martes, 9 de enero de 2018

Morir no es lo que más duele - Entrevista a Inés Plana


La editorial Espasa acaba de publicar la que en mi opinión, será una de las novelas que rompan récords en 2018, "Morir no es lo que más duele", escrita por la periodista Inés Plana. Se trata de una novela negra que transgrede los límites del género, a base de crear unos personajes redondos de gran profundidad psicológica. Por otra parte, la redacción es tan cuidada y delicada en todo momento, que roza el lirismo, dando lugar a una prosa hipnótica que junto a la trama criminal, atrapa al lector desde la primera página. 

Estaba tan fascinada por esta maravillosa lectura, que quise entrevistar a su autora para saber más, a través de preguntas que ahondaran tanto en la trama como en el proceso de escritura que la precedió. Inés Plana fue muy amable recibiéndome y aquí está la conversación que tuvimos, espero que la disfruten porque sus respuestas aportan muchísima luz... ¡y que luego corran a los estantes para hacerse con un ejemplar de la novela!


Mar López - Buenas tardes Inés.
Inés Plana - Buenas tardes.
ML Muchísimas gracias por recibirme y enhorabuena por la publicación de “Morir no es lo que más duele”, me ha encantado, enhorabuena.
IP ¡Muchas gracias!
ML Quería hacerte unas preguntas sobre la novela, así que si te parece, empezamos.
IP Cuando quieras.

ML Para empezar yo quería saber cómo surgió: “Morir no es lo que más duele” es tu primera novela, ¿qué sucedió, qué resorte se activó para que surgiera esa chispa y tú decidieras seguir su estela?


IP Buceando en la génesis de esta novela, la primera imagen que desencadenó la trama fue un viaje en tren al amanecer, bordeando la costa. Yo estaba ensimismada en la ventanilla contemplando el mar cuando, de repente, irrumpió la imagen de un hombre ahorcado en un árbol. Vi su silueta inesperada y me quedé totalmente impactada. La gente iba corriendo hacia él, pero el tren avanzó y ya no pude saber qué había ocurrido. Pero la imagen de ese ahorcado, el primero que veía en mi vida (y espero que sea el último), me quedó grabada. A partir de ese suceso empecé a pensar sobre los motivos que le habrían llevado a suicidarse, si es que se suicidó o sucedió otra cosa, nunca lo supe. Empecé a desarrollar una trama en torno a un hombre ahorcado y luego quizá fue un libro o quizá fue una película los que contribuyeron a trabajar sobre la idea de cómo el destino puede retorcer la vida de las personas hasta llevarlas al límite.

ML ¿Y cómo fue la experiencia de calzar las botas de repente de personajes tan ajenos a ti, a tu vida, a tu día a día, como pueden ser el cura, los guardias civiles, la psiquiatra… (que son personajes que encontramos aquí)?

IP Soy periodista, tengo muchísima curiosidad por las cosas, estoy abierta a saber, a conocer… Y siempre he sido muy fabuladora. Mi padre me lo inculcó, que era un gran fabulador de historias, y supongo que eso se me ha quedado. Me gusta inventar vidas, pero una vez inventadas llega lo más complejo en una novela, que es dotarlas de vida a través del lenguaje, dotarlas de psicología, adivinar cuáles pueden ser sus reacciones ante sus encrucijadas, sus dilemas, sus enigmas. Uno siempre tiene que intentar que los personajes no se queden en meros arquetipos. Hay que poner carne sobre el hueso, vestirlos y, sobre todo, dotarlos de matices, incluso a veces de ambigüedad, porque al fin y al cabo los humanos somos seres contradictorios.

ML ¿Y hay algún personaje por el que tú sientas alguna debilidad especial?

IP Siento debilidad y cariño por todos, lógicamente. Sara es el personaje más complejo. Es una mujer destrozada, devastada, que se resiste a lo que le ha sucedido, se resiste a afrontarlo. Realmente es de una complejidad inmensa, porque da muchos bandazos sobre ella misma, sobre su propia personalidad y sobre sus propias emociones. Tengo mucho cariño por Adelaida, una mujer independiente, enamorada de su profesión de psiquiatra, que cree en la humanización de la medicina, en no ceñirse al procedimiento, a las pautas ya establecidas, porque cada persona, cada mente, es un mundo. También he disfrutado muchísimo creando al teniente de la Guardia Civil Julián Tresser,  sobre quien recae el peso toda la trama y que de alguna manera vehicula al resto de los personajes. Una persona que es guardia civil, con un oficio durísimo, se encuentra de repente con que sucede algo en su vida que le rompe la psicología en mil pedazos. En ese momento es un ser humano enfrentado posiblemente a un infierno al que tendrá que bajar para luego volver a subir y salir de él.

ML ¿Y cómo llegó la novela a una editorial tan importante como Espasa?

IP Fue un proceso absolutamente mágico, a mí me gusta que me sucedan cosas mágicas, y yo creo que ése fue quizá uno de los momentos de felicidad plena en mi vida. Cuando terminé la novela, una gran amiga mía, la periodista Amparo Mendo, leyó el manuscrito y le gustó mucho. Ella había publicado ya un libro en el Grupo Planeta y tenía algún que otro contacto. La novela llegó a Espasa, a la que hoy es mi editora, Belén Bermejo, quien encargó un informe y el resultado fue muy bueno. Ahí empezó todo lo maravilloso, porque Espasa decidió publicar ni novela. Pensamos que la felicidad no existe, pero en ese momento yo sí que la toqué con los dedos, o me tocó ella a mí.

ML No te has conformado con una trama envolvente, o unos personajes estereotipados que es lo que vemos en este tipo de novela, de género negro, sino que has dotado de belleza a cada frase dando lugar a una novela negra que está escrita de una forma casi lírica y que toca temas sensibles, sociales, que están ahora mismo en boca de todos, en las noticias… temas muy poco comunes en este tipo de novelas. Quisiera saber si tú eras consciente, mientras escribías, o una vez que ya la habías escrito, de que podrías estar incluso transgrediendo el género negro.

IP Gracias por decirme que la novela a veces roza lo lírico, es muy bonito. En realidad no he sido consciente ni he tenido la intención de transgredir género alguno. Si escribes con esa intención, llegarás con la novela a mal puerto, porque saldrá impostada, artificiosa. Únicamente me puse a escribir, sin pensar en géneros. Está claro que esta novela es sórdida, es oscura, es negra, pero no me planteé nada, simplemente me enamoré de una historia y me puse a escribirla con toda la valentía que me fue posible, y con mucha humildad, porque la escritura es un proceso muy difícil y muy complicado, pero en todo caso, siempre muy gozoso.

ML ¿Y hay alguna música que te inspirara, antes o durante la escritura? ¿Cómo te inspirabas?

IP Había momentos en los que necesitaba silencio absoluto, una concentración total en el mundo que yo estaba creando. Pero había otros en los que sí necesitaba la música, las imágenes que genera en la mente, las emociones, las sensaciones… Como a mí me gusta muchísimo el cine, escuché algunas partituras del gran Ennio Morricone, especialmente las de las películas“Érase una vez América” y “Novecento”, que me aportaron el elemento dramático y emocional que en ese momento necesitaba y que me insuflaron ánimo para seguir adelante.

ML ¿Y te gustaría que tus lectores se lo pusieran de fondo mientras la leen?

