lunes, 4 de diciembre de 2017

Mi columna vertebral - Andrea Mazas


“Mi columna vertebral” es el primer poemario de Andrea Mazas, que ve la luz a través de la editorial Baile del Sol y no lo hace completamente sola, sino acompañada por la voz y la guitarra de su pareja, el músico Antonio de Pinto. Así pues, el libro incluye un cd de poemas musicalizados.

Me interesa la voz de las poetas en cuanto a mujeres, no porque sean garante de mayor calidad sino porque han estado silenciadas demasiados siglos, precisamente por eso. El hecho de que haya una mano masculina añadiendo algo a estos poemas, ha hecho que me preguntase si enriquece y aporta valor al texto, o si los textos de Mazas habrían llegado al público igualmente por sí solos.

Temas recurrentes como discos intervertebrales
Hay varios tipos de poemas diferenciados en este libro, que se alternan y se confunden. Voy a empezar con los que más me han gustado. Andrea es capaz de volcar en el papel grandes ideas y dispone de buenos recursos literarios para darles forma y hacer que su mensaje se transmita. Le preocupan temas importantes y muy diferentes entre sí, como el crecimiento, la madurez y la superación personal, el apego emocional, el sometimiento de la mujer en la sociedad heteropatriarcal o las limitaciones lingüísticas contra las que lucha a la hora de expresarse por escrito, etc.

Estos son algunos de los temas más recurrentes, pero se trata de un poemario bastante redondo que da cabida a muchas más cuestiones entre sus versos. Acerca del lenguaje, en su poema “Pero” (si no el mejor, uno de los mejores de todo el libro: lo transcribo al final de esta reseña), Andrea analiza la necesidad de utilizar las palabras como herramientas que abran puertas y hagan que el lector se sienta como en casa, y denuncia que otros escritores levanten muros con ellas y les den, en fin, un mal uso. También en este poema, critica de forma sucinta el plagio y termina con un juego de palabras que vuelve a incluir los primeros versos, logrando una pieza redonda y muy brillante.

Acerca del lenguaje, le preocupa el hecho de tocar un techo invisible de cristal y descubrirse incapaz de nombrar las cosas tal y como las piensa en su cabeza, por culpa de las limitaciones del lenguaje. En el poema “El nombre de las cosas”, que a continuación transcribo, reivindica lo innombrable, y en un alarde de creatividad que nos deja impresionados, consigue escribir precisamente sobre aquello que no puede ser nombrado, como hizo Giorgio Agamben en la deliciosa “La muchacha indecible” (Sexto Piso, 2014).

EL NOMBRE DE LAS COSAS
estamos
tan cosidos al nombre de las cosas
que a veces solo sabemos eso
―el nombre de las cosas―
y aprieta la costura,
tirante el hilo,
y nos ahogamos
de nombres
y solo de nombres
sin cosa ni asa,
de nada

reivindico
el descosido
el agujero ignorado
el roto impecable

Más allá de Andrea Mazas: ecos
He creído entrever la influencia de Alejandra Pizarnik (“La jaula se ha hecho pájaro y se ha volado…”) en Andrea Mazas en versos como estos: “Tengo un viento dentro. / Me agita ramas de memoria. / Las hojas dispersas, / en punto de caída perpetuo. / Habito un otoño de continuidad." O también en: “Tengo un pájaro en mi pecho. / Yo le doy de comer, despacio. / Me agita las alas, me tiembla (…)”

Me gustan los poemas de Mazas cuando surgen de su propia individualidad, pero se tornan un tanto cursis cuando entra el “nosotros”, transmitiendo a veces la idea de que la pareja es una pieza que completa al individuo, quien ya no ve más allá de su media naranja, o hace alusión a ideas poco saludables (“En nuestras bocas, mientras nos besamos / bailan los amantes que tuve con las mujeres a las que amaste”). Aunque versos afortunados como estos nos lo desmienten: “no quiero ser la princesa de nadie, / bastante tengo con intentar saber / quién es Andrea”.

Otro de los poemas más brillantes, “Lo seco y lo que crece”, aborda el tema del desapego con mucha valentía: habla de que en ocasiones es necesario ser cruel para alejarse de algo en lo que nos hemos involucrado demasiado y nos hace daño. Se trata de una metáfora donde la protagonista deja de regar de forma consciente solo una de sus plantas, en este sentido cobra mucha fuerza el paralelismo con el concepto de “rizoma” del filósofo Gilles Deleuze.

LO SECO Y LO QUE CRECE
me hice la tonta con esa planta hasta que solo fue una pequeña
isla yerma en su maceta y ya no pude ser más su náufraga
me decía a gritos secos que la regara / que la hablara / que
estaba ahí / que yo la había puesto ahí

pero yo me hacía la tonta y cada vez me lo hacía mejor

me paseaba con la botella de agua cerca de ella y premiaba
al resto de plantas / como lo hace un dios sin misericordia

era el último reducto de un jardín que pensé nuestro / lo
dejé secar como la forma más inocente de matarte

ahora solo queda la tierra seca / no más / ni siquiera es
pasto de gusanos

pero junto a esa maceta crece la flor con la que fui más
generosa / allí se quedan las dos / lo seco y lo que crece

como una lápida y un sol que quema

un recordatorio / para elegirme entera tuve que deshacerme
de ti / de lo poco que me quedaba de ti

En cuanto a las versiones musicalizadas de los poemas, son piezas muy sencillas que tienen reminiscencias a Serrat, por definirlo de alguna manera. Creo que definitivamente no aportan valor al texto y que lo ideal es que sea la propia poeta quien dé voz a sus textos, si se atreve a transmitirlos tal y como suenan en su cabeza (muchos recitales poéticos son monótonos porque su autor es incapaz de dar color a su voz, o no se atreve). Dejando esto a un lado, “Mi columna vertebral” ha sido un sorprendente hallazgo que me ha dado buenos ratos de lectura, desde aquí lo recomiendo ya que a pesar de las pegas que le he encontrado, pesan más los argumentos a su favor: disfruten de la lectura.


PERO
hay quien monta una barraca sobre una fosa de adjetivos
pero yo creo que la palabra debería ser siempre
una llave, y no un telón o una máscara,
y leo del modo en que trato de vivir,
con luz y buenas vistas, sin cortinas,
y así también trato de escribir,
como, intuyo, lo hacen mis maestros,
los aventajados peones de la palabra,
que derriban la cuarta pared de la poesía
y dejan abiertas todas las puertas de su casa,
y yo entro en ella para sentirme como en la mía,
y me sirvo de ellos y repito, si es preciso,
sin miramientos,
y allí dentro, mientras suena la música,
paseo por sus líneas tomando nota
de telas, soportes, flores, grifería
y también de los desperfectos
y de las grietas y de la pintura levantada
allí donde ellos pierden el paso y se agota el ritmo,
y dentro, más dentro todavía,
casi al final del pasillo, veo
sus joyas, sus valiosos cuadros, sus souvenirs,
que me dan ganas de robar y echar a correr
porque me siento pobre y no como en mi casa
pero hay demasiados testigos y da igual
porque enseguida me doy cuenta de que
sus joyas, sus valiosos cuadros, sus souvenirs
no quedarían bien en mis paredes porque desentonarían
con mis desperfectos, mis grietas, mi pintura levantada,
y entonces sé que llega la hora de irse a la francesa
pero me cuesta alcanzar la salida porque me entretengo
abriendo otras puertas del pasillo como esta,
que yo no quería abrir ahora porque yo solo venía a decir
que la palabra debería ser siempre
una llave, y no un telón o una máscara, pero
hay quien monta una barraca sobre una fosa de adjetivos

miércoles, 29 de noviembre de 2017

Manzanas robadas (antología) - Yevgeny Yevtushenko


Desde hace unos años se viene reivindicando la candidatura del poeta Yevgeny Yevtushenko para el Premio Nobel de Literatura. Con este “Manzanas robadas”, se nos antoja deudor y heredero de esa trayectoria romántica que hizo brillar a mediados del XIX a la literatura rusa.

Esta antología recoge poemas de amor, otros de carácter social y también algunos más orgánicos en los que la Naturaleza es protagonista: y son precisamente estos últimos los que lo hacen brillar por encima del resto y donde encontramos imágenes poéticamente más potentes. Hay que puntualizar que en la presente edición, 42 de los 47 poemas han sido traducidos de una edición intermedia con los poemas volcados del ruso al inglés, por lo que inevitablemente se habrá perdido parte de la esencia de los mismos en el largo proceso.

