel García Mellado se supera, con creces, con su segundo poemario "Cómo liberar tigres blancos". Si ya en "Tic tac, toc toc" hechizaba con su capacidad de jugar con el lenguaje y crear un universo propio dando un sentido increíble y personal a las palabras que usamos todos, ahora va mucho más allá: consigue generar en el lector una sensación de angustia y a la vez -contradicción- la necesidad de retomar la lectura para evadirte de esos pensamientos que irremediablemente te invaden.

Una imagen para definir estos poemas, siguiendo un poco la estela del libro, sería algo así como una mano helada y azul que me presionó la garganta mientras leía (también un rato luego) y que susurraba en voz muy baja "Que esto no sólo te pasaba a ti, idiota..."

Como muestra, un pequeño fragmento, pero es que hay que leerlo.

(...)

aquí cabe otro cuerpo,
una ciudad de estrellas,
la yerba hecha instrumento,
el horizonte
aquí parís descansa con todos sus colores,
londres enciende neones,
berlín sigue creciendo
la noche avanza deslizando sus ruidos
como una marea con sus peces
el brillo de este cuerpo se rebela y después hierve,
alguien
desde algún sitio al final de una calle
se da cuenta y se vuelve
la persona en la que resido acurruca los nidos
en el refugio azul que contienen sus sueños,
apaga la luz con el origen de sus manos
y piensa en el sentido de lo inmenso:
plata, fogón, lluvia, sendero

sábado, 23 de octubre de 2010

"El palacio de hielo" - Tarjei Vesaas


Te prometo que sólo pensaré en ti.

A veces, no hace falta nada más: una mirada, cuatro ojos centelleantes bajo las pestañas, y las palabras sobran. Una amistad firme y sincera, inamovible, férrea, no ha de forjarse durante años, necesariamente. A veces algo imperceptible, pequeño, ese brillo en la mirada, basta.

(...) Me parece que estás tan cerca que podría tocarte, pero no me atrevo. Me parece que me miras cuando estoy acostada en la oscuridad. (...) No hay nadie más. Mientras estés fuera, nunca olvidaré lo que he prometido.

Además de a la amistad, "El palacio de hielo" es un canto a la naturaleza, al bosque y al lago nevados, y al hielo: el escenario perfecto para una historia con el vacío y la pérdida como protagonistas. Posee un lirismo y una sensibilidad abrumadores, que evocan continuamente a la literatura oriental (a pesar de ser su autor noruego). Como muestra, una joya en forma de poema (único en toda la novela) cuyos últimos versos asemejan a un haiku japonés:


Sueño sobre puentes nevados

La nieve cae ahora con mayor intensidad,
La manga blanca de tu abrigo se vuelve blanca.
La manga de mi abrigo se vuelve blanca.
Están entre nosotras como
puentes nevados.

Pero los puentes nevados están helados.
Aquí dentro hay vida y calor.
Debajo de la nieve tu brazo cálido
es un dulce peso sobre el mío.

Nieva sin cesar
sobre puentes silenciosos.
Puentes que nadie conoce.

domingo, 17 de octubre de 2010

sábado, 16 de octubre de 2010

ayer teñí de color sangre mis sueños.
y no queda nada sagrado que me divierta ya.

viernes, 15 de octubre de 2010

BITTERSWEET.


Querer y no poder.


La salsa de los rollitos de primavera.


Ver pasar cosas maravillosas tras la ventana, pero no poder tocarlas.

Arder por dentro las palabras no pronunciadas a tiempo y aun así, permanecer en silencio para no quebrar el hechizo, aunque escueza.


Miel y limón.


Soñar y despertar.


Uvas con queso.


sábado, 9 de octubre de 2010

"La niña que amaba las cerillas" - Gaétan Soucy

Mi hermano y yo tuvimos que hacernos cargo del universo, pues una mañana, sin avisar, poco antes del alba, papá entregó su espíritu.


Esta primera frase no es uno de esos comienzos pretendidamente hipnóticos que te animan a seguir leyendo un texto que en realidad no está a su altura. No. Es así todo el tiempo. Por eso este libro es como una pesadilla que me persigue, una imagen que no se va, desde que lo leí por vez primera; a veces, como ahora, he de volver a él.