IP ¡Por supuesto! Son partituras magistrales, maravillosas, que te evocan muchísimas imágenes y que conmueven. Si los lectores se animan a leer “Morir no es lo que más duele” con la misma música con la que yo la escribí, quizá sea una bonita experiencia.

ML Es la forma en que unas obras de arte te llevan a otras…

IP Exactamente. Creo que es necesario tener cierta educación estética, tanto para escribir como para enriquecer la propia vida. Pienso que nos hace mejores.

ML ¿Y quiénes son tus referentes artísticos principales, tus artistas de cabecera?

IP Me gusta leer y tengo varios referentes. La lectura es fundamental para alguien que quiere escribir, porque en los buenos libros, así como en la música, en la pintura, en la belleza en sí, en definitiva, siempre hallas respuestas e inspiración. Si tuviera que señalar algunos referentes literarios que han marcado épocas de mi vida te hablaría de Thomas Mann,  Julio Cortázar, Doris Lessing, Arhur Connan Doyle, Edgar Allan Poe o Clarice Lispector. En la novela negra, y sin dejar de mencionar a Henning Mankell, admiró especialmente a dos mujeres: Patricia Highsmith y Ruth Rendell. Me gustan de Highsmith sus atmósferas inquietantes, su tratamiento de la culpa y el crimen, su maestría para  introducir la oscuridad en las situaciones más banales y cotidianas. Hay dos novelas que a mí me parecen extraordinarias, que son “El diario de Edith” y “El grito de la lechuza”. De Ruth Rendell admiro cómo retrata a los personajes, cómo les exprime todo su jugo, y me fascinan esas realidades morbosas y extrañas que a veces describe. Suelo leer también poesía, porque me da vida, me eleva el espíritu y me anima a elevar el lenguaje cuando escribo. Mi padre era un gran lector de poesía y no había día, ya desde muy pequeña, que no me leyera un poema. Ahora disfruto especialmente con poetas como Antonio Gamoneda, Jaime Gil de Biedma y, muy especialmente, con Emily Dickinson.

ML Emily Dickinson está muy presente en “Morir no es lo que más duele”, el título procede de uno de sus versos y también hay muchas citas incluidas a lo largo de la novela.

IP Sí, es una poeta a la que amo profundamente. Efectivamente, el título de mi novela está inspirado en uno de sus versos:“No es morir lo que más duele, es vivir, que duele más”. Es una poeta con la que siento una conexión inmensa. Su poesía es quizá oscura, atormentada, pero tiene muchos puntos de luz. Vivió a finales del siglo XIX y escribió sus poemas casi en secreto. Le tocó vivir en una sociedad muy puritana, muy calvinista, eso supongo que amordazó sus inquietudes, y aún más por su condición de mujer. Su destino vital no difería del asignado a la mayoría de las mujeres en aquella época: o casarse o quedarse solteras para cuidar a los padres cuando envejecieran. Pero ella luchó a favor de sí misma, escribió cientos y cientos de poemas y se ha convertido en una de las voces poéticas más importantes de la historia de la poesía. En mi novela, Dickinson se convierte casi en un personaje más a través de Sara, que la lee con devoción y con tanta pasión como la que desplegó la propia poeta.

ML Hay muchos mensajes que podemos extraer leyendo “Morir no es lo que más duele”, para mí uno de ellos sería que a veces se necesita que pase mucho tiempo para que se solucionen problemas muy complejos; o por otro lado, que el pasado nos configura el presente, nos guste más o menos. ¿Hay algún mensaje que tú no quisieras dejar pasar por alto, algo que quisieras que llegara sí o sí a todos tus lectores?

IP Yo no soy quién para transmitir ningún mensaje a los lectores, pienso que la lectura es un acto introspectivo de cada lector y cada uno se identifica más o menos con lo que lee. Me conformaría con que todas las vidas rotas que hay en “Morir no es lo que más duele” y el modo en cómo se van recomponiendo suscitaran alguna reflexión sobre la condición humana, sobre lo que somos ante lo que nos sobrepasa, porque a todos los personajes de mi novela les ocurre algo que es más grande que ellos mismos.

ML Cambiando un poco de tema, la maldad está muy presente en tu novela, quisiera saber si a ti te parece que en esta sociedad hay veces que escondemos la maldad detrás de eufemismos como “trastorno mental”.

IP Cuando vemos las atrocidades cometidas por un criminal de guerra, por ejemplo, es fácil enmascarar su maldad tras la locura o la enajenación, pero normalmente no es así. Sus crímenes son producto de la ideología fanática del odio. Pueden ser psicópatas, pero no locos. La psicopatía no es un trastorno mental, sino que es fruto de una personalidad anómala. Son personas crueles, sin conciencia del bien y del mal, sin empatía con los demás. No les importa el sufrimiento ajeno y, si pueden hostigar y hacer sufrir, lo hacen, y con cierto placer. Son narcisistas, mentirosos patológicos, manipuladores. Sólo un porcentaje mínimo de psicópatas llegan a cometer un crimen. La mayoría de ellos vive entre nosotros como personas normales y aceptadas por la sociedad, lo cual no deja de ser inquietante.

ML Caminamos un poco más sobre el fango, quería que hablásemos sobre el estigma de la violación, también presente en tu novela. Hoy en día hay ya una cultura de la violación como tal en nuestra sociedad. Estamos en 2018 y aún hoy se sigue culpando a la víctima, las víctimas siguen renunciando a denunciar a sus agresores quizá muchas veces por miedo a represalias, por miedo al estigma social que se desprende de ir a denunciar esto. ¿Hay esperanza en la lucha feminista actual que se está llevando a cabo en este sentido, crees que vamos a presenciar un cambio real en todo esto?

IP Yo creo que sí. De entrada, me parece incomprensible que en el siglo XXI y en las sociedades avanzadas y democráticas se siga violando a mujeres, que no podamos salir solas a determinadas horas o por determinados parajes solitarios sin arriesgarnos a una agresión sexual. Eso me parece absolutamente intolerable. Además, muchas mujeres que denuncian y van a juicio casi tienen que pedir perdón por haber sido agredidas. No es extraño, pues, que la mayoría no denuncien para no enfrentarse a ese calvario judicial al que las someten las defensas jurídicas de los acusados, con argumentos a veces tan ofensivos y dolorosos. De todos modos, el movimiento feminista ha conseguido muchísimo y se han dado pasos de gigante en los que se han implicado muchas jóvenes a través de las redes sociales. Además, en otras sociedades donde a la mujer se le asigna un rol casi medieval se están dando pasos pequeñitos que a nosotras, con las conquistas que como mujeres hemos conseguido, pueden parecernos nimios, pero a mí me ilusiona que en Arabia Saudí, por ejemplo, las mujeres puedan ya conducir coches. Es un paso pequeño pero importantísimo que puede abrir la puerta a otros más grandes. Creo en el poder del feminismo para cambiar las cosas, para lograr la igualdad real y para erradicar de una vez esa lacra que es la violencia contra las mujeres.

ML Ojalá. Ya para terminar quería saber si tendremos segunda parte de “Morir no es lo que más duele” porque yo como lectora ¡me he quedado con ganas de más! ¿La historia continúa, los lectores podremos saber qué pasa con muchos personajes que, aunque la historia se cierra y es autoconclusiva, quedan muchas historias en el aire? ¿Qué nos puedes contar, en qué trabajas actualmente?

IP “Morir no es lo que más duele” es una novela que acaba en sí misma, pero ya estoy trabajando en la segunda, siguiendo la peripecia vital del teniente Tresser y de otros personajes de mi primera novela.