HERIDAS
Me han herido con frecuencia y con mucho dolor,
regreso a casa arrastrándome y abatido,
lastimado por lenguas venenosas,
es que se puede dañar hasta con el pétalo de una flor.

Y yo mismo me he herido sin ser consciente
por una casual ternura
y luego alguien sintió la herida
y fue como caminar descalzo como el hielo.

¿Por qué aumento las ruinas
de aquellos que me quieren y están tan cerca de mí?
¿Por qué yo, que puedo ser fácilmente herido
puedo dañar a otros casi hasta matarlos?

(1973)

LOS LIBROS PRESTADOS
Los libros también leen a quienes leen libros.
Los libros ven en nuestros ojos escondidos gritos y gemidos.
Los libros oyen todo lo que tememos y nos decimos.
Los libros aspiran lo que nosotros respiramos.
Nosotros fuimos unidos por los libros.
Anna Kareninafue nuestra Celestina suicida
cuando ella resucitó de los congelados rieles
y nos lanzó en nuestros brazos.

El silencioso  retorno de los libros prestados
por quienes se aman los unos a los otros
no parece como un mutuo favor,
es como romper páginas en pedacitos:
es una separación irreversible.

Nosotros solamente podíamos devolvernos los libros,
pero no nuestros instantes secretos,
los cuales ocultábamos muy profundamente
para no ser detectados por ojos indignos.

Tomaste mis libros del baúl de tu carro
y lo dejaste abierto esperando de mis manos los libros tuyos,
apretándolos en tus pechos:
Pasternak, García Márquez, y el Diario de Anna Frank.

Mis brazos querían abrazarte mucho
pero ellos estaban cargados de libros,
como si estuviera protegido por Dostoyevsky, Faulkner
y los proverbios rusos.

Yo puse todos tus libros de vuelta en tu baúl
tratando de no mirarte a los ojos
y tú, como alguien arrastrándose en cámara lenta bajo unas ruinas,
comenzaste a devolverme los libros uno por uno.

Yo te rogué durante dos largos años
que encontraras y amaras a alguien,
y cuando ocurrió, yo respiré tranquilo,
pero mis dientes rechinaban con desesperación en las noches.

Yo nunca te pregunté con envidioso desdén el nombre de mi rival:
“¿Quién es?” “¿Qué edad tiene?”
Yo no supe si llorar o reír
cuando tú me respondiste: “18 años”.

En ese momento de separación,
tú, como la belleza de una virgen incorruptible,
me pediste, sin palabras, sólo con una mirada
que me acercara y te abrazara otra vez.
Pero yo contesté únicamente bajando la vista.
Tú me miraste como si estuvieras enamorada de nuevo.
Si yo te hubiera mirado a los ojos, todo podría haberse repetido.
¿Qué me lo impidió? ¿Cobardía? ¿Coraje?
¿O algo que aún no tiene nombre?

Las releídas, cansadas páginas de los libros,
ya estaban temblando en tus manos.
Tus aros tintineaban.
Tú estabas aturdida protegiendo tu alma con los libros,
apretados a tu corazón.
(1999)

PEQUEÑITAS CALLES DE BARCELONA
En Barcelona las calles son angostas
como pupilas de gatos angustiados.

Algunas calles están muy ocupadas con el amor, otras con penitencias,
a través de las ventanas se oyen palabras muy jugosas,
si alguien pica cebollas en el lado derecho
en el lado izquierdo alguien se pone a llorar.

Mujeres con enloquecidos ojos negros
ahora lanzan agua de una bañera sobre una vecina,
ahora salen por las ventanas, al aire libre,
cada una con sus peinados en desorden.

Y muertos de risa, desde el marco de las ventanas,
tirando los maceteros al suelo,
los niños entrecruzan
los chorros de sus meados.

¡Una pelea! Todos los maridos son unos cornudos
¡Los abismos se tragarán a los viciosos!
Y como cohetes sobre sus cabezas
largos hocicos de pájaros pasan volando.

Camino hacia el medio de las calles
y allí en el centro también todo es inseguro
los rostros enardecidos de la gente
sólo quieren comprar sardinas.

Me gustaría cantar alabando la vida común
o cantar a una simple rosa
aun cuando fuera una rosa artificial
pero que azotara mis mejillas.

Uno quiere por supuesto que la gente sea amable
pero en mi chaqueta, diseñada a la moda,
la parte derecha está manchada con algo que cayó de no sé dónde
y en la parte izquierda está pegado un gato con los pelos de punta.

Alguien al lado investiga, hace preguntas,
en la celda voces desconocidas gimen
pero, bueno, las amenazas del rival
lanzando ácido por los ojos pueden calmarse.

Y mientras la censura fascista
ahoga los pensamientos como gatos en una bolsa
alguien le grita a una mujer al estilo ruso: “¡Tetona imbécil!”
pero claro, se lo dice en lengua española.

La gente ya cansada y fastidiada
ventilan sus rabias a la nada
y se han convertido en represores los unos de los otros
olvidándose de los principales represores.

La paz está amenazada por escobas y cuchillos.
Y yo estoy por la paz, pero aquí, ¡Dios mío!
¡no hay ninguna manera de desplegar tus brazos!
Todo está amurallado desde la derecha hasta la izquierda.

En Barcelona las calles son angostas
como pupilas de gatos angustiados. 
(1967)

martes, 21 de noviembre de 2017

Próximamente: "Morir no es lo que más duele", de Inés Plana


Ya falta poco para que "Morir no es lo que más duele" de Inés Plana llegue a las librerías españolas. He tenido la fortuna y el honor de asistir a la gestación de esta novela y espero con mucha expectación el momento de verla por fin protagonizando las mesas de novedades de las librerías: el 9 de enero será el día elegido para ello.

"Morir no es lo que más duele" es una novela negra que trasgrede el género: por un lado, huye de los personajes estereotípicos, construyendo unos protagonistas de psicología rica y compleja; por otro lado, posee una narración elaborada y precisa que no sólo engancha sino que hace de cada frase una gozada para los amantes de la literatura de calidad: frases para releer y subrayar, que avanzan en la trama y que hacen de la redacción una búsqueda continua de la belleza a la hora de contar una historia.

Por ahora, ya se puede comprar en preventa o prime en Amazon, a través de este link.

A lo largo de estas semanas avisaré con cualquier novedad y en enero recordaré el lanzamiento, ¡tic, tac!


martes, 14 de noviembre de 2017

Mónechka - Marina Palei


Marina Palei (Leningrado, 1955) es una autora ecléctica y original, que dejó a un lado su carrera en la Medicina para dedicarse a tiempo completo a la Literatura. En “Mónechka” nos presenta a una protagonista tremendamente vital, de la que conoceremos sus peripecias a través de un hilo argumental un tanto deshilvanado. Es una novela muy breve (105 páginas) que sin embargo resulta suficiente para hacernos una composición del personaje, una mujer a la que le apasiona el sexo y que tiene una gran cantidad de amantes y aventuras. Su entorno no comprende ni aprueba su forma de vivir las relaciones íntimas, pero su prima, quien es la voz narradora en la novela, la adora y será quien la cuide cuando su salud se resienta.

“Mónechka” es un torbellino de vitalidad que arrasa todo aquello cuanto toca, y que incluso guarda la suficiente energía para dejar boquiabiertos a los médicos que no confiaban en su recuperación.
Marina Palei era hasta ahora inédita en España, donde ya podemos disfrutar de este pequeño soplo ruso de vida, que nos hace pensar en la fragilidad de la existencia humana y en la dicotomía entre felicidad y diversión.



Un fragmento:

Pero en esta vida me daba miedo ver su cuerpo. No lo había visto desde pequeñas y había tenido tiempo de olvidarlo. Antes de que ella tuviera que desnudarse para irse a dormir, yo me había adelantado imaginando sus ijares cascados y pecadores con señales recientes de impetuosa lujuria, esos ijares delgados, cianóticos como los de los alcohólicos, con moratones, arañazos, con una malla de venillas del color del permanganato, con pelos negros y gruesos escapándose a lo bruto por las fronteras del triángulo. Pero el cuerpo de Raimonda resultó blanco, limpio y, por extraño que parezca, lleno de vergonzosas líneas adolescentes, mientras que sus piernas eran atractivamente normales de arriba abajo, los edemas solo eran visibles en los tobillos (su corazón le molestaba bastante).
Raimonda tenía una relación ambigua con su cuerpo. Por un lado, como objeto y sujeto de pasión, o sea, como un recipiente pecaminoso, le venía muy bien y ella creía ―por lo visto con razón― que no era fácil encontrar a una como ella. Pero para todo lo demás era un apéndice pesado y engorroso del que no quería saber nada.