La voz narradora es la revelación de quien no conoce nada más allá de una casa aislada y el terreno que la rodea, su descubrimiento de un trocito más de mundo, y de su hostilidad. Esa voz extraña es a veces complicada de descifrar pero está tan cargada de intensidad y sensibilidad que resulta hermosa y merece la pena escucharla.


(...) A la pregunta qué hacen las campanas, invariablemente respondía ding, dong, porque no me dejaba sorprender y ésa era la respuesta, pero nunca había hecho relación con las resonancias que llegaban de vez en vez cuando el viento soplaba desde el pinar hacia la casa: siempre había creído que ese ruido nos venía de las nubes, algo como la música que hacen al mezclarse unas con otras o chocando suavemente como vientres hinchados, qué sé yo, pero allí caí en la cuenta de que era desde siempre el tan famoso ding dong de las campanas de la iglesia, ¿cómo podría haberlo adivinado? No hay campanas en el campanario de la capilla de la propiedad, no soy ningún profeta. El descubrimiento me emocionó tanto que, sin esperar ni preguntarme más, me senté como hombre solo en el suelo, me parecía un sonido tan triste que sollocé por la tristeza del sonido, porque él también venía de la tierra y las nubes nada dicen a menos que truenen.


...y mi dificultad para seleccionar pasajes. Transcribiría tantos.


(...) Si mi hermano me mirara así más a menudo, la vida sería igual que un bosque encantado.


Pero no nos vamos a engañar, no se trata de un libro agradable. Es perturbador, inquietante... no es fácil de describir.

Finalmente, mi fragmento favorito. Es posible que incluso pueda recitarlo de memoria:


(...) El abejorro era en realidad una máquina complicada como no se veían en nuestra propiedad, dejando de lado el órgano de tubos que he nombrado con el tema del suplicio de mis pantorrillas. Estaba constituido por dos ruedas, es todo cuanto de ello os puedo decir, y lo montaba un caballero cubierto con casco, que me crea el que quiera, y cuando el caballero descendió el bramido calló, tal como os lo digo. El caballero estaba vestido de cuero de pies a cabeza, y cuando alzó sus gafas y su yelmo, que mantuvo sujetos bajo el brazo, mi corazón dio el salto que dan las ranas cuando se tiran al agua, pues aquél eras tú, mi bien amado, magnífico con el brillo sombrío y resuelto de tu lanza en ristre.

lunes, 4 de octubre de 2010

Madrid, jueves, 7 de octubre.

"Memorias circulares del hombre-peonza", de Carlos Salem. En los Diablos Azules.

Llamando a la tierra: en Fnac Callao.


sábado, 2 de octubre de 2010

En el mostrador de la biblioteca (otra vez).

Si algo me entusiasmaba del regreso a las aulas tras los largos veranos eran los listados de lecturas obligatorias (así como el olor del papel de los libros nuevos, del plástico transparente que los cubría, la expectación ante un cambio tras la monotonía veraniega, el temblor ante un nuevo curso lleno de baches y pruebas que debería superar para salir indemne, las reuniones tras la salida de clase, los juegos, los muchachos...) Por eso, asisto impávida a la conversación que tiene lugar ante el mostrador de la biblioteca de mi barrio:

-Búscame éste -ordena una Señora al bibliotecario-. Después, comenta a su amiga (vecina?, cuñada?, madre compañera de espera a la puerta del colegio?). Es que es una tontería comprarlo. Luego lo leen una vez y ahí se queda muerto de risa.

Me callo. Pero me dan ganas de gritarle.
Señora, no hace falta que mienta, prefiere tomarlo en préstamo y ahorrarse el importe en la librería. No mienta, insisto, es lícito y las bibliotecas están ahí para algo...
Y no se engañe, Señora, los libros no mueren de risa en las estanterías sino que permanecen vivos, latentes, hasta que una mano les da una nueva oportunidad algún día.
Y no se ofenda, Señora, pero los libros que obligan a leer, para bien o para mal, siempre se recuerdan, si su hijo es mínimamente sensible gustará de tenerlos a mano cuando cumpla más años.
Y no se enfade, Señora, pero más le valía a Vd. seguir las recomendaciones de los maestros de sus hijos porque el libro que lleva en la mano, insisto Señora no se enfade -y al igual que a Vd.- más le valía quedarse riéndose en un estante. Y, se me olvidaba. Señora, por dios. Cierre el pico. Esto es una biblioteca.