ML Esperamos con mucha ilusión entonces que salga esa segunda parte, por ahora disfrutamos de la primera y espero que también estés disfrutando de todo el proceso de la publicación y te deseo muchísima suerte, todos los éxitos. Y muchas gracias por esta entrevista.

IP Muchas gracias a ti, y muy agradecida de que me hayas abierto las puertas de tu magnífico blog literario “El mar de letras” para contar cosas sobre mi novela.

ML Un placer, ¡gracias Inés!

IP ¡Gracias!


lunes, 8 de enero de 2018

La edad de la ignorancia - María Alcantarilla


“La edad de la ignorancia” está galardonado con el Premio de Poesía Hermanos Argensola 2017. Si aún son de ese tipo de lectores que piensa que los libros premiados no tienen calidad, aquí traigo éste para desmentirlo. La poeta María Alcantarilla ha reunido en este volumen un buen puñado de poemas maravillosos que fascinan por su capacidad para crear imágenes con palabras y por su destreza con el uso del ritmo interno.

La carrera de María Alcantarilla se desarrolla entre la poesía y la fotografía: ha publicado otros poemarios como “Ella: invierno” (Valparaíso), “El agua de tu sombra” (Musa a las 9), “La verdad y su doble” (Sonámbulos) y la novela “Un acto solitario” (La Isla de Siltolá); pero también podemos ver en su Instagram (@m.alcantarilla) algunas de sus imágenes sugerentes en blanco y negro acompañadas de pies de foto evocadores.

Qué nos querrá decir nuestro niño interior
Hay algunos temas recurrentes en los poemas que se recogen en “La edad de la ignorancia”. Precisamente, la primera idea que se me viene a la mente al leer el título, es que hace referencia a la infancia, y es justo sobre la infancia y el concepto del niño interior sobre los que tratan algunos de los (mejores) poemas.

En este sentido, tenemos una serie de tres piezas (“La hija que no tuve”, 1, 2 y 3) que son sencillamente preciosas, una virguería, en las que la poeta se dirige al lector explicando las cosas que hace la hija que no tuvo cuando la observa. Son poemas extremadamente vitalistas y coloridos en los que reír, bailar y saltarse todas las normas impuestas. Me parece evidente que la poeta utiliza esa figura de niña fantasma que está porque la ve, pero no está al mismo tiempo, para referirse más bien a su niña interior, al instinto de vivir cada momento abstraída por aquella primera inocencia que hacía que todo fuera más real y más bonito, despojada de la capa gris de la vida adulta y sus miles de imposiciones sociales.

LA HIJA QUE NO TUVE (3)
La hija que no tuve me llama por mi nombre
y se desdice en todas las vocales.
Juega a confundir nuestros papeles
como el viento confunde nuestras caras
y amenaza con un nuevo bautizo cada día
y se acuclilla en pos de cada río.
La hija que no tuve me recuerda al ser
que un día fue niño en mí y fue misterio.
Al verla, me gusta convencerme de los días,
mirarla y ver en ella la verdad y los milagros.
La hija que no tuve trae a casa a los huidos
y les habla de la familia
con una mansedumbre
que recuerda más a un alma anciana.
Reparte los cubiertos
y separa las sillas del abismo
―y sirve el pan―
como si todos fuéramos iguales
y pudiésemos cambiar nuestro destino,
volver a reencontrarnos al comienzo
y cumplir al fin cada promesa.

Arte comprometido: intercambio de roles y género fluido
Algo más que me ha emocionado leyendo estos poemas es la forma en que la autora juguetea con la idea del intercambio de roles femenino y masculino. Sabemos que escribe una mujer porque el nombre que se nos muestra en la cubierta es femenino, pero eso no debería de interferir a la hora de llevar a cabo nuestra lectura. Algunos de los poemas hablan en primera persona del singular y en masculino, y de esa forma se juguetea sin miedo con el gender fluid, el intercambio de roles, se investiga el lado femenino y masculino que habita en cada uno de nosotros: estos poemas parecen indicarnos que dejemos que todo fluya y no nos pongamos barreras, que a fin de cuentas femenino y masculino es tan solo lo que se nos ha dicho que sea (un constructo social).

(…) Reconozco a menudo al hombre que me habita / y le saludo como a un nuevo convidado / a mi presente
*
(…) Yo mujer, / yo hombre de nadie y a quien nadie puede ver / mientras insisto en darme por vencido

Pasa algo entre las líneas de los poemas de María Alcantarilla: su control del ritmo es tan brutal que parece que escribiera añadiendo la letra a una partitura bien medida, tiene un manejo hipnótico del ritmo interno. Hasta el punto de que el tema que se trata en muchos poemas pasa a un segundo plano porque la imaginación del lector se queda bailando entre las letras. Son poemas que demuestran el trabajo que hay detrás de cada texto, y que no se trata solo de un momento de inspiración sino que incluso la elección de una u otra palabra en un poema puede ser clave para que el conjunto brille, o para dar al traste con la que podía ser una buena idea de partida.

Algunos de estos poemas son narrativos; otros, mucho más libres y evocadores. Pero no encontramos uno mediocre o malo, todos son increíbles.

UN DÍA DE LLUVIA
Hace falta algo más que un día de lluvia
para limpiar los pies de quien camina.
Algo más que descalzarse en los hogares,
descalzarse ante el amor y su resaca
como el mar inflamado
cuando el astro aspira a poseerlo.
Algo más que la miseria asaltándonos la voz
Mientras mentimos al otro y le mentimos
a quien somos y a quien fuimos;
hace falta algo más que una intención
para enjuagar el alma de temores,
algo más que dulcifique al vivo y al descalzo,
que nos ate el alma al pie
mientras la lluvia cae y nos recuerda.
Cuatro secciones y ningún prólogo

Lo complicado es encontrar un poemario que no esté precedido por algún prólogo. A menudo los poetas piden a sus colegas (a los que tienen un nombre más conocido, para que apadrine el libro, le aporte valor y sirva como argumento de venta) que escriban un prólogo para su próxima publicación. “La edad de la ignorancia” no tiene prólogo ni lo necesita, hay muchos libros que no necesitan ser explicados, ni ser precedidos de ningún tipo de texto introductorio: a menudo se toma al lector por tonto, se le añaden un puñado de páginas innecesarias. Hay prólogos estupendos y muy informativos, pero es también un arma de doble filo: un mal prólogo afea el libro como la mala elección de un sombrero, una corbata o un chaleco puede estropear todo un conjunto.

Simplemente, los poemas se agrupan en cuatro secciones, a saber: “Por descuido”, “El visitante”, “Las duraciones” y “La edad de la ignorancia”, que da título al libro. Como ya he indicado, todos los poemas me han parecido excepcionales, pero quizá sea el conjunto recogido en “El visitante” el que más me ha cautivado. Bajo este título se agrupan una serie de poemas que giran un poco en torno a esa idea de explorar tanto la parte femenina y masculina de cada uno de nosotros, y son poemas en los que la poeta explora a veces como un animal herido, o aturdido, o como una criatura que acaba de llegar y no conoce aún su entorno. Mira hacia fuera y hacia dentro, y si me ha transmitido esa sensación de desvalimiento es porque quizá no haga falta acabar de llegar al mundo para sentirse perdido, basta con hacerse las preguntas oportunas para que, en cualquier momento, toda nuestra realidad se desmorone.