Por su parte, este apéndice cada vez exigía más atención. Le salió un asma cardíaca, tosía y hasta expectoraba sangre (“Va, al cuerno, algún vasito que ha reventado”. “¿Te has tomado los diuréticos?”, “Va, al cuerno”), pero resultaba que, con todo, si periódicamente se le echaba un puñado de píldoras multicolores, durante varias horas podía no recordarlo y vivir una vida normal, plena. “Vale, he bebido, pero muy poco, un coñac de marca, ¿y qué? Si después he evacuado hasta la última gota con un diurético”.
    

Lo de las gotas y el coñac eran trolas, claro ―su diapasón era lo más amplio, la verdad―, pero parece que sí decía la verdad sobre el diurético. Resumiendo, en todas las situaciones que no fueran el acto sagrado del amor, a Raimonda no es que se la refanflinfara la funda en la que de casualidad se había instalado su alma alegre, sino que más bien se relacionaba con ella mecánicamente (añadía por aquí, quitaba por allá) y puede que hiciera bien.

lunes, 13 de noviembre de 2017

It´s a match! ♥


Siglo XXI y seguimos sin educación emocional en las escuelas, dejándonos llevar por la inercia como eternos incompletos. Mintiendo, mintiéndonos, sufriendo por el qué dirán, coleccionando más likes virtuales que relaciones auténticas y reales con personas. Con la posibilidad de tener una cita cada día, perdiendo la energía rodeados de falsos amigos, aterrorizados por la sombra de la soledad, sin saber que la vida no era eso.

Del texto y la imagen: 
© Todos los derechos reservados - Mar López, 2017

Tuvimos - Rosa Lentini


Rosa Lentini (Barcelona, 1957), posee un largo historial profesional en el ámbito de la industria editorial. Entre su producción literaria se encuentra la poesía, las traducciones y la crítica, y también trabaja como co-editora en Ediciones Igitur. Más de una decena de sus poemarios han sido publicados bajo diferentes sellos editoriales, y sus textos han sido seleccionados para formar parte de multitud de antologías.

“Tuvimos” (Bartleby Editores, 2013) es un buen poemario donde la autora retrata las corrientes heladas que no se ven pero que atraviesan las escenas domésticas más costumbristas, parece capaz de detectar una mirada de odio o unas intenciones ocultas al otro lado de una puerta cerrada. Los poemas transcurren entre recuerdos salpicados de espiritualidad y dioses paganos, en una suerte de búsqueda de arcanos que den sentido y le ayuden a explicarse su propia realidad, tan única y a la vez tan comparable a otras realidades en tanto que es humana.

RECUERDO DEL HOMBRE TRAS LA PUERTA
 El arte del perdón ya no vivía en él.

Guardé en mi huida sus puños apretados
de blancos nudillos, la indignación
que teñía de rojo las venas de su frente
y el deseo de tocarle la mano.

Su forma de arrastrar los pies
al sacar el polvo de los cuadros
o al desbrozar los rosales con la podadora
en verano, un gesto que yo amaba.

Pero él prefería huir resoplando, como un gran búfalo
mudando la piel cuando la trama
urdida por la esposa
hacía mella en las nietas, y la llama
de su anciano cuerpo tras la puerta
    lo consumía.

Con la determinación
de un marinero alejándose de tierra,
un albañil a sus órdenes erigió un día en el corredor
    un muro de ladrillo y cemento
dejando la mitad de la casa a salvo,
    y la otra mitad desconcertada.

Con el tiempo mis visitas al lado
donde el padre de mi madre se quedó
restauraron los pedazos de su vieja caja de pinturas,
mientras, inmovilizado sobre una tabla,
aceptaba mi rol de bruñidor.
Al año me sorprendió regalándome
una acuarela, estudio de dos jóvenes,
    una morena alta, la otra pequeña y rubia
    que recibían clase de dibujo, tan parecidas
    a las mujeres paternas.

Tuvimos, habríamos tenido,
dos tiempos verbales en la historia dividida
de las familias, la espiral de los hijos
    que baila, baila su triste vals sobre ellas,
    escucha esa música, muro, escúchala…

LA TRIPLE HÉCATE

1
Si un indulgente universo la reuniera con ellas en un único gesto y de los talles hiciera una sola cintura, borraría las huellas que una historia de intercambio acerca. Y si un archipiélago deja de serlo cuando varias islas se unen en el recuerdo, todavía su fauna autóctona y salvaje podría ocultarse a las miradas. Nadie intentaría cazarla con el rostro de una Hécate mirando en todas direcciones para valerse mejor, voceando un bando a tres sobre lo que encierra
toda memoria detenida.
Pero desfallecer es miseria del amor, y también los huesos crecen como la hierba incluso bajo un puente, o como un árbol, con cada ama, cada hoja apuntando a lo alto, arrullados por cantos fúnebres que salmodian la imperfección.
Si la muerte nutricia vive y muere en nosotros, en tierras de hielo las otras le ofrecen los labios,
sombras pálidas en verdes asientos.

2
Su fría dedicación de toda una noche en vela hasta que el amanecer despunta inconmovible es un apósito. Sus risas, aún temiendo que el sueño del universo perdido con ellas le empañe los ojos, alumbran un fruto seco para luego contarlo entre los vivos. Y no hay otra forma de encarar sus juegos que la aprendida moldeando el lenguaje como barro sobre la vieja rencilla
entre saber y decir,
pues bastaba una frágil palabra marchita para captar la atención y componer el escaso grupo humano que todas formaban frente al mundo.

Pasa con un tintineo el platillo,
el oído es también equilibrio
    capaz de ignorar el giro veloz de las esferas.


COMERÍAMOS DE SU MANO LARGA
 
La mano larga y nudosa
en la que comeríamos cada mañana
también nos palparía las alas y arrancaría los restos
    de semillas de los picos.

Agarrada a su dedo corazón recorro
los amplios pasillos y mientras me calmo
el sol en las antesalas domestica a los canarios
    enjaulados, atentos al alimento del día.
Y desde mi exclusiva atalaya aparecen las góndolas
los aviones de pasajeros, las firmes vías de los trenes.

Cada tarde ella se sentaría un rato a leer.
Su índice derecho sobre las páginas
    levantándolas ligeramente con la punta de la uña
impulsaría tierras vírgenes o el eco de un steamer
que navega un río del norte.

A veces picoteo las pepitas surgidas
de la nada en su boca aprendiendo mi juego
de vigilancia. Me resulta fácil entonces
avistar desde el comedor su hombro como ese nido
donde tomar tierra y postergar durante horas
el vuelo de reconocimiento.

La intensa luz de la calle en los ventanales
caldeando el piso advierte el cambio repentino
de temporada y nos previene sobre la voluble primavera.
Y el espacio parece crecer de pronto,
las cosas mirarse entre sí
con más respeto y en la galería
los pájaros dejan sus trinos.

El dedo sarmentoso se habría llevado con él
el bullicio y el crujido de las láminas.
El poco lustre de mis alas, la terca suciedad
    que me cuelga del pico,
las habitaciones vacías que recorro con desgana
conviven con palabras al borde de sus sueños.

¿Con qué ángeles desaparecieron las aguas
salíferas, las raíces de mangle
en el montículo blando de su rodilla y todos los viajes?
¿Convocaron ellos a los otros pájaros orientándolos
hacia la salida? ¿Supieron que el vuelo
se volvería una secuencia de cuartos
    cuadrados y cuadrados eternos
abiertos a la nieve de la pintura caída
un cielo de azogue desplomado
sobre la invención de un invierno más deslumbrante?



Con la punta del dedo ella apuntaría a tierras vírgenes
y más allá de las abruptas montañas del mundo
    yo iría volando hacia donde
    las tallas de santos resistieran
    en sus sólidas peanas,
hacia donde las cortinas ajadas fueran nubes
    celebrando su danza del vientre
llegaría incluso hasta ese instante en que el sol
de Sumatra o de Antananarivo despunta
    y aleja todas las tormentas.

Llevo su rastro lejos    llevo su rastro muy alto
mi voluntad caza para ella y yo me dejo llevar…

viernes, 10 de noviembre de 2017

PREGÚNTALE A LA NIÑA




Pido disculpas por si hay algún adulto en la sala.

He pretendido encerrar el misterio de la vida en una caja de certezas,
llenado páginas de tinta con palabras en blanco
intentado entender por escrito todo aquello que me aterraba.

Me he creído la voz traicionera del miedo
y se ha convertido en algo real,
he soñado en 4K las historias
que inventaba en la vigilia para atormentarme.