*

(...) Y usted, señora telefonista, salió anoche con un joven recién conocido y que parece encantador, terminó la velada demasiado tarde para un día laborable y está que se cae de sueño, pero la ensoñación lo combate y se pasará el día esperando a ver si él la llama, así que el día se le presenta lleno, más que otros, porque nada los llena tanto como la espera de algo, y al despedirse se besaron.

"Ustedes", de Javier Marías; en "Los villanos de la nación".

Cal y arena.

Mi hermana
me da la gran noticia

estoy embarazada,
vas a ser tío

y tras la euforia,
los gritos y los besos

no puedo remediar
recordar que no estás,
darme cuenta de que
no vas a conocerlo,
darme cuenta de que
no podemos
compartir esta noticia
contigo

porque no me vale lo de
desde donde esté, él se alegra.

Sólo siento que te echo de menos.

Aprovecho para darte la noticia
Papá, vas a ser abuelo

y no te preocupes,
ya me encargaré yo
de que se sienta orgulloso
de ser tu nieto.



sábado, 25 de septiembre de 2010

MENTIRAS.

*
Ha buscado durante semanas por las barras de los bares la respuesta. Sin resultado. ÉL es su única esperanza. ÉL le acomodará a SU lado. Allí sí será feliz.

Por eso se coloca junto a la vía del tren y cuando, los ojos cerrados, lo escucha llegar, avanza.

Amarás a Dios sobre todas las cosas.

*
Ha caído de un andamio y su hijo, 14 años 15, los ojos secos, rojos, escucha de labios de una vecina la frase que ya no le ha de abandonar:

-Dios lo quiso para sí.

Ahora

ya tiene

un culpable.

No tomarás el nombre de Dios en vano.

*
6:10 de la mañana. Polígono en las afueras de una pequeña ciudad, la luz de neón y una discoteca. Ocurre tras litros de alcohol por la garganta. Un empujón responde a un roce al pasar, después vienen los insultos. Y al final, el brillo de las navajas resplandece bajo la luz de la luna. El brillo de la sangre.

Ya se escucha,

a lo lejos,

la ambulancia.

Santificarás las fiestas.

*
Nunca tuvo ningún hermano, nunca le faltó calor, cariño, nunca le faltó de nada. Si no tuvo algo más fue porque no lo quiso. Pero mamá y papá desaparecen un día, un accidente, un golpe de volante, un golpe de mala suerte. Un golpe. Contra el cristal. Y una voz en el móvil le transmite entre sollozos la noticia.
-Aquí está -no lo puede evitar pensar, él no lo quiso, no se le debe tener en cuenta.-

Ya

tengo

la herencia.

Honrarás a tu padre y a tu madre.

*
Ha ocurrido un accidente, y se encuentran a muchos metros bajo el mar. Las bombas de oxígeno no están igualadas, pero se pueden compartir. Esperar y cederle tu oxígeno a otro. Escapar y dejar al herido sin aire. (Pero la luz del sol se adivina tan apetecible, allí arriba).
Y escapa.

No matarás.

*
3:00 de la mañana, conduce despacio, hastiado, alargando el momento de llegar al domicilio familiar. Recreándose en el sinsentido que es su vida, en su falta de agallas para acometer con elegancia una nueva. Una sirena de neón le invita a cambiar el rumbo. Esta noche ya se ha gastado mucho dinero en alcohol y es raro, pero aun le queda un poco,

aún

no se ha gastado

el sueldo del mes.

No cometerás actos impuros.

*
Es de día, es una ciudad tranquila, es una calle comercial y está abarrotada de gente. Pero pasa todo tan deprisa, en unos segundos le han roto el corazón, se han llevado su serenidad, le han lastimado el hombro, se han llevado su intimidad, su cuaderno, su dinero y su alegría, para el resto de la tarde. Su pulso a un ritmo normal, su fe en los seres humanos. Y les ha dado igual, todo ha salido bien.

Han conseguido

robarle

el bolso.

No robarás.

*
Ha cometido un error de bulto, un desliz de principiante. Todavía no se explica cómo puede haber pasado, en todo caso ya es demasiado tarde para enmendarlo.

-¿Quién ha dejado esto así, quién lo ha hecho, cielo santo? Nos llevará horas arreglarlo y ha de presentarse urgente, solo tenemos un día. ¿Quién ha sido el inútil? Le voy a...