Sea como sea, este poemario no tiene desperdicio, cada vez que lo releo encuentro nuevos matices agazapados. Ha sido una maravillosa coincidencia descubrirlo porque aún no había leído a la autora, de quien solamente me sonaba de lejos y de oídas su nombre. Por supuesto que a partir de ahora la tendré muy presente, desde aquí quiero lanzar mi enhorabuena a María Alcantarilla por un trabajo tan bien hecho. Recomiendo “La edad de la ignorancia” como una de las mejores lecturas poéticas que he tenido en mucho tiempo, y espero que la disfruten al menos tanto como yo lo he hecho.


domingo, 31 de diciembre de 2017

Libros favoritos de 2017


Estos han sido mis libros favoritos de 2017, mis mejores lecturas. Apenas suponen un 10% de las lecturas de todo el año, así que si han llegado hasta esta lista, para mí tiene mérito.

La mitad son libros de poesía o extremadamente líricos, como lo es Pascal Quignard cada vez que se coloca delante de una hoja en blanco. La voz puramente poética es casi exclusivamente femenina, por la sencilla razón de que ya han estado acalladas demasiado tiempo. Así pues, John Keats (gracias a él conocí en marzo una Roma que no sale en ninguna guía de viajes para turistas cegatos, y le leí incansable) se rodea de mujeres: Josefa Parra, María  Alcantarilla y Sharon Odds, a las tres las descubrí este año y a las tres les sigo el rastro muy de cerca porque son maravillosas. Amanda Palmer y Neil Gaiman sólo me dan alegrías y por eso les amo, son una pareja tan entretenida, imaginativa, brillante y original que únicamente puedo estar pendiente de cada nueva locura que den a luz al mundo. Alistair Bonnett me llevó de viaje por lugares extraños aportando reflexiones filosóficas, mientras yo viajaba a mi vez buscando el sosiego en las playas nubladas del norte en invierno, y finalmente redescubrí a Patricia Highsmith a través de esta maravillosa historia lésbica tan sutil con final feliz.

domingo, 24 de diciembre de 2017

Foucault para encapuchadas - Manada de Lobxs


"Foucault para encapuchadas" no es un libro que espere ser reseñado. Es una herramienta para la lucha diaria, un manual terminológico básico para todo aquel que detecte la heteronorma imperante en la sociedad, y renuncie a formar parte de ella, así como del binarismo que embrutece a las masas, y al capitalismo hostil.

Lejos de conformarse con migajas, "Foucault para encapuchadas" no pretende que se incluya a las minorías para que pasen a formar parte del sistema haciéndoles un favor, no quiere bodas de gays ni lesbianas paridoras: quiere destruir el sistema. Aquí se denuncia lo que hay tras la máscara de lo gay friendly, la sociedad que a diario humilla, segrega y nos ataca con violencia física y verbal. La farsa detrás de la supuesta inclusión de todo aquel que no cumpla los requisitos para ser admitido.

Todos los textos se basan en la obra de Michel Foucault, Judith Butler, Gilles Deleuze, Felix Guattari, Tiqqun, Beatriz Preciado, Paco Vidarte, Monique Witting y muchos más. El enfoque parece claro, y personalmente me parece absolutamente correcto.



p. 11
La mujer es el artefacto político que no consigue asumir la soledad, siempre en busca de quién la complete, de quién la ampare, la proteja, la cobije, la resguarde, siempre esperando al príncipe o -la princesa- azul, siempre aguardando algo que estimule su abúlico tedio existencial femenino hegemónico de ángel del hogar sin más afirmación que su melancolía. La soledad en el desierto es la forma que reviste el medio de encuentro de quien procura desertar de las formas del yo-soy- mujer, llevándose en la retirada y el éxodo las armas y los afectos necesarios.

Nos borramos, difuminamos el universal que en nuestra especie humana heterocentrada propaga la muerte de todos los existentes para emprender la fuga, el exilio, fuera de los estratos del control, fuera de las lógicas binarias varón- mujer/humano-animal/heterosexual-homosexual, combatimos para devenir múltiples. No más lágrimas.

p. 25
Es decir, los malos e indóciles sujetos de las políticas sexuales que no dejan dormir en paz al bebé concebido con la costosa inseminación artificial de la amorosa pareja lésbica profesional blanca y exitosa, que se ha casado por civil para poder heredarse los bienes de la propiedad privada obtenidos en cargos gerenciales como periodistas clasificadas. Cualquier parecido con tu jefa no es pura coincidencia.

p. 32
El devenir no constituye un punto de llegada, ni una evolución ni algo en lo que hay que transformarse. Tampoco se trataría de una identidad disidente o una mera alteridad opuesta a la hetero-norma, como la de los homosexuales. No es algo que se produzca al nivel de la imaginación o del sueño, ni una imitación que responda al orden de la identificación, ni al de la asimilación, no tiene que ver ni con ser, ni con parecer, ni con producir, ni con equivaler...

Por el contrario, el devenir es una expresión relativa a la economía del deseo, cuyos flujos proceden mediante afectos, el contenido propio del deseo, ya que desear es pasar por devenires. Todo devenir forma un bloque que supone el encuentro o relación de dos términos heterogéneos que se desterritorializan mutuamente. Molecular, minoritario, nómade, opera mediante la disolución del orden molar de las identidades. El devenir pertenece al orden de la alianza (no de la filiación) y del rizoma (distinto de un árbol genealógico); siempre una multiplicidad (a diferencia de las identidades que suponen individuos que las encarnan) en vinculación con una micro-política de contagio y de afectación (la epidemia es anti-herencia: no heredamos la disidencia del movimiento LGTB), entendiendo los afectos no como sentimientos personales sino como potencias de manadas que hacen vacilar el yo.

p. 34
De hecho, el cuerpo heterosexual es uno de los artefactos del Capitalismo Global Integrado Heterosexual más exitoso en el arte de gobernar con los que cuenta la sexopolítica decimonónica, producto de una división del trabajo de la carne según la cual cada parte del cuerpo se define respecto a su función reproductora y productora de feminidad o masculinidad (es decir, la estratificación). En tanto régimen político, el CGIH opera desde la heterosexualidad para asegurar la relación estructural entre producción de identidad de género (femenino/ masculino) y la distribución sexuada de ciertos órganos (llamados “genitales” u “órganos sexuales o reproductivos”) y no otros, según un orden binario que se pretende estable y definitivo. El régimen otorga a cada parte de nuestro cuerpo una función única y por supuesto heterosexuada, convirtiendo -subrepticiamente- los órganos de reproducción en órganos sexuales. Lo que estamos queriendo decir es que si por casualidad tu placer sexual adulto pasa por chuparte el dedo gordo, este sistema de ordenamiento de los hechos humanos y no humanos, conscientes y no conscientes, te establecería como perverso, y luego pasarás a ser objeto de control, corrección y normalización dentro de las lógicas heteronormativas. Pero no nos quejamos, no queremos que nuestra perversión sea aceptada, lo que deseamos es destruir este régimen.

p. 43
Heterosexuales paridoras de misóginos, criadores de fascistas, novias románticas encubridoras, madres que piden perdón por lo que ustedes mismas les inculcaron a sus hijos, padres amedrentadores homofóbicos futboleros, caeremos sobre ustedes como Furias, con la alegría descomunal de travestis cuchilleras, de tortas camionabomberamotoquera asesinas, de maricas emplumadas armadas con su sangre. No tenemos miedo de morir como Daniel, ni como Pepa ni como ninguna otra de nuestras amigas, tenemos miedo de vivir como ustedes.


jueves, 14 de diciembre de 2017

Fuera del mapa - Alastair Bonnet

 

"Fuera del mapa" es la constatación de que ni siquiera es segura la tierra que pisamos. La geografía es cambiante, caprichosa. A menudo ocurren desastres medioambientales de variable envergadura. Si unimos esto a la fuerza de la naturaleza y al cambio climático que hemos provocado a costa de contaminar consumiendo y produciendo avariciosamente, se da lugar a geografías físicas que antes no existían.