Luego he tenido que inventar un modo de deshacer
las manos que me apretaban los pulmones,
rezado a Hécate en voz alta para que se hagan polvo,
para que se pare el mundo y la magia me acune en sus brazos,
que me bendiga la noche y yo desaparezca en ellos.

Ahora sé que debo preguntar a la niña por cada nueva gamberrada,
dejo que haga ruidos guturales de placer cuando estamos solas,
encontramos tesoros siguiendo nuestra intuición,
conocemos los atajos por el camino de Swann
reconstruimos nuestro hogar junto a cada lugar donde encontramos agua.

Permito que baile y que cante, que se dé besos en el espejo,
que corra descalza y que ría como una india piel roja salvaje.
Hemos explorado lo que hay al otro lado del miedo
escuchado entre árboles nuestra música favorita,
devenido juntas la misma tierra húmeda que pisamos,
vestidas de negro expuestas al sol,
vestidas completamente de negro absorbiendo toda la luz,
absorbiendo toda la maldita luz que ya estaba antes dentro de nosotras.


Del texto y la imagen: 
© Todos los derechos reservados - Mar López, 2017


miércoles, 8 de noviembre de 2017

Desde el sur - José Luis Sampedro



José Luis Sampedro (Barcelona, 1917 - Madrid, 2013) habría cumplido cien años en este 2017, y es por eso que su viuda y herederos están rescatando y transcribiendo algunas de sus conferencias pronunciadas en los últimos años de vida. En este caso edita Mapas Colectivos, una iniciativa que encabeza la editora Maribel Tabuenca Borobia bajo la colección MicroBooks.

La idea es publicar “conferencias que plantean la toma de conciencia crítica de nuestra cultura y de su estado actual de transición”. En este caso, “Desde el Sur” fue pronunciada por Sampedro en 1992 dentro del Encuentro sobre la cooperación para el desarrollo alternativo en América Latina.

Lo elemental es lo más importante
Sampedro era economista, novelista y humanista. Pero ante todo era una persona buena. En su presencia, sus ojos tan vivos desprendían inmensa luz y vida. Jamás perdió de vista que por delante de las banderas y de los intereses económicos, están las personas en tanto seres humanos: algo muy sencillo que hoy más que nunca es patente que los pueblos olvidan, más preocupados por partirse la cara en su intento salvaje por demostrar qué bando tiene razón (y ninguno la tiene).

No hay que perder de vista lo esencial, lo atávico. Poner por delante lo que nos une siempre por delante de lo que nos separa. A partir de este pilar tan antiguo como el mundo, Sampedro establece similitudes entre los países del Sur, un área que se situaría “por todo el Mediterráneo desde Grecia y, pasando por el Atlántico, hasta América Latina, desde el Río Grande del Norte hasta la Patagonia”.

Según él, hay una forma de entender la vida que es común a las diferentes culturas que se extienden por todo ese territorio. Y es que, en contraposición a los países del norte, el sur:

(…) conserva un sentido de la comunidad que es muy importante como fuente de solidaridad y para dar sentido a lo que uno es. Por otra parte, frente a esta idolatría de la técnica que se tiene en el Norte, al producir por producir, el Sur mantiene la idea de la vida, de la sabiduría. Y la sabiduría es mucho más amplia y mucho más importante que la ciencia. Se puede vivir con poca técnica pero no se puede vivir bien sin sabiduría.

Plantea la necesidad de unión de todos esos pueblos precisamente porque son débiles, y por tanto serán quienes harán progresos porque “los poderosos nunca quieren perder el poder” y “nunca han querido transformar nada”.


El camino que lleva al sur
La propuesta de Sampedro, que antepone un regreso a la convivencia y a la idea de comunidad en contraposición a la desigualdad social y la productividad empresarial, me recuerda a la búsqueda del camino que conduce hacia el sur en la preciosa novela breve de Ana María Matute, “Aranmanoth” (2001). Cuando las cosas van mal y asistimos a batallas campales de hordas abanderadas, no hay nada mejor que cerrar los ojos e imaginar que José Luis Sampedro y Ana María Matute se acercan de la mano para susurrarnos: tranquilx, todo va a salir bien.

Según Sampedro, el desarrollo se ha basado históricamente en preceptos economicistas y cuantitativos (en producir cada vez más bienes y servicios), y según él, esta tendencia no puede continuar mucho tiempo más. Se han dejado completamente de lado aspectos importantes como mejorar al ser humano o proteger el medio ambiente. Él invita a tomar las piezas sobre las que se construye la Teoría Económica para desmontarlas y estructurarlas de una manera nueva que tenga en cuenta otros valores.

Para ello, se sitúa en una perspectiva de pasado, imprescindible para entender el presente e intuir el futuro (creo que esto es clave porque incluso el pasado más inmediato siempre se olvida con demasiada rapidez):

Todos ustedes saben lo suficiente del tema como para convenir que la física de 1850 no tiene nada que ver con la física de nuestro tiempo. Ha cambiado por completo, son unos conceptos diferentes. Ha sido preciso reformar la visión del mundo para poder ocuparse de cosas que no han cambiado. Ha tenido que cambiar la visión del científico. En cambio, en las ciencias sociales seguimos con ideas del siglo XVIII y llamamos a eso neoliberalismo.

Sampedro, aún vigente
Las ideas de Sampedro aún son válidas en este mundo que le relegó en 2013. Sobre todo, sus palabras todavía nos ayudan a replantearnos la realidad, y hacernos preguntas es básico para poder llegar a sacar nuestras propias conclusiones. En cuanto a las políticas del cuidado que se desprenden de la visión del Sur que nos muestra en estas páginas, aún hace poco que empiezan a despuntar, tímidamente.

Podríamos comparar norte-producción/sur-ser humano con el ejemplo de los abuelos: el norte los llevaría a asilos para que los miembros productivos de la familia pudieran seguir en activo a tiempo completo, y el sur los cuidaría de otra manera más cercana, estableciendo políticas de conciliación laboral y familiar, amparadas por leyes y con la cooperación de los ciudadanos y las empresas. Precisamente en esta línea se encuentran las propuestas de Silvia Federici (Italia, 1942), autora feminista de libros como “Calibán y la bruja” (Traficantes de Sueños, 2010),  o “Revolución en punto cero” (Traficantes de sueños, 2013).

Para continuar avanzando en la dirección correcta, lo mejor es partir del pensamiento que nos brindan los sabios, tal y como dijo Sampedro en esta conferencia: “Se puede vivir con poca técnica pero no se puede vivir bien sin sabiduría”. Todos sus libros están llenos de ella, denles una oportunidad si tienen tiempo.



martes, 24 de octubre de 2017

Sabe que su risa desataría las tormentas

 
Está en la plaza de San Vicente de Bilbao. De piedra blanca, enhiesta desde su pedestal, es la viva imagen de la melancolía. Pisa con firmeza la cabeza del ángel caído y su rostro revela la cantidad justa de remordimiento, la compasión eclipsada por una indiferencia que querría ser divertida.

Es ligera, traslúcida, presumida y morbosa, es igual que un fantasma que se aparece como niebla entre los edificios al atardecer. Detrás de su expresión de cristal, juega a descubrir miradas chispeantes en los ojos de los transeúntes, para quienes casi siempre es invisible. A veces alguien repara en su presencia etérea y le revuelve la tierra alrededor buscando el ángulo que capte su halo feérico en una fotografía, pocas veces lo consiguen. Mantiene el rictus serio, casi inexpresivo, porque sabe que su risa desataría las tormentas.

El mentón decidido desmiente el cansancio afectado de sus párpados, y el ángulo que dibuja su muñeca, la mano sobre su pecho, delatan en el gesto fingimiento y simulación.

Se podría pensar que se sabe diosa y se traviste humana, a la espera de que un día una pareja de arpistas improvisando en la plaza se dejen llevar por su impronta y compongan así el aria definitiva.

Su belleza invisibiliza a las cariátides de las fachadas de la plaza y lo sabe, presume altiva y olvida que sólo las separa que las tallaron en diferentes trozos de piedra.

No tiene corazón y piensa que no lo quiere, porque no entiende que es la libertad la fuerza que impulsa esta tarde a una pareja de amantes que se persiguen corriendo y riendo, girando alrededor de la verja circular que delimita su minúsculo universo.

Está tras los barrotes, pero ha decidido que es el resto del mundo el que se encuentra preso.



Del texto y la imagen: 
© Todos los derechos reservados - Mar López, 2017

viernes, 20 de octubre de 2017

"Berta Isla" - Javier Marías


Tenía la sensación de que tras la trilogía “Tu rostro mañana” (2002-2007) y la novela “Los enamoramientos” (2011), Javier Marías había dado a la imprenta algo más que “Así empieza lo malo” (2014). Un libro del que no podía recordar el título pero que estaba segura de recordar su trama una vez cayera de nuevo en mis manos y empezase a leer las primeras páginas.