-Señor, el nuevo. Pero no se preocupe Vd. que

yo,

si quiere,

lo arreglo.

No levantarás falsos testimonios ni mentirás.

*
Sólo pueden ser amigos, pero sólo quieren ser amantes. Y los dos son buenos chicos. Y aún así. Ocurre.

No pueden

dormir

por las noches.

No consentirás pensamientos ni deseos impuros.

*
Su amiga ha salido a la puerta del bar, solo un minuto, para hablar por teléfono. Y ella se ha quedado sola ante el café. Una pareja a su lado recoge sus cosas, se levantan, salen. Han olvidado, junto a una servilleta, un móvil.

Aún no han terminado de atravesar la puerta y ella ya ha deseado guardarlo en el bolso. La sangre ilumina su rostro, el pulso se le acelera. Pero no sabemos, al final, qué ha hecho.

Qué tontería.

No codiciarás los bienes ajenos.


viernes, 24 de septiembre de 2010

peces abisales

(...) Salvo las manos. Sí, todo menos las manos, tesoro, como si el gigante tampoco hubiese podido resistirse al embrujo de las manos de tu padre, que todavía recuerdo la primera vez que las vi, asomando de la chaqueta de aquel hombre tan corriente que me abordó en un bar del que no tardamos en marcharnos juntos. Recuerdo que le acepté un par de copas a regañadientes, cansada como estaba de tantos moscones, antes de mirarle las manos. Luego no me importaron ni sus ojos de sapo, ni sus dientes de conejo, ni sus chistes sin gracia. Quería pasar el resto de mi vida contemplando aquellas manos. Quería tocarlas. Quería que me tocaran. Eran de una delgadez prodigiosa, capaz de quebrarse si sostenían más de un cigarrillo a la vez, y tan pálidas que parecían emitir una fosforescencia lunar. Estuve un rato absorta, contemplándolas desplazarse por la barra, entre copas y ceniceros, como dos peces abisales. No tardé en preguntarle a qué se dedicaba, convencida de que un ser con unas manos como aquellas únicamente podía masturbar ángeles. Fue entonces cuando, como si yo hubiese pulsado una tecla, la mirada se le ensombreció y su voz se llenó de retumbos trágicos. Yo mato personas, me confesó expulsando el humo con parsimonia, y luego las resucito. Soy un asesino de mentira, un criminal de juguete, un matador impotente. Soy la cabezadita eterna, el artificiero de la muerte, un tren de cercanías al Hades. Yo me desentiendo de la materia. Yo manipulo almas. A pesar de mi embriaguez, logré un dignísimo alzamiento de cejas, y él supo que ya me tenía.

El valiente anestesista.

Félix J. Palma

jueves, 23 de septiembre de 2010

"Todos los caballos del rey" - Michèle Bernstein


"Todos los caballos del rey" es una rareza, una historia encantadora y delicada, muy sutil, sobre una pareja en la Francia de los '50 y su forma de entender el amor y de vivirlo. ¿Por qué no permitimos libertad a nuestras parejas? ¿Por qué no nos la permiten ellas? ¿Por qué nos sentimos tan inseguros siempre? (¿Por qué no hacer en cada momento sólo lo que se desea?)

Hay que entender este relato en el tiempo y lugar en que está escrito, en el ambiente político y cultural y sobre todo en las motivaciones de la autora para escribirla (se explica en el prólogo, buscaba financiación para la Internacional Situacionista). Pero a mí esto no me interesa tanto, hay que tener en cuenta que para bien o para mal, soy una romántica (yo no lo quise, no se me debe tener en cuenta).



(...) Cuando Gilles y yo nos fuimos, ellas seguían tocando, pero Gilles había quedado con Carole para la tarde del día siguiente.

Qué placer, ya cansada y un poco bebida, encontrarte, como en la canción, con una amplia cama blanca y dormir en ella con el chico del que estás enamorada. Por lo demás, también esa canción nos la había cantado la niña aquella, la de la felicidad para siempre jamás de un amplio lecho blanco, en cuyo centro es tan hondo el río que todos los caballos del rey podrían beber juntos. Éramos felices y estábamos muy enamorados. Enamorados de nosotros, enamorados de Carole, enamorados de una forma un tanto inconcreta; y, en verdad, era lo que tocaba entonces.

-¿Estás contento? -le pregunté a Gilles.

Asintió con la cabeza y me rodeó el cuello con el brazo. Yo también estaba contenta.