Alastair Bonnett nos cuenta historias tan curiosas como que hay países que se pelean por islotes que de repente aparecen de la nada, y que de la misma forma un buen día desaparecen sin dejar rastro. O que se jugó el tipo cruzando una carretera muy transitada para acceder a un pedazo de tierra entre cruces de carriles que había quedado allí perdido, inservible, una tierra de nadie sobre la que se moría de ganas de caminar. Nos habla de lugares ya para siempre malditos o mancillados por culpa de las religiones, la política o cualquier otro tipo de miseria humana.

La historia de cada lugar en “Fuera del mapa” es muy interesante, pero también lo es el punto de vista desde el que el autor la enfoca. Bonnett reflexiona de una manera casi filosófica sobre el paso del tiempo y sobre lo equivocados que estamos acerca de la estabilidad de aquello que nos rodea; observa todos estos lugares raros con una mirada poética que parece buscar la belleza en lo sórdido, en lo extraño, en lo que no sale en las guías de turismo locales.

El ser humano tiende a vivir con la creencia de que todo ha sido siempre tal y como cuando lo ha conocido desde su accidental llegada al mundo, y que nada ha sufrido un largo proceso ni experimentado cambios o alteraciones. Un poco como la dificultad de imaginar a nuestros padres niños, la arrogancia de creer que el mundo empezó cuando nosotros llegamos.

Y si sucede que algo cambia de pronto delante de nuestras narices, queremos regresarlo a la única forma que para nosotros es válida, la que tenía cuando llegamos, cuando lo conocimos. Quizá, siguiendo esa línea psicológica, se pueda explicar por qué la gente vota insistentemente a partidos conservadores aunque todo esté mal.

Por otro lado, “Fuera del mapa” también nos enfrenta al espejo de nuestras avaricias, cuando nos habla de lugares que han sido alterados a favor del confort de las personas que los habitan, o que creen poseerlos (la tierra jamás es nuestra: siempre nosotros somos de la tierra). Incluso a pesar de la destrucción del ecosistema del lugar, de cualquier rastro de naturaleza y de la expulsión de los animales que lo habitaban (sin haberlo escriturado, insensatos). Destruyendo el bosque, el paisaje, y alterando el clima. Y llevándonos las manos a la cabeza cuando la naturaleza se rebela protestando.

“Fuera del mapa” se divide en ocho secciones, donde se agrupan los lugares que tienen características comunes. Una de las partes más interesantes es en la que se habla de algunos lugares abandonados dentro de ciudades, hay cuadrillas organizadas que se dedican a investigarlos, Internet está lleno de ellos. Una muestra son los youtubers que se dedican a grabar vídeos en localizaciones como hospitales psiquiátricos abandonados. Leyendo estos fragmentos recordé una película rodada al estilo falso documental o “cámara en mano”, titulada “Así en la tierra como en el infierno”, se trata de una película de terror (poco pretenciosa, muy divertida) rodada en las catacumbas de París, sobre las que existen multitud de leyendas y habladurías relacionadas con diversas variantes de la filosofía oculta. Este tipo de lugares también son reclamo habitual para celebrar botellones o cualquier tipo de encuentro más o menos relacionado con el misticismo. Están llenos de suciedad, escombros y pintadas, y pueden ser muy peligrosos.

Bonnett reflexiona también sobre dualidad Turista VS Viajero. El viajero es un explorador respetuoso que se alimenta de cada nueva experiencia, se mimetiza en lo posible con cada lugar que visita y camina casi de puntillas. Pero los turistas lo patean todo, lo fotografían (sin mirarlo) todo, lo pervierten todo... Cada cosa que se les pone en el folleto de información, la hacen, siguen al rebaño, no ven más allá de sus narices, porque son incapaces de salirse de una ruta preestablecida. Como por ejemplo, las rutas para observar tribus indígenas en vez de dejarles en paz (eso existe), lo llaman "primer contacto de pago", es vergonzoso y sucede en Papúa Occidental, pero habrá más sitios, es preferible no saberlo.


En India aún queda una civilización sin pervertir de la que se sabe poco, no son amistosos, se han hecho intentos de mierda para acceder a ellos, en la Isla Sentinel del Norte. Hemos destrozado el mundo y ya estamos jodidos… pues dejémosles en paz, quizá las maquinitas, todo eso que llaman progreso, no eran tan necesario a fin de cuentas: o más bien es que se nos ha ido de las manos. Quizá vivan con incomodidades o no tendrán vacunas... no sé. Pero no tienen televisores y con suerte no sabrán nada de las bombas atómicas o de los campos de concentración, no pondrán banderas de mierda en sus balcones.

Este libro peca de que ofrece poca información de cada sitio que comenta. El lector tiene que investigar más por su cuenta si le intriga alguno de los sitios. Una de las cosas más bonitas es que la prosa narra buscando la belleza, como se puede apreciar en este fragmento:

p.96 “Encontramos otro caso en la zona montañosa que hay entre los puestos fronterizos del paso de Torugart, que conecta China y Kirguizistán. América Central también tiene un buen ejemplo en Paso Canoas, una ciudad que parece estar entre Panamá y Costa Rica. Se la suele denominar “tierra de nadie” porque dejas atrás un puesto fronterizo y ya estás en la ciudad, sin haber pasado por inmigración para entrar en el otro país. Hay visitantes a quienes les gusta pensar que la ciudad que los rodea está más allá de las fronteras. Es por eso por lo que, en parte, Paso Canoas ha desarrollado una atmósfera oscura y carnavalesca, como si fuera una especie de lugar crepuscular o fugitivo.

Lo que hacen estas lagunas geográficas es devolvernos nuestros propios deseos reflejados; y sobre todo el deseo de salir, aunque sea un momento, de la claustrofóbica parrilla de las naciones. Probablemente ya sospechamos que se trata de una ilusión. Avanzar lentamente en una cola de gente y dejar atrás al agente a cargo de los pasaportes no implica salir de un país ni entrar en otro en ese momento exacto.

Esos puntos de control existen para verificar que tienes permiso para entrar o salir. Su cercanía a la línea fronteriza es irrelevante desde el punto de vista legal. Sin embargo, esta interpretación puramente legal no consigue captar ni la importancia simbólica del punto fronterizo ni el deseo reprimido de entrar en un territorio sin gobierno.”