Pero no ha habido ninguna otra novela publicada entre las que he citado, y sin embargo ahora que termino “Berta Isla” (2017) se me ha difuminado esa sensación de libro fantasma: es como si ya la hubiera leído antes, como si fuera la novela que me faltaba. Porque contiene todos los elementos e intrigas que Javier Marías ya había utilizado antes.

Más de lo mismo
Pero no podemos culpar a Javier Marías si somos nosotros, los lectores, los que hemos depositado en él nuestras expectativas y nos las ha frustrado. Esto es algo similar a los celos en las parejas, sólo es responsable quien los padece y por lo tanto es quien debe gestionarlos (si no hay engaño: todo puede entenderse, menos las mentiras).

Y sí, Javier Marías lleva unos años repitiendo las fórmulas que le funcionan. Exceptuando aquella publicación oportunista de 2016, “El Quijote de Wellesley” que es mejor olvidar. En “Berta Isla”, la voz narradora principal vuelve a ser la de una mujer (esto no ocupa toda la novela, sin embargo, pero sí buena parte) pero eso ya a nadie sorprende. Una mujer sometida a su relación conyugal cuyo papel es total y absolutamente pasivo, he de añadir. En ningún momento se convierte en un personaje interesante que actúe y dibuje los límites de su propia vida: es como un fantasma que deambula.

Tenemos de nuevo un conflicto de pareja heterosexual y costumbrista en casi todo, con terceras personas y enredos. También personajes bilingües, de clase alta, Oxford-Londres-Madrid, mediados de siglo XX, los Servicios Secretos británicos MI5 y MI6 a los que perteneció en el pasado Sir Peter Russell (1913-2006), viejo amigo de Marías y en cuya biografía tanto se basó y tanto le usó como protagonista, con su nombre o cambiado (Sir Peter Wheeler, aparece también en “Tu rostro mañana” y en “Todas las almas”)... todo lo que ya conocíamos.

Más cosas que ya ha utilizado antes y ya conocemos: personajes secundarios que ya han aparecido de alguna manera en otros libros y a los que se hace un guiño (el pediatra amante, pero hay más); las consabidas digresiones propias del estilo de Marías, largas reflexiones sobre la influencia vitalicia de los actos que llevamos a cabo siendo jóvenes, despreocupadamente, etc. Sin embargo, algo que me gustaba y esta vez me ha fallado, es la también vieja costumbre de tomar fragmentos de las obras de Shakespeare como títulos de los libros.

Pero sin duda, lo más impactante es que ya conocíamos incluso el argumento de “Berta Isla”. Cuando se publicó “Los enamoramientos” en 2011, algunas tiradas incluían un pequeño ejemplar, un cuento largo o novela corta de Honoré de Balzac titulado “Coronel Chabert” al que se hacía referencia y que daba pie a continuas reflexiones sobre cómo nuestro entorno nos borra una vez hemos muerto, y sobre la imposibilidad de regresar para ocupar un lugar del que ya se te ha excluido: una paradoja interesante que daba lugar a largas digresiones.

Pues bien, “Berta Isla” copia exactamente ese argumento, cambiando a los personajes y añadiendo todos esos elementos que ya hemos citado y que se vienen repitiendo en las últimas novelas de Marías desde hace unos años. Por así decirlo, es como si Marías se hubiera obsesionado con esa historia y hubiera querido hacerla suya; como si le gustara tanto, tanto, que no fuera capaz de aceptar que no se le hubiera ocurrido a él antes (y cómo se le iba a ocurrir, si Balzac murió en 1850) y hubiera necesitado escribirla de nuevo. Todo esto es un poco extraño, y por qué no, decepcionante.

A favor de Javier Marías: técnica y recursos literarios
No obstante, también encontramos la prosa fluida y amable del Javier Marías que añoramos sus lectores más fieles; consigue que nos atrape la trama y queramos desvelar el enigma que nos plantea ya en la primera frase, qué demonios pasa con el marido de Berta. También y quizá sin pretenderlo, hace que nos planteemos muchas cuestiones importantes que se derivan de la trama, como lo es por ejemplo la del apego. Existiendo miles de humanos, Berta se obsesiona solo con uno, quien además le ofrece solo una cara que ya ni él mismo sabe si es falsa, y le oculta todas las demás facetas de su vida, le oculta casi todo. Y así lo que vive Berta (la opresión, las dudas, los fantasmas y miedos que generan el hermetismo de su marido), bien puede ser una alegoría del enrarecimiento del comportamiento de una pareja infiel si llevamos este caso a la vida real (no es lo más habitual que tu pareja sea espía de los servicios secretos británicos).

Otro detalle a su favor son esas pinceladas que encontramos diseminadas a lo largo del texto y que hacen referencia directa a fragmentos de novelas anteriores. Son muchas. Pero hay que saberse la obra de Marías casi de memoria para captarlas, eso sí. Pero están y es un juego literario hermoso que siempre usa, me gusta encontrarlas. Me refiero a guiños como la polvareda de los pies que van huyendo que aquí aparece puntualmente y que fue la frase final de “Los enamoramientos” y se dice también alguna vez más a lo largo de la misma novela; u otros como éste, que procede de “Mañana en la batalla piensa en mí”:

p.385 Cuánto miedo habrás tenido. Cuántas infamias habrás cometido, cuánto habrán pesado como plomo sobre tu alma y te habrán herido como hierro afilado.

Ese “como plomo sobre tu alma” procede de:

“Mañana en la batalla piensa en mí, y caiga tu espada sin filo: desespera y muere. Pese yo mañana sobre tu alma, sea yo plomo en el interior de tu pecho y acaben tus días en sangrienta batalla: caiga tu lanza. Piensa en mí cuando fui mortal: desespera y muere”.

Es una maldición shakespereana parafraseada que ha dado lugar a una buena cantidad de títulos en la bibliografía de Marías, y que aparece con más frecuencia en la novela “Mañana en la batalla piensa en mí”, sola o acompañada de otras frases intercaladas: son los mensajes que le transmiten al Rey Ricardo III (Escena III, Acto V) los fantasmas de las personas a quienes ha matado, la noche anterior a una batalla, para que en ella los recuerde, le atormenten, y muera él mismo de una vez por todas.
También tenemos, para mi regocijo, referencias intelectuales que añaden una reflexión y a través de las cuales compruebo que el espíritu del Javier Marías escritor e intelectual sigue vivo y aún nos puede dar grandes alegrías (aunque "Berta Isla" no sea el caso):

p.404 En mis clases había tenido que enseñar a Faulkner (superficialmente), y leí que en una ocasión, al preguntársele por qué sus frases eran tan largas, tan kilométricas, tan interminables, había contestado: “Porque nunca estoy seguro de continuar vivo para comenzar la siguiente”, algo así. 
Quizá a mí me pasaba lo mismo con aquel paréntesis infinito: si lo cerraba temía morir, o mejor dicho, temía matar. Matar definitivamente a Tomás.

“Berta Isla”, entre otras cosas, transmite ese amor por el Madrid de los Austrias tan presente en la obra de Marías: las calles del centro, el rumor de los árboles y el vaivén de las ramas visto desde el balcón de la casa para regocijo de los pocos privilegiados que pueden permitirse vivir en ese área (escena también recurrente en “Mañana…”).

La trama, que en un momento cambia de rumbo y parece traicionarse a sí misma (ojalá no hubiera estado solo basada en Balzac y ofreciera una vuelta de tuerca, no es el caso), finalmente consigue redondearse retomando elementos del inicio que aportan nuevas luces, resuelven cabos sueltos y dan forma al conjunto.

Conclusiones finales
Sobre la cuestión de plagiarse a sí mismo y darnos un refrito de novelas anteriores: quizá el problema de Marías es que se ha puesto un listón exageradamente alto, no puede darnos un “Corazón tan blanco” cada vez, pero qué hace: se pone al nivel o hace una retirada silenciosa a tiempo. Es complicado, quienes le seguimos queremos más publicaciones y ya gestionaremos en la intimidad las decepciones, a mí me vale con que deje de coquetear con la teoría feminista en sus artículos de opinión.