-¿Te gusta? -añadí.

Recibí la misma respuesta afirmativa. Era lógico. Porque, en fin, si a Gilles hubieran dejado de gustarle las mismas chicas que a mí, eso nos habría aportado un elemento de distanciamiento.



Geneviève y Gilles son una pareja en principio, hasta podría decirse, que convencional. Pero a veces se enamoran de otras personas, y a veces se enamoran a la vez de otras personas. Estas historias se van sucediendo y al final ahí están, ella y él, de nuevo. Por qué no serán las cosas así. En el mundo real, quiero decir. Por qué serán las cosas tan difíciles siempre.

XXIV

Mientras escribo algo en el metro para este blog, una señora escribe a su vez algo a mi lado. Ni siquiera había reparado en su presencia, pero ahora me fijo en lo que está escribiendo (mientras cubro, disimuladamente, lo mío).
Y leo.

Huevos
Cables
Suavizante ropa

Lo guarda y yo salgo del vagón y corro a encerrarme en un pozo con un bate de béisbol dentro. Una vez más, ha ocurrido: he depositado mi fe en un ser humano y

me he

trizado

los dedos.

jueves, 16 de septiembre de 2010

XXIII

“Afirman que era colega de un vampiro negro y manco y que jugaba al parchís con el Diablo. En declaraciones a los medios, su novia dijo que no lo abdujeron los aliens, sino que se lo tragaron las páginas de un libro mientras escuchaba Starman. Si lo encuentra, en otro planeta o en alguna novela, quizá pueda contratarlo.”

José Ángel Barrueco. “Abducidos.”


"Tengo que hablar de Raúl:

de uno de sus libros de poemas.

de uno de ellos en particular,

de su portada, para ser más preciso,

una portada negra,

como casi todos sus días

como casi todos los míos"

(…)

David González. “Mucho más allá de la estrella gitana.”


Blog de Vinalia Trippers.

lunes, 13 de septiembre de 2010

Jump!


El chaval abre decidido su portal, da un paso más, y ya está en la calle. Su corazón, ya desbocado, late aun con más fuerza. Your eyes tell me how you love me, can feel it in your heart beat. I know you like what you see. Cruza corriendo, el semáforo en rojo, la calle. Tras un ibiza también rojo que desprende la misma melodía que retumba en sus oídos. Hold me, I'll give that you need. Wrap your love around me. You're so excited, I can feel you getting hotter, oh baby. Pero él, no lo sabe.

Atraviesa un parque, un paseo, otra calle. Adelanta a un viejo, a un niño, a un perro. I'll take you down, I'll take you down. Adelantaría a su sombra, si pudiera. Tan sólo quiere ir más rápido.

Baja corriendo las escaleras. Adelanta a una señora, a un vigilante de seguridad, a un borracho. Adelantaría a su sombra, si pudiera. Tan sólo quiere ir más rápido. Where no one's ever gone before. En un gesto rápido, frío, fluido, introduce el billete en la máquina y la atraviesa sin detenerse un instante. And if you want more, if you want more. More, more, more...

Tras él, su mano recoge fugaz el billete. Uno, dos, tres tramos de escaleras. Y de tres en tres. De dos en dos, de una en una. Bajaría de un salto todas a la vez, si pudiera. Jump for my love. Jump in and feel my touch. Tan sólo quiere ir más rápido.

Alcanza el andén cuando el tren ilumina los botones en las puertas, frena. Ya está dentro. I know my heart can make you happy. Y el tren vuela, vuela, vuela. Atraviesa como un rayo la ciudad bajo tierra pero el chaval, en realidad, los ojos cerrados, sobrevuela los tejados. A su lado, una chica escucha la misma melodía que retumba en sus oídos when you are next to me, oh I come alive (su pie en el suelo del vagón, las yemas de sus dedos en la barra vertical, sus ojos cerrados, su cabeza inclinada hacia atrás, siguen el ritmo). Pero él, no lo sabe.

Your love burns inside. Feels so right.

Tres más, dos más, ahora sí, una menos. Y el tren, frena.

Sube las escaleras. De dos en dos, de tres en tres. Subiría de golpe todas a la vez, si pudiera. Tan sólo quiere ir más rápido. Por sus venas fluye, veloz, la sangre. Desbocada. Jump if you want to taste my kisses.