Para terminar, y siguiendo con las reflexiones sobre la necesidad atávica de apropiarse de un territorio, las regiones tienen a veces también la necesidad de desvincularse de otras que les resultan hostiles o les molestas, o sobre las que sus habitantes sienten un supremacismo nazi que basan en argumentos poco sólidos y muy llenos de odio, como estudios genéticos (totalmente xenófobos y absurdos, ya que nuestro ADN tiene fácilmente rastros de todos los continentes) o hechos históricos que no por haber sucedido significan per se ya absolutamente nada en en el presente. Así, tenemos la tragicómica historia de Gagauzia, increíble pero cierta:

p.251 “La historia de Gagauzia ilustra el poder implacable del nacionalismo al no dejar nunca de dividir y subdividir naciones en unidades más pequeñas. Gagauzia está en el sur de Moldavia, un pequeño país de 3,5 millones de habitantes encajado entre Ucrania y Rumanía y sin salida al mar. Moldavia se escindió de la URSS y se independizó en 1991, pero es un puzzle de nacionalidades que parece deshacerse.
(…) Puede resultar reconfortante pensar, por ejemplo, que en cuanto Escocia se independice se habrá llegado al final feliz de una larga historia. Pero el nacionalismo siempre rebasa sus fronteras, se adapta y transmuta otras identidades geográficas en proyectos de nación. Si Escocia se independiza, ¿por qué no pueden hacerlo las Shetland? Si Moldavia se independiza, ¿por qué no Gagauzia? El proceso de creación de naciones no se limita a satisfacer unas necesidades, sino también a crearlas.
Una de las pocas personas que ha estudiado Gagauzia es la antropóloga turca Hülya Demirdirek. Hasta ella se muestra un poco perpleja por la invención por parte de los gagaúzos de una entidad nacional llamada “Gagauzia”, una palabra y una idea que hasta hace veinte años casi nadie había oído, puesto que antes de la desintegración de la URSS el lugar no existía. (…) un aspecto más significativo de su complejo patrimonio es que los gagaúzos son uno de los grupos más culturalmente rusificados de Moldavia y que muchos de ellos prefieren hablar ruso que gagaúzo. Para los gagaúzos se trata de una asociación desafortunada, puesto que el nacionalismo moldavo se define a partir de la antipatía hacia sus antiguos amos soviéticos.  A medida que se iba acercando la independencia de Moldavia, los gagaúzos se vieron representados cada vez más como elementos extranjeros, un pueblo aparte, cuya verdadera lealtad era hacia la Madre Rusia.

(…) El deseo de reinventar un lugar como nación no emerge necesariamente de unas aspiraciones reprimidas durante siglos, sino que puede aparecer de pronto, sobre todo en el seno de poblaciones vulnerables cuya identidad ha sido absorbida en el pasado por entidades enormes y multinacionales como la Unión Soviética, y que ahora se sienten discriminadas y abandonadas. Esa sensación de agravio ha favorecido el surgimiento de muchos mitos útiles. Por ejemplo, se dijo que Gagauzia llevaba mucho tiempo reprimida y que los gagaúzos habían pasado mucho tiempo ansiando la libertad. Hasta hubo quien afirmó que no solamente no eran de origen extranjero, sino que llevaban en aquella parte del mundo más tiempo que los propios moldavos. Prácticamente nada de eso es verdad, y Gagauzia es cualquier cosa menos un lugar antiguo. Aparte de un Estado independiente de cinco días de duración, declarado en 1906 y limitado a la capital (la República de Kormat), los gagaúzos jamás habían pensado en sí mismos como gente necesitada de un país propio.
(…) La lógica fragmentaria del nacionalismo resulta enervante. Una serie de países de los que jamás se ha oído hablar se dividen en unidades casi carentes de significado. La lógica de la desintegración crea una geografía de la ignorancia, en la cual el florecimiento de identidades y de naciones nuevas sobrepasa nuestra capacidad de ubicarlas o de pronunciarlas. La gente de fuera de la región hace gestos exasperados: los lugares como Gagauzia acaban relegados al montón cada vez mayor de proto-Estados a los     que nadie presta atención. (…) Muchos gagaúzos quieren un país propio porque sin él seguirán siendo un pueblo marginal y sin lugar. El hecho de que un país sea inventado no le resta realidad.

lunes, 4 de diciembre de 2017

Mi columna vertebral - Andrea Mazas


“Mi columna vertebral” es el primer poemario de Andrea Mazas, que ve la luz a través de la editorial Baile del Sol y no lo hace completamente sola, sino acompañada por la voz y la guitarra de su pareja, el músico Antonio de Pinto. Así pues, el libro incluye un cd de poemas musicalizados.

Me interesa la voz de las poetas en cuanto a mujeres, no porque sean garante de mayor calidad sino porque han estado silenciadas demasiados siglos, precisamente por eso. El hecho de que haya una mano masculina añadiendo algo a estos poemas, ha hecho que me preguntase si enriquece y aporta valor al texto, o si los textos de Mazas habrían llegado al público igualmente por sí solos.

Temas recurrentes como discos intervertebrales
Hay varios tipos de poemas diferenciados en este libro, que se alternan y se confunden. Voy a empezar con los que más me han gustado. Andrea es capaz de volcar en el papel grandes ideas y dispone de buenos recursos literarios para darles forma y hacer que su mensaje se transmita. Le preocupan temas importantes y muy diferentes entre sí, como el crecimiento, la madurez y la superación personal, el apego emocional, el sometimiento de la mujer en la sociedad heteropatriarcal o las limitaciones lingüísticas contra las que lucha a la hora de expresarse por escrito, etc.

Estos son algunos de los temas más recurrentes, pero se trata de un poemario bastante redondo que da cabida a muchas más cuestiones entre sus versos. Acerca del lenguaje, en su poema “Pero” (si no el mejor, uno de los mejores de todo el libro: lo transcribo al final de esta reseña), Andrea analiza la necesidad de utilizar las palabras como herramientas que abran puertas y hagan que el lector se sienta como en casa, y denuncia que otros escritores levanten muros con ellas y les den, en fin, un mal uso. También en este poema, critica de forma sucinta el plagio y termina con un juego de palabras que vuelve a incluir los primeros versos, logrando una pieza redonda y muy brillante.

Acerca del lenguaje, le preocupa el hecho de tocar un techo invisible de cristal y descubrirse incapaz de nombrar las cosas tal y como las piensa en su cabeza, por culpa de las limitaciones del lenguaje. En el poema “El nombre de las cosas”, que a continuación transcribo, reivindica lo innombrable, y en un alarde de creatividad que nos deja impresionados, consigue escribir precisamente sobre aquello que no puede ser nombrado, como hizo Giorgio Agamben en la deliciosa “La muchacha indecible” (Sexto Piso, 2014).

EL NOMBRE DE LAS COSAS
estamos
tan cosidos al nombre de las cosas
que a veces solo sabemos eso
―el nombre de las cosas―
y aprieta la costura,
tirante el hilo,
y nos ahogamos
de nombres
y solo de nombres
sin cosa ni asa,
de nada

reivindico
el descosido
el agujero ignorado
el roto impecable

Más allá de Andrea Mazas: ecos
He creído entrever la influencia de Alejandra Pizarnik (“La jaula se ha hecho pájaro y se ha volado…”) en Andrea Mazas en versos como estos: “Tengo un viento dentro. / Me agita ramas de memoria. / Las hojas dispersas, / en punto de caída perpetuo. / Habito un otoño de continuidad." O también en: “Tengo un pájaro en mi pecho. / Yo le doy de comer, despacio. / Me agita las alas, me tiembla (…)”

Me gustan los poemas de Mazas cuando surgen de su propia individualidad, pero se tornan un tanto cursis cuando entra el “nosotros”, transmitiendo a veces la idea de que la pareja es una pieza que completa al individuo, quien ya no ve más allá de su media naranja, o hace alusión a ideas poco saludables (“En nuestras bocas, mientras nos besamos / bailan los amantes que tuve con las mujeres a las que amaste”). Aunque versos afortunados como estos nos lo desmienten: “no quiero ser la princesa de nadie, / bastante tengo con intentar saber / quién es Andrea”.