Me pregunto por qué en las dos fotografías del libro (la modelo de cubierta, y el autor en la solapa interior) aparecen fumando los retratados (Marías sin humo que le oculte parte del rostro, pero sí parte de él en tinieblas, la iluminación pésima). Sin ánimo de puritanismo (allá cada cual), las imágenes transmiten suciedad debido a este elemento, si un lector cualquiera está curioseando las cubiertas de las mesas de novedades de una librería y por sí mismo el nombre de Marías no le dice nada, será difícil que se acerque a este libro, el diseño no es atrayente.

Teniendo en cuenta todos los puntos a favor y en contra que he desgranado, también hay que añadir algo más. Y es que “Berta Isla” recupera al Marías relajado que se regocija en todo aquello que le gusta y sabe que le funciona. Es un alivio en el sentido de que la anterior novela, “Así empieza lo malo”, nos transmitía a un Marías triste, furioso y vengativo que utilizaba la literatura (la herramienta a su alcance) para hacer una justicia retrospectiva contra los crímenes franquistas y las injusticias que se cometieron contra su padre y su entorno intelectual más cercano. Aunque eso sea algo que pese sobre el alma del autor y que irremediablemente siempre vaya a estar ahí de alguna manera solapada (y sobre lo que tiene todo el derecho a dejar constancia, y de hacer justicia), en “Así empieza lo malo” era exagerado y casi desplazaba a la literatura como arte, para convertirla en arma arrojadiza.

“Berta Isla” es una buena novela, en fin, si se la toma aislada, independiente, si no se la relaciona con el resto de obras del mismo autor de la que es tan deudora. Sin embargo, para quienes asistimos a la obra de Marías como a un todo interrelacionado, se trata de una pieza menor en comparación a otros grandes hitos, así como disminuida a la fuerza por culpa de su carencia de elementos novedosos; por cruzar la línea de lo aceptable a la hora de tomar préstamos de otros libros anteriores, propios y ajenos. El debate está servido, lean y saquen sus conclusiones, pero sobre todo disfruten de la lectura.

lunes, 16 de octubre de 2017

Los sentidos del sujeto_Judith Butler


"Los sentidos del sujeto" (Herder: Barcelona, 2016), es una colección de ensayos cortos que giran en torno a la función de las pasiones en la formación del sujeto desde un punto de vista fundamentalmente filosófico. Se trata de siete textos escritos entre 1993 y 2012 (bastante desactualizados por tanto, en la introducción se indica que la autora ha modificado, para esta edición, aquellas partes en las que actualmente ya no estaba de acuerdo con lo que había expresado) en los que Judith Butler (Cleveland, EEUU, 1956) critica los aspectos de varios autores con los que no está de acuerdo (Descartes, Marleau-Ponty, Spinoza, etc.), pero va más allá y también hace críticas de otras críticas (de Irigaray sobre Marleau-Ponty, de Kierkegaard contra Hegel, etc.). Entretenido, cuanto menos. No es una lectura fácil (a lo largo de párrafos y párrafos le da vueltas y más vueltas a conceptos muy concretos aportando pequeños cambios de puntos de vista y el lenguaje es muy académico) pero resulta enriquecedora y nos invita a pensar hasta qué punto el exterior afecta en la formación del sujeto, que es impresionable y vulnerable.

Judith Butler es autora de referencia en estudios de género, estableció las bases en sus libros más conocidos como "El género en disputa" (Paidós, 2001), "Cuerpos que importan" (Paidós, 2008), "Cuerpos aliados y lucha política" (Paidós, 2017) ó "Deshacer el género" (Paidós, 2008), pocos ensayos feministas actuales no la citan en algún momento. Algunos fragmentos brillantes de "Los sentidos del sujeto":

p.88 (...) los más variados actos de aparente autodestrucción tienen algo de persistente y de potencial autoafirmador de vida.

*

p.99 Mientras que el duelo parece versar sobre la pérdida de un objeto —la pérdida consciente de un objeto—, los melancólicos no saben qué lamentan. Y en algún punto se resisten a reconocer esta pérdida. Como resultado, padecen la pérdida como una pérdida de conciencia, es decir, de un yo cognoscente. Si este conocimiento es el que afianza al yo, este yo también se pierde, y la melancolía se convierte en un lento desfallecimiento, un deterioro potencialmente suicida. Este deterioro tiene lugar por medio del autorreproche y la autocrítica, y puede tomar la forma del suicidio, es decir, del intento de anular la propia vida debido al desprecio que se siente por esta.

*

p.161 Nos podríamos preguntar si no hay más alternativa que la fe o la desesperación. Según Kierkegaard, así es. La mayoría de los seres humanos viven en la desesperación, y ni siquiera saben que están desesperados. En realidad, el hecho de ignorar la propia desesperación es un síntoma de desesperación. La persona que ignora que tiene ante sí una tarea, que debe librar una batalla por afirmar su yo de este modo tan paradójico, se basa en una serie de suposiciones sobre la solidez de su propia existencia que permanecen sin cuestionar y, por lo tanto, al margen de la dificultad de la fe. Así que parece que existe otro camino hacia la fe que no es el de la desesperación. Pero para Kierkegaard, la fe no provee una solución a la paradoja del yo. De hecho, no hay nada que pueda proporcionar tal solución. El yo es una alteración, un constante ir de aquí para allí, una paradoja viva, y la fe no detiene ni resuelve esa alteración convirtiéndola en un todo armónico o sintético. Al contrario, la fe es precisamente la afirmación de que no puede haber solución. Y puesto que la "síntesis" representa la solución racional de la paradoja, y esta no se puede resolver, de ahí se sigue que la fe emerge precisamente en el momento en que la "síntesis" se demuestra una solución engañosa. Digamos que esta sería la última de las burlas de Kierkegaard a costa de Hegel.

*

p.193 ¿Y cómo funciona en la relación ética entre los sexos que Irigaray imagina y promueve y que entiende como el eje del proyecto de la filosofía feminista? Recordemos que, según ella, universalizar una norma, o sustituir una por otra, serían ejemplos de un procedimiento ético que presupone una posición simétrica de hombres y mujeres en el lenguaje. De hecho, si las mujeres y los hombres se ubicaran simétrica o recíprocamente en el lenguaje, entonces la reflexión ética consistiría en imaginarse a uno mismo en el lugar del otro y en extraer un conjunto de reglas o prácticas a partir de esa sustitución imaginada o imaginable. Pero en el caso de que hombres y mujeres se ubiquen asimétricamente, el acto de un hombre de sustituirse por una mujer en un esfuerzo por lograr una igualdad imaginada se convierte en un acto por el cual el hombre extrapola su propia experiencia a expensas de la propia de cada mujer. En este escenario, según Irigaray, el acto por el cual un hombre se sustituye por una mujer se convierte en un acto de apropiación y borrado; el procedimiento ético de la sustitución, pues, queda reducido, paradójicamente, a un acto de dominación. Por otro lado, si una mujer, desde su posición subordinada en el lenguaje, se sustituye por un hombre, esta se imagina a sí misma en una posición dominante y sacrifica su sentido de la diferencia respecto a la norma. En tal caso, el acto de sustitución se convierte en un acto de autoborradura o autosacrificio.
Podríamos concluir que, para Irigaray, dada su perspectiva, según la cual hombres y mujeres ocupan una posición asimétrica en el lenguaje, no puede haber relación ética.

*

p. 246 El "tú´" es anterior al nosotros, anterior al vosotros y anterior al ellos. Es sintomático que el "tú" sea un término que no encuentre un lugar en los desarrollos modernos y contemporáneos de la ética y la política. Las doctrinas individualistas ignoran al "tú", porque están demasiado preocupadas por enaltecer los derechos del yo, y el tú queda oculto en una forma de ética kantiana que solo es capaz de poner en escena un yo que se dirige a sí mismo como un "tú" conocido. El "tú" tampoco encuentra su lugar en las escuelas de pensamiento a las que se opone el individualismo, escuelas que, en su mayor parte, se ven afectadas por un vicio moral, que, para evitar caer en la decadencia del yo, evita la contigüidad del tú, y privilegia lo colectivo, los pronombres en plural. De hecho, muchos movimientos revolucionarios (que van del comunismo tradicional al feminismo de la sororidad) parecen compartir este curioso código lingüístico basado en una moralidad intrínseca de los pronombres. El nosotros siempre es positivo, el vosotros es un posible aliado, el ellos muestra el rostro del enemigo, el yo es indecoroso, y el tú, por supuesto, es superfluo.


miércoles, 11 de octubre de 2017

QUIÉRETE UN POCO, JODER


Te quiero no nos compromete a nada,

pero calienta el corazón y tira hacia arriba

de los hilos que sostienen las comisuras de los labios.

Simplemente informa de una realidad,

como haría el periodismo objetivo si existiera.