El aire fresco al fin golpea sus mejillas sonrosadas. Y la ciudad, la ciudad, recibe su impulso con un espectáculo de luz, multitud, color y brillo. In the night then... jump, jump, jump! Atraviesa calles, esquiva personas. Dribla entre automóviles. Jump, you know my heart can make you happy. Y un sonido inconfundible le indica que la batería del mp3 se ha agotado. Ahora ya se para, ahora ya ha llegado. Extiende su mano. In the night then jump, jump for my love. Ahí vienen.

viernes, 10 de septiembre de 2010

Tiempo de Ibuprofeno. Manténgase fuera del alcance de los niños.

Sinónimos, antónimos, negaciones, afirmaciones, deseos, encuentros. Línea 4. Urquinaona. Exclamaciones, musicalidad, jolgorio, animación, mezcla de culturas. Línea 1. Plaza Cataluña. Preposiciones, onomatopeyas, interrogaciones, apuntes, dudas, amistades. Línea 3. Zona Universitaria. Maletas, prisas, nervios, decisiones, despedidas, bienvenidas. Línea 5. Sants. Historia, admiración, gentío, fotografías, comentarios. Línea 2. Sagrada Familia. Brisa, risas, juegos, cervezas, terrazas, adjetivos. Línea 4. Barceloneta. Sentimientos, esperas, risas, llantos, nacer, renacer, acontecimientos. Línea 1. Hospital de Bellvitge.
Vagones cargados de vida.

lunes, 23 de agosto de 2010

Ciudades pequeñas.

(...)

En verdad que era difícil imaginar que el tiempo
nos pondría en nuestro sitio
y que nuestro sitio no fuera ese.

Allí los amigos nada tenían que ver con la amistad.
Ni las novias te hablaban de amor.
Ni las calles
requerían de nombres para ser recordadas.

Allí el mundo era un circuito de tiza en el suelo
donde siempre ganábamos a las chapas.

Éramos una ciudad pequeña.

De biblioteca pública
y plazas de patio de vecinos.
De botellones parlamentarios
pero con buena gente,
inútiles chavales que planteábamos no sé qué gilipolleces de sueños
de cambiar el mundo
sin salir del barrio.

Éramos
y supongo
somos
una ciudad pequeña
que nunca se acostumbró a ser tan guapa.

Carácter tímido de salones de provincia,
no queríamos molestar.
y así y todo
nos fuimos revolviendo y separando
por esa tendencia
a la emigración que tienen las ciudades de Castilla.

Eso de que nosotros,
ya ves,
nunca podríamos ser del sur
y que todas las canciones
y poemas
se equivocaban de orientación
y nos tocaba cambiarles la letra.

Así que el tiempo vino a recordarnos
que entre tanta sopa de letras
olvidamos ciertas maneras aprendidas
entre patio de colegio
y cartas furtivas a compañeras de clase.

Éramos
y supongo
somos
una ciudad pequeña
que tampoco quiso ser grande.

Una ciudad de pasos de cebra en calles peatonales,
de adoquines imposibles,
de parques.
Una ciudad a modo de casa.
Ahora que la nostalgia más de menos me obliga a echarte
voy a decirte: guapa.




Entiendo que estas palabras hermosas son para Palencia. Yo, sin embargo, y con permiso de su autor, Escandar Algeet, se lo dedico, desde este rinconcito -¿de mi corasón?- A ZAMORA.


Alas de mar y prosa. Escandar Algeet; Ed. Ya lo dijo Casimiro Parker.

"Bartleby el escribiente" - Herman Melville

"
Sí, Bartleby, quédate ahí, detrás del biombo, pensé; no te perseguiré más; eres inofensivo y silencioso como una de esas viejas sillas; en una palabra, nunca me he sentido en mayor intimidad que sabiendo que estabas ahí."

"Bartleby..." es una historia deliciosa. Pero no quiero escribir sobre ella, sino a partir de ella, es decir, no voy a cambiar mis costumbres ahora.

"
-Preferiría no hacerlo.
-¿No quiere ir?
-Lo preferiría así."

Preferir es una gran palabra, sin duda. El día discurre mientras nosotros tomamos una decisión tras otra, mientras cada decisión implica tomar la siguiente, que es distinta a la que habría sido caso de haberse preferido una cosa diferente en la disyuntiva anterior. También discurre el día mientras, sin ser conscientes del todo acaso, cambiamos sin parar las cosas de lugar. Vivir es algo así como un no parar de cambiar todo de sitio. Piénsenlo. Pero esa es otra historia.