Otro de los poemas más brillantes, “Lo seco y lo que crece”, aborda el tema del desapego con mucha valentía: habla de que en ocasiones es necesario ser cruel para alejarse de algo en lo que nos hemos involucrado demasiado y nos hace daño. Se trata de una metáfora donde la protagonista deja de regar de forma consciente solo una de sus plantas, en este sentido cobra mucha fuerza el paralelismo con el concepto de “rizoma” del filósofo Gilles Deleuze.

LO SECO Y LO QUE CRECE
me hice la tonta con esa planta hasta que solo fue una pequeña
isla yerma en su maceta y ya no pude ser más su náufraga
me decía a gritos secos que la regara / que la hablara / que
estaba ahí / que yo la había puesto ahí

pero yo me hacía la tonta y cada vez me lo hacía mejor

me paseaba con la botella de agua cerca de ella y premiaba
al resto de plantas / como lo hace un dios sin misericordia

era el último reducto de un jardín que pensé nuestro / lo
dejé secar como la forma más inocente de matarte

ahora solo queda la tierra seca / no más / ni siquiera es
pasto de gusanos

pero junto a esa maceta crece la flor con la que fui más
generosa / allí se quedan las dos / lo seco y lo que crece

como una lápida y un sol que quema

un recordatorio / para elegirme entera tuve que deshacerme
de ti / de lo poco que me quedaba de ti

En cuanto a las versiones musicalizadas de los poemas, son piezas muy sencillas que tienen reminiscencias a Serrat, por definirlo de alguna manera. Creo que definitivamente no aportan valor al texto y que lo ideal es que sea la propia poeta quien dé voz a sus textos, si se atreve a transmitirlos tal y como suenan en su cabeza (muchos recitales poéticos son monótonos porque su autor es incapaz de dar color a su voz, o no se atreve). Dejando esto a un lado, “Mi columna vertebral” ha sido un sorprendente hallazgo que me ha dado buenos ratos de lectura, desde aquí lo recomiendo ya que a pesar de las pegas que le he encontrado, pesan más los argumentos a su favor: disfruten de la lectura.


PERO
hay quien monta una barraca sobre una fosa de adjetivos
pero yo creo que la palabra debería ser siempre
una llave, y no un telón o una máscara,
y leo del modo en que trato de vivir,
con luz y buenas vistas, sin cortinas,
y así también trato de escribir,
como, intuyo, lo hacen mis maestros,
los aventajados peones de la palabra,
que derriban la cuarta pared de la poesía
y dejan abiertas todas las puertas de su casa,
y yo entro en ella para sentirme como en la mía,
y me sirvo de ellos y repito, si es preciso,
sin miramientos,
y allí dentro, mientras suena la música,
paseo por sus líneas tomando nota
de telas, soportes, flores, grifería
y también de los desperfectos
y de las grietas y de la pintura levantada
allí donde ellos pierden el paso y se agota el ritmo,
y dentro, más dentro todavía,
casi al final del pasillo, veo
sus joyas, sus valiosos cuadros, sus souvenirs,
que me dan ganas de robar y echar a correr
porque me siento pobre y no como en mi casa
pero hay demasiados testigos y da igual
porque enseguida me doy cuenta de que
sus joyas, sus valiosos cuadros, sus souvenirs
no quedarían bien en mis paredes porque desentonarían
con mis desperfectos, mis grietas, mi pintura levantada,
y entonces sé que llega la hora de irse a la francesa
pero me cuesta alcanzar la salida porque me entretengo
abriendo otras puertas del pasillo como esta,
que yo no quería abrir ahora porque yo solo venía a decir
que la palabra debería ser siempre
una llave, y no un telón o una máscara, pero
hay quien monta una barraca sobre una fosa de adjetivos

miércoles, 29 de noviembre de 2017

Manzanas robadas (antología) - Yevgeny Yevtushenko


Desde hace unos años se viene reivindicando la candidatura del poeta Yevgeny Yevtushenko para el Premio Nobel de Literatura. Con este “Manzanas robadas”, se nos antoja deudor y heredero de esa trayectoria romántica que hizo brillar a mediados del XIX a la literatura rusa.

Esta antología recoge poemas de amor, otros de carácter social y también algunos más orgánicos en los que la Naturaleza es protagonista: y son precisamente estos últimos los que lo hacen brillar por encima del resto y donde encontramos imágenes poéticamente más potentes. Hay que puntualizar que en la presente edición, 42 de los 47 poemas han sido traducidos de una edición intermedia con los poemas volcados del ruso al inglés, por lo que inevitablemente se habrá perdido parte de la esencia de los mismos en el largo proceso.

HERIDAS
Me han herido con frecuencia y con mucho dolor,
regreso a casa arrastrándome y abatido,
lastimado por lenguas venenosas,
es que se puede dañar hasta con el pétalo de una flor.

Y yo mismo me he herido sin ser consciente
por una casual ternura
y luego alguien sintió la herida
y fue como caminar descalzo como el hielo.

¿Por qué aumento las ruinas
de aquellos que me quieren y están tan cerca de mí?
¿Por qué yo, que puedo ser fácilmente herido
puedo dañar a otros casi hasta matarlos?

(1973)

LOS LIBROS PRESTADOS
Los libros también leen a quienes leen libros.
Los libros ven en nuestros ojos escondidos gritos y gemidos.
Los libros oyen todo lo que tememos y nos decimos.
Los libros aspiran lo que nosotros respiramos.
Nosotros fuimos unidos por los libros.
Anna Kareninafue nuestra Celestina suicida
cuando ella resucitó de los congelados rieles
y nos lanzó en nuestros brazos.

El silencioso  retorno de los libros prestados
por quienes se aman los unos a los otros
no parece como un mutuo favor,
es como romper páginas en pedacitos:
es una separación irreversible.

Nosotros solamente podíamos devolvernos los libros,
pero no nuestros instantes secretos,
los cuales ocultábamos muy profundamente
para no ser detectados por ojos indignos.

Tomaste mis libros del baúl de tu carro
y lo dejaste abierto esperando de mis manos los libros tuyos,
apretándolos en tus pechos:
Pasternak, García Márquez, y el Diario de Anna Frank.

Mis brazos querían abrazarte mucho
pero ellos estaban cargados de libros,
como si estuviera protegido por Dostoyevsky, Faulkner
y los proverbios rusos.

Yo puse todos tus libros de vuelta en tu baúl
tratando de no mirarte a los ojos
y tú, como alguien arrastrándose en cámara lenta bajo unas ruinas,
comenzaste a devolverme los libros uno por uno.

Yo te rogué durante dos largos años
que encontraras y amaras a alguien,
y cuando ocurrió, yo respiré tranquilo,
pero mis dientes rechinaban con desesperación en las noches.

Yo nunca te pregunté con envidioso desdén el nombre de mi rival:
“¿Quién es?” “¿Qué edad tiene?”
Yo no supe si llorar o reír
cuando tú me respondiste: “18 años”.

En ese momento de separación,
tú, como la belleza de una virgen incorruptible,
me pediste, sin palabras, sólo con una mirada
que me acercara y te abrazara otra vez.
Pero yo contesté únicamente bajando la vista.
Tú me miraste como si estuvieras enamorada de nuevo.
Si yo te hubiera mirado a los ojos, todo podría haberse repetido.
¿Qué me lo impidió? ¿Cobardía? ¿Coraje?
¿O algo que aún no tiene nombre?