Hace que le pongamos un plato a la belleza en la mesa

y que nos sintamos abrazados a distancia.

Te quiero jamás debería implicar

arrojar todo Disney sobre la cabeza de nadie.

Te quiero no debería ser tabú.

Amar tu identidad no debería ser tabú.

Amar a otre independientemente de su identidad,

no debería ser tabú.

Amar y no follar no debería ser tabú

y follar sin amar no debería ser tabú.

Ya sé que el amor no tiene nada que ver con este insomnio.

Conozco mi lugar en la lista de prioridades,

lo sé todo sobre el egoísmo y las verdades a medias,

tengo la mano sobre el picaporte de la puerta de atrás.

Me enjuago los ojos y leo en el espejo:

quiérete un poco, joder, quiérete un poco.


Del texto: 
© Todos los derechos reservados - Mar López, 2017

jueves, 28 de septiembre de 2017

Querida Ijeawele: Cómo educar en el feminismo - Chimamanda Ngozi Adichie


Leí por primera vez a Chimamanda hace años, a través de sus novelas "La flor púrpura" y "Medio sol amarillo" (dejo aquí el enlace a una reseña que hice sobre ella en 2010, para más información). Más allá de las tramas, lo que desprendía la forma de narrar de esta autora nigeriana, era una bondad infinita, si se me permite la cursilada. Durante años ha encabezado el activismo por los derechos de su pueblo. Y más recientemente, a raíz de la publicación del manifiesto "Todos deberíamos ser feministas" (publicado en la misma colección que "Querida Ijeawele..."), se ha convertido en cabeza visible dentro del activismo feminista.

A modo de anotación al margen, quiero especificar que la lucha de Adichie se encuentra dentro del feminismo negro, que aúna la problemática del sometimiento que ejerce sobre las mujeres el patriarcado de las diferentes culturas, a la presión racista (eres mujer, eres negra: estás jodida). La referencia bibliográfica al respecto es la antología "Feminismos negros" que se encuentra disponible en la web de la estupenda editorial Traficantes de Sueños (se puede leer gratis on-line).

Siguiendo un poco esta idea, en "Querida Ijeawele...", Adichie comenta que sin duda se ha sentido arropada por su entorno en la lucha por los derechos humanos combatiendo el racismo, pero que, sin embargo, ha visto cómo otras mujeres no la apoyaban o, es más, la criticaban, en su lucha feminista. Precisamente, este hecho no es algo aislado y tampoco es contradicotorio, me explico: que las mujeres se sitúen en una posición contraria al feminismo, también es culpa del patriarcado. Estas mujeres tienen tan interiorizada la sumisión que son incapaces de desaprender todo lo que se les ha inculcado desde pequeñas, como para poder empezar a enfrentarse a todas las imposiciones que equivocadamente creen que han elegido libremente. Personalmente creo que ellas son el colectivo al que más urgentemente hay que explicar la necesidad de que se conviertan en seres humanos plenos, y nunca más sometidos. Un fragmento interesante al respecto, es el siguiente:

p. 38 "¿Recuerdas cuánto nos reímos hace unos años de un artículo atroz sobre mí? El autor me acusaba de estar <>, como si <> fuera algo de lo que debiera avergonzarme. Por supuesto que estoy enfadada. Estoy enfadada con el racismo. Estoy enfadada con el sexismo. Pero últimamente me he dado cuenta de que me enfada más el sexismo que el racismo.
Porque en mi enfado con el sexismo a menudo me siento sola. Porque quiero a mucha gente y convivo con mucha gente dispuesta a reconocer la injusticia racial pero no la de género.

No sabría decirte las veces que personas que aprecio, hombres y mujeres, han esperado que argumentara la causa del sexismo, que la <>, cuando nunca han esperado lo mismo para el racismo. (Obviamente en el ancho mundo, demasiadas personas siguen esperando que les <> el racismo, pero no en mi círculo inmediato). No sabría decirte cuántas veces personas que aprecio han quitado importancia o negado situaciones sexistas.

Como nuestro amigo Ikenga, siempre dispuesto a negar que algo sea producto de la misoginia, que jamás se muestra interesado en escuchar y conversar, y siempre parece ansioso por explicar cómo, en realidad, las mujeres somos las privilegiadas. Una vez llegó incluso a decirme que <>. Creía que estaba negando el sexismo cuando en realidad estaba dándome la razón. ¿Por qué <>? ¿Si una mujer tiene poder, por qué tiene que disimularlo?

La excusa para este manifiesto feminista con formato de carta extensa, es la pregunta que una de las mejores amigas de Adichie le planteó tras ser madre de una niña, Chizalum: ¿cómo educar a una niña para que sea feminista, cómo educar en y desde el feminismo? Desde que Adichie es reconocida como feminista, recibe consultas a las que no siempre sabe dar una respuesta rápida. Se trata de asuntos delicados y que requieren de un sólido argumentario, no vale con una respuesta corta y llamativa pero en el fondo vacía (algo tipo tweet).

El librito, de unas 90 páginas, está dividido en quince apartados, en cada uno de los cuales se trata un aspecto del feminismo aplicado a la educación de una pequeña: desde los roles de género a la independencia económica, pasando por la necesidad de adquirir un fuerte acervo cultural o los riesgos del amor romántico.

Adichie escribe transmitiendo calma, paz y amor: su activismo surge desde una perspectiva absolutamente humana que para mí, es tranquilizadora. Además de bondad, como ya comentaba antes, también desprende sabiduría, es maravillosa. Y no me resisto a señalar la fuerza y la luz de su mirada en las fotos.

Uno de mis apartados favoritos ha sido el sexto, que se centra en la cuestión del lenguaje:

p. 44 "Enséñale a cuestionar el lenguaje. El lenguaje es el depositario de nuestros prejuicios, creencias y presunciones. Pero para enseñárselo tendrás que cuestionar tu lenguaje. Una amiga mía asegura que nunca llamará <> a su hija. La gente lo dice con buena intención, pero <> es una palabra cargada de presunciones, de la delicadeza de ella, del príncipe que la rescatará, etcétera. Mi amiga prefiere <<ángel>> y <>.

De modo  que decide tú misma lo que no le dirás a tu hija. Porque lo que digas importa. Le enseña lo que debería valorar. Seguro que conoces esa broma igbo para reírse de las chicas que están siendo infantiles: <<¿Qué haces? ¿No sabes que ya tienes edad para buscar marido?>> Yo lo decía a menudo. Pero ahora he elegido no hacerlo. Prefiero decir <>. Porque no creo que debamos enseñar a nuestras hijas a aspirar al matrimonio.

Intenta no emplear demasiado a menudo palabras como <> y <> con Chizalum. En ocasiones las feministas tiramos demasiado de jerga y la jerga a veces resulta excesivamente abstracta. No te limites a etiquetar algo de misógino, explícale a tu hija por qué lo es y cuéntale cómo dejaría de serlo.

Enséñale que si criticas X en las mujeres pero no lo criticas en los hombres, tal vez no tengas problema con X, sino con las mujeres. Sustituye X por palabras como ira, ambición, brusquedad, tozudez, frialdad, crueldad.

Enséñale a plantearse preguntas como: ¿Qué cosas no pueden hacer las mujeres porque son mujeres? ¿Esas cosas gozan de prestigio cultural? En tal caso, ¿por qué solo se les permite a los hombres realizar las actividades que tienen prestigio cultural?

(...)

En lugar de limitarte a contárselo, muéstrale ejemplos de que la misoginia puede ser descarada o sutil y que ambas son aborrecibles.

Enséñale a cuestionarse a los hombres que solo empatizan con las mujeres si las ven como una posible relación en lugar de como a seres humanos iguales. Hombres que, al hablar de las violaciones, siempre dirán algo del estilo de <>. Sin embargo, los mismos hombres no necesitan imaginar a la víctima masculina de un crimen como su <> para empatizar. Enséñale también a cuestionarse la idea de que las mujeres son especiales. Una vez escuché a un político estadounidense, en un intento de apoyar a las mujeres, hablar de cómo deberíamos <> y <> a las mujeres, una opinión demasiado común.

Dile a Chizalum que las mujeres no necesitan que las reverencien ni las defiendan; solo necesitan que las traten como a seres humanos iguales. En la idea de que las mujeres necesitan ser <> y <> por el hecho de ser mujeres subyace una actitud de superioridad. Consigue que los hombres piensen en caballerosidad, y la premisa de la caballerosidad es la debilidad femenina.

martes, 5 de septiembre de 2017

De "Elogio a la mala yerba", Josefa parra Ramos


Libérame del hondo presagio de la muerte,
del olvido, del vacío, la desmemoria, el sueño.
Haz real mi existencia. Di mi enigma secreto,
antes de que la esfinge del tiempo me devore.
(Sé que sólo tus labios poseen la voz exacta,
la que desata nudos y atemoriza reinos,
la que derriba puertas más allá de la vida.)
Conjúrame delante de los dioses eternos;
ofréceles los dones de tu belleza límpida,
el desnudo perlado de tu pecho; levanta
los vasos de mezcladas esencias, y promete
lo que mi desventura y tu amor te inspiraren.