¿Por qué la actitud de Bartleby nos resulta tan escandalosa? Es cierto que en el comienzo parece tratarse tan solo de una anécdota, una historia simplemente curiosa, pero sigue y sigue hasta tomar tintes un tanto dramáticos. Pero nos ceñiremos al comienzo, a las negativas de Bartleby ante su jefe.

¿Por qué se nos antoja Bartleby tan osado, altanero, atrevido, temerario, loco, disparatado, PROVOCADOR? ¿Por qué nadie o casi nadie nos hemos negado en alguna ocasión ante las peticiones de nuestros jefes, por muy disparatadas y alejadas de nuestras tareas asignadas que éstas fueran? ¿Por qué lo habitual es achantarse, agachar las orejas, tragar con todo, renunciar a los principios de uno mismo? [Por miedo... hay que conservar el trabajo, están las cosas tan malas. Por caer bien... y tampoco cuesta tanto ser un poco servicial, de vez en cuando. Por...]
¿Y por qué nos negamos muchas veces, sin embargo, cuando nos pide algo disparatado (y ni tan siquiera) alguien cercano, querido, y en quien no obstante vomitamos toda nuestra ira, cólera, irritación... sin tener casi siempre ni siquiera motivos? [Por la confianza, sí. Por no pensar en el daño que podemos causar, también. Por...]

Pero, ¿no deberíamos estar ya por encima de todo esto? ¿Es que no hemos aprendido nada?
De la edición ilustrada de Nórdica Libros.


Definitivamente, es una gran frase. Pero utilícenla con moderación. Nunca se sabe.

XXII

Cuaderno Moleskine de Javier Marías.
En el instituto tuve un cuaderno con la tapa decorada a base de recortes con esta misma letra elegante y preciosa, escrita a pluma, obtenidos de fotocopias de, creo, "Vida del fantasma" (aparecían retazos en los márgenes, amplios, y fotocopié gran parte). Aun guardo ese cuaderno, por esa tapa.

domingo, 15 de agosto de 2010

[...]

A veces me quedo

sin palabras.


sábado, 7 de agosto de 2010

Entrevista en Radio Alternativa a David González (fragmento)

« A mí me fastidian mucho los poetas que escriben solamente al amor, o al desamor, ¿no? o a la naturaleza. Además, no hace falta... hasta un ciego lo ve: miras la naturaleza, se está destruyendo todo, entonces ¿a qué estáis cantando, a qué pajaritos, a qué arbolitos, a qué hostias si se está todo destruyendo?
Cantáis al amor: número de divorcios en España al año... ¡no sé cuántos son!, número de cornudos y cornudas, a montones, o sea, estáis contando una mentira. Entonces, joder, hay más temas que el amor, hay otros temas, temas más cotidianos, temas que afectan a la gente que se levanta por la mañana para ir a trabajar a las seis de la mañana, gente que tiene que ir a comprar el pan y la leche, no sé... (...) Si tú perteneces a una clase social alta, y eres poeta, deberías escribir sobre esa clase social alta, sobre lo que conoces, ¿no? Sobre tu realidad. Con lo cual, yo conocería tu realidad. Ahora, si me estás contando peliculitas, encima, en rima y métrica, que esto ya está súper superado, sobre el amor, tío... pues mira, yo lo siento mucho, pero paso. »

Escucha la entrevista completa, ¡aquí!

Y, siguiendo con David, y ya para terminar, nadie debe perderse este vídeo tan chulo de "El demonio te coma las orejas":


viernes, 6 de agosto de 2010

"La flor púrpura" - Chimamanda Ngozi Adichie


Hace poco vi, aquí, un vídeo del discurso de esta señorita en Oxford, 2009, y me maravilló su forma de hablar, el punto de vista tan interesante que daba a las cosas que decía, y sus ojos (no necesariamente en ese orden) así que me pareció que lo más sensato sería buscar sus libros.