Las releídas, cansadas páginas de los libros,
ya estaban temblando en tus manos.
Tus aros tintineaban.
Tú estabas aturdida protegiendo tu alma con los libros,
apretados a tu corazón.
(1999)

PEQUEÑITAS CALLES DE BARCELONA
En Barcelona las calles son angostas
como pupilas de gatos angustiados.

Algunas calles están muy ocupadas con el amor, otras con penitencias,
a través de las ventanas se oyen palabras muy jugosas,
si alguien pica cebollas en el lado derecho
en el lado izquierdo alguien se pone a llorar.

Mujeres con enloquecidos ojos negros
ahora lanzan agua de una bañera sobre una vecina,
ahora salen por las ventanas, al aire libre,
cada una con sus peinados en desorden.

Y muertos de risa, desde el marco de las ventanas,
tirando los maceteros al suelo,
los niños entrecruzan
los chorros de sus meados.

¡Una pelea! Todos los maridos son unos cornudos
¡Los abismos se tragarán a los viciosos!
Y como cohetes sobre sus cabezas
largos hocicos de pájaros pasan volando.

Camino hacia el medio de las calles
y allí en el centro también todo es inseguro
los rostros enardecidos de la gente
sólo quieren comprar sardinas.

Me gustaría cantar alabando la vida común
o cantar a una simple rosa
aun cuando fuera una rosa artificial
pero que azotara mis mejillas.

Uno quiere por supuesto que la gente sea amable
pero en mi chaqueta, diseñada a la moda,
la parte derecha está manchada con algo que cayó de no sé dónde
y en la parte izquierda está pegado un gato con los pelos de punta.

Alguien al lado investiga, hace preguntas,
en la celda voces desconocidas gimen
pero, bueno, las amenazas del rival
lanzando ácido por los ojos pueden calmarse.

Y mientras la censura fascista
ahoga los pensamientos como gatos en una bolsa
alguien le grita a una mujer al estilo ruso: “¡Tetona imbécil!”
pero claro, se lo dice en lengua española.

La gente ya cansada y fastidiada
ventilan sus rabias a la nada
y se han convertido en represores los unos de los otros
olvidándose de los principales represores.

La paz está amenazada por escobas y cuchillos.
Y yo estoy por la paz, pero aquí, ¡Dios mío!
¡no hay ninguna manera de desplegar tus brazos!
Todo está amurallado desde la derecha hasta la izquierda.

En Barcelona las calles son angostas
como pupilas de gatos angustiados. 
(1967)

martes, 21 de noviembre de 2017

Próximamente: "Morir no es lo que más duele", de Inés Plana


Ya falta poco para que "Morir no es lo que más duele" de Inés Plana llegue a las librerías españolas. He tenido la fortuna y el honor de asistir a la gestación de esta novela y espero con mucha expectación el momento de verla por fin protagonizando las mesas de novedades de las librerías: el 9 de enero será el día elegido para ello.

"Morir no es lo que más duele" es una novela negra que trasgrede el género: por un lado, huye de los personajes estereotípicos, construyendo unos protagonistas de psicología rica y compleja; por otro lado, posee una narración elaborada y precisa que no sólo engancha sino que hace de cada frase una gozada para los amantes de la literatura de calidad: frases para releer y subrayar, que avanzan en la trama y que hacen de la redacción una búsqueda continua de la belleza a la hora de contar una historia.

Por ahora, ya se puede comprar en preventa o prime en Amazon, a través de este link.

A lo largo de estas semanas avisaré con cualquier novedad y en enero recordaré el lanzamiento, ¡tic, tac!


martes, 14 de noviembre de 2017

Mónechka - Marina Palei


Marina Palei (Leningrado, 1955) es una autora ecléctica y original, que dejó a un lado su carrera en la Medicina para dedicarse a tiempo completo a la Literatura. En “Mónechka” nos presenta a una protagonista tremendamente vital, de la que conoceremos sus peripecias a través de un hilo argumental un tanto deshilvanado. Es una novela muy breve (105 páginas) que sin embargo resulta suficiente para hacernos una composición del personaje, una mujer a la que le apasiona el sexo y que tiene una gran cantidad de amantes y aventuras. Su entorno no comprende ni aprueba su forma de vivir las relaciones íntimas, pero su prima, quien es la voz narradora en la novela, la adora y será quien la cuide cuando su salud se resienta.

“Mónechka” es un torbellino de vitalidad que arrasa todo aquello cuanto toca, y que incluso guarda la suficiente energía para dejar boquiabiertos a los médicos que no confiaban en su recuperación.
Marina Palei era hasta ahora inédita en España, donde ya podemos disfrutar de este pequeño soplo ruso de vida, que nos hace pensar en la fragilidad de la existencia humana y en la dicotomía entre felicidad y diversión.



Un fragmento:

Pero en esta vida me daba miedo ver su cuerpo. No lo había visto desde pequeñas y había tenido tiempo de olvidarlo. Antes de que ella tuviera que desnudarse para irse a dormir, yo me había adelantado imaginando sus ijares cascados y pecadores con señales recientes de impetuosa lujuria, esos ijares delgados, cianóticos como los de los alcohólicos, con moratones, arañazos, con una malla de venillas del color del permanganato, con pelos negros y gruesos escapándose a lo bruto por las fronteras del triángulo. Pero el cuerpo de Raimonda resultó blanco, limpio y, por extraño que parezca, lleno de vergonzosas líneas adolescentes, mientras que sus piernas eran atractivamente normales de arriba abajo, los edemas solo eran visibles en los tobillos (su corazón le molestaba bastante).
Raimonda tenía una relación ambigua con su cuerpo. Por un lado, como objeto y sujeto de pasión, o sea, como un recipiente pecaminoso, le venía muy bien y ella creía ―por lo visto con razón― que no era fácil encontrar a una como ella. Pero para todo lo demás era un apéndice pesado y engorroso del que no quería saber nada.

Por su parte, este apéndice cada vez exigía más atención. Le salió un asma cardíaca, tosía y hasta expectoraba sangre (“Va, al cuerno, algún vasito que ha reventado”. “¿Te has tomado los diuréticos?”, “Va, al cuerno”), pero resultaba que, con todo, si periódicamente se le echaba un puñado de píldoras multicolores, durante varias horas podía no recordarlo y vivir una vida normal, plena. “Vale, he bebido, pero muy poco, un coñac de marca, ¿y qué? Si después he evacuado hasta la última gota con un diurético”.
    

Lo de las gotas y el coñac eran trolas, claro ―su diapasón era lo más amplio, la verdad―, pero parece que sí decía la verdad sobre el diurético. Resumiendo, en todas las situaciones que no fueran el acto sagrado del amor, a Raimonda no es que se la refanflinfara la funda en la que de casualidad se había instalado su alma alegre, sino que más bien se relacionaba con ella mecánicamente (añadía por aquí, quitaba por allá) y puede que hiciera bien.

lunes, 13 de noviembre de 2017

It´s a match! ♥


Siglo XXI y seguimos sin educación emocional en las escuelas, dejándonos llevar por la inercia como eternos incompletos. Mintiendo, mintiéndonos, sufriendo por el qué dirán, coleccionando más likes virtuales que relaciones auténticas y reales con personas. Con la posibilidad de tener una cita cada día, perdiendo la energía rodeados de falsos amigos, aterrorizados por la sombra de la soledad, sin saber que la vida no era eso.

Del texto y la imagen