Quizá se compadecan de tu cuerpo marcado
con todos los estragos que a mí me corresponden.
Quizá, benevolentes, te susurren los justos
sonidos. Luego, amado, nómbrame, y viviremos.

                       *

A PROPÓSITO DE LA NOTICIA DE UN HOMICIDA NECRÓFAGO
No podríais entenderlo.
No cabía mi deseo en sus espacios,
la desbordaba como a un arroyuelo.
Yo, lluvia; yo, torrente.
Era desolador verla desnuda,
mínima y frágil, tras cada combate,
exhausta y triste carne de suspiros.
No bastaban sus pechos.
Me clavaba las uñas en las palmas
por no poder morder sus húmedas mejillas,
delirando de hambre.
La amaba de un amor ilimitado,
con dolor y con vértigo. La amaba;
no podríais entenderlo.
(Perlas graves,
sus ojos estallando entre mis dientes).


De "Elogio a la mala yerba", Josefa Parra Ramos
Visor, 1996

lunes, 4 de septiembre de 2017

10 ingobernables: historias de transgresión y rebeldía - June Fernández


Llego a “10 ingobernables” gracias a las acertadas recomendaciones literarias de la actriz Amarna Miller. En este libro se cuentan diez historias recogidas por June Fernández entre 2012 y 2016 en diferentes lugares de España y América Latina. Todas ellas tienen en común una perspectiva feminista y un pasado de lucha y opresión machista y/o heteropatriarcal de mierda: historias feas de maltratos físicos y psicológicos sufridos por el colectivo oprimido formado por mujeres (agredidas por el hecho de ser mujeres), hombres gays (y hasta aquí los únicos cuya problemática tiene cierta visibilidad en la sociedad), lesbianas, bisexuales y personas no binarias, intersexuales y un largo etcétera.

p.7 Tiene barba porque su cuerpo de mujer es así. No le da la gana afeitársela.

Según avanzo en la lectura con los pelos de punta y el corazón encogido, me doy cuenta de que acercarme a estas historias es una necesidad para mí, suponen una fuerte dosis de cruda realidad y son un ejercicio de empatía en sí mismos. Recuerdan que hay muchas formas de ser humano, y que ser inhumano no es una opción válida.

p. 9 Cuando la escritora Jeanette Wintessen, recién cumplidos los dieciséis años, le contó a su madre que se había enamorado de una chica, esta le espetó: “¿Por qué ser feliz si puedes ser normal?”

“10 ingobernables” es uno de esos libros que da gusto sostener entre las manos, no sólo por su preciado contenido sino también por lo bien editado que está. Antes de cada capítulo nos ofrece una caricatura sencilla (todos los dibujos realizados por Susanna Martín) del personaje que va a protagonizar la siguiente historia, y es curioso verlo al principio sin que nos transmita casi ninguna información, y regresar a él después de conocer su odisea personal y haberle tomado cariño, algo así como ponerle cara a su historia a pesar de haberlo visto antes de tener datos.

p.42 Antar no nació en el cuerpo equivocado. La sociedad se equivoca cuando le exige que elija, que se posicione, que se identifique como mujer o como hombre, porque si no, es un monstruo.

p.45 Antar no quiere pedir permiso a la psiquiatría y tampoco quiere un cuerpo con cicatrices. No es su cuerpo el que hay que corregir.

Otra cosa que me gusta mucho de este libro, es que está plagado de referencias bibliográficas que enriquecen el contenido precisamente porque le añaden la posibilidad de seguir leyendo. Es palpable que su autora, June Fernández (Bilbao, 1984), creadora de Píkara magazine, es un gran referente en el feminismo español de los últimos años, cuyo trabajo visibiliza la realidad de mucha gente oprimida por un sistema social y político arcaico e inválido, que prioriza cuestiones políticas y económicas a las vidas humanas.

p.64 Como buenos okupas, no accedieron a la negociación. Juanita se recuerda abrazada a otras quince personas dentro del edificio, viendo cómo la pala de la excavadora se cernía sobre el techo de uralita. “Los policías nos cogieron una por una en brazos”, cuenta con coquetería, como si una parte de ella hubiera disfrutado de ese instante de película de Hollywood.

p.72 ―¿Cómo vas a pasar la Nochevieja, Juanita?
―Igual con las amigas del pueblo, pero tampoco me importa pasarla sola. Hago mis rituales.
―¿Qué rituales?
―Me los invento. Con el fuego es fácil. O hago como las brujas: me fumo un porro de más, y vuelo.

También me gusta de “10 ingobernables” la manera en que está escrito, con frases igual de descriptivas que emotivas, nos acercan a unas vivencias muy dolorosas pero con la dosis de humor necesaria para seguir luchando.

Leo historias de años de agresiones, de inexistencia o ineficacia de la justicia; historias en las que a la pobreza se unen gustos o formas de ser que se salen de lo normativo y que dificultan aún más el salir adelante mientras todo tu entorno te resulta hostil. Y sin embargo me siento incapaz de sentirme feliz por mis privilegios de mierda. Mi coeficiente intelectual, mis medidas corporales o el color de mi piel no me suponen conflicto alguno, no tengo carencias afectivas que me obliguen a entablar relaciones insanas, ni frustraciones internas que necesite desahogar con nadie. O bien establezco relaciones sanas y 100% libres, o hago planes a solas sin que nada ni nadie me impida disfrutar de mi libertad e independencia (home is wherever I’m with me).

Y sin embargo, salgo a las calles de Madrid, que se ha convertido en una selva de acoso sexual callejero, y lo más bonito que respondo a diario a los machitos de mierda, es que se mueran. Nunca una lesbiana me agredió por la calle, luego el problema no radica en el espacio que ocupo en el mundo o en la imagen que proyecto en público: el problema son los tíos. Nuestros privilegios como mujeres jóvenes, independientes, emancipadas, tatuadas y vestidas como nos da la gana, se transforman en un problema cuando tenemos miedo de volver solas a casa por la noche; o cuando incluso a plena luz del día y por el centro, se acerca de frente por la acera un tío y nos sorprendemos pensando “ojalá que no le guste, ojalá que no me diga nada”.

Tener inquietudes culturales e intelectuales no mejora mucho las cosas en según qué situaciones, una vez salimos de entre las estanterías: por ejemplo, la inmensa mayoría de nuestros ligues potenciales masculinos, sólo valoran unos cánones de belleza preestablecidos que a veces pueden ser matizados por filias personales (con las chicas funcionan otros códigos). En el caso de que nuestra materia gris les sirva como aliciente, lo hace en tanto en cuanto apuntarse el tanto cuenta doble, “Wow, he conseguido engañar a la sabihonda comelibros, +20”.

Leo otras realidades de la mano de June Fernnández y se reafirma mi capacidad para la empatía mientras pienso que a pesar de que mi vida no es perfecta, lo he tenido muy fácil. Pero también a veces siento que me ahogo y que me choco contra un techo invisible de cristal, soy humana y necesito desahogarme.

Mi absurdo privilegio por nacer en un lugar que no elegí, se acaba cuando viajo a algún lugar de fuerte tradición racista, o escucho según qué comentarios despectivos y de repente me siento guiri, paya, gallega, yuma, bárbara, extranjera; charnega en el ¿país? que inventó lo de sudaca y pan tumaca. Pero quién les ha metido qué coordenadas de qué fronteras a la gente. Tienen muchos motes para nombrarme todos aquellos a quienes yo solo veo humanos mientras sigo siendo incapaz de distinguir líneas raras en el suelo.

No soy tan pendeja (este término se usa en México y me hace gracia usarlo a veces) como para querer cambiarme la vida por la de quienes lo tienen absolutamente todo en contra, pero a la vez me siento incapaz de creerme superior a cualquier ser humano a causa de mis privilegios de mierda. Mis privilegios no me hacen feliz, o no soy feliz, en fin, a pesar de mis privilegios.

Este libro me ha hecho replantearme de nuevo muchas cuestiones y creo que es válido para una gran cantidad de tipos diferentes de lectores, así que lanzo mi recomendación para que a quien le apetezca la atrape al vuelo.

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