Aunque C.N.A. es nigeriana, estudió en EE.UU. desde los 19 años y fue allí donde comprendió hasta qué punto África es una gran desconocida para el resto del mundo. Por ejemplo, a su compañera de habitación en la universidad le resultaba muy extraño que Chimamanda hablase tan bien inglés (o que no mostrase un aspecto desnutrido y enfermizo, supongo). Otro ejemplo es el de un alumno norteamericano que tras leer su novela interpretó que todas las familias nigerianas sufrían los mismos dramas que sus protagonistas (la respuesta de ella: "I told him that I had just read a novel called American Psycho...", no tiene desperdicio).

La flor púrpura no es autobiográfica, aunque se pueda pensar en un principio por haber nacido la autora en el mismo lugar que la protagonista, proceder como ella de una familia de clase media-alta y estar narrado en primera persona.

La novela gira en torno a la inestabilidad política de Nigeria y a los peligros que conlleva el fanatismo por cualquier religión, poniendo como ejemplo a un padre de familia que, aunque ayuda económicamente a sus vecinos, viste con las mejores telas a su mujer e hijos (y viven en una casa estupenda), hace donaciones (a veces incluso anónimas) y por supuesto no descuida su cita diaria con la misa, ¡ay! no se lo piensa dos veces antes de darle una paliza a su mujer, o a su hijo, o a su hija, en todo momento en nombre de un dios (por supuesto) en el que por algún motivo ha decidido creer... supongo que no confiaba en que, sin esa ayudita externa, su sano juicio (llámalo sentido común, llámalo sensatez, o llámalo equis) fuera suficiente para ser una buena persona.

Aunque este personaje es capaz de aparecer y provocarnos arcadas, también tenemos a Kambili, su hija, que nos cuenta su historia desde el principio deleitándonos con su timidez, su dulzura y su capacidad de observación y regalándonos frases tan deliciosas como ésta cuando, ya lejos del yugo opresor de su padre, se enamora de un sacerdote (enamora... realmente existen tantas formas de querer a una persona que, en fin):

«Me habría gustado decirle lo cálida que me resultaba su presencia allí y que mi color favorito había pasado a ser el tono marrón rojizo de su piel.»

Cada uno lo interprete a su manera.

miércoles, 4 de agosto de 2010

Una vez en el Sapo Rojo

Salimos de la ciudad por la puerta de atrás
sin hacer ruido caminando a oscuras
entre árboles y con una enorme Luna llena
que nos guiaba en el silencio
por un momento que duró minutos o quizá años
sentí que mis pensamientos eran compartidos
la belleza, la Belleza, por fin encontrada
debe dejarse arrastrar en este juego de ilusiones.

(...)

Me desnudé y me metí en el agua, luego fueste tú
y ella al final se nos unió.
Tres niños de diez años jugando en el agua
de una noche calurosa,
orilla de la fuentedelaeternajuventud.

(...)

Seguro que si alguna vez encuentran un lago
en la Luna llena de luz sería como esa.
Seguro que si alguna vez alguien soñó ser feliz
con dos buenos amigos sería parecido a eso.
Seguro que alguna vez alguien soñó un Paraíso
fuera de la imaginación cerca de la Tierra.
Seguro que si alguna vez de día alguien hubiera pensado
"Ojalá fuera libre" Haría como nosotros (seguro)

Y después de que el tiempo dejara de hablar
con sus cosas unas luces y alguien que se acerca
y tú y yo poniéndonos los pantalones rápidamente
las piedras de defensa en los bolsillos
y ella haciéndose la muerta en el agua,
increíble hasta en eso,
Surrealista?
Puede que bastante.
Y ellos, dos tíos que se acercan con una linterna
donde estamos nosotros.

- Qué!, Os estáis bañando?

Dijiste que sí, y nos dijeron que era securatas
y que eso no se podía hacer.
Yo la saqué del agua, íbamos un poco pedo,
y mientras se vestía tú seguías hablando con ellos.
Y luego camino de vuelta parada
y a mear en mitad del campo
y echarse sobre una calle
por estrenar
Mira La Luna, Mírala, qué maravilla!
Luna Llena, Todo es posible!
Triste camino de vuelta.
La carretera ya olía a melancolía y a todo,
absolutamentetodoesposible.
Todo nos parecía igual,
todo era a lo mejor más feo,
pero nos ayudaba a saber
que hoy todavía puede ser un buen día, o mejor noche,
para ser libre, Libre.
Al final un abrazo y no te olvides de esto mañana.
Ahora esperaremos a ver amanecer para sellar
la Belleza de esta Noche única.










Pasillos. Daniel G. Sanguino.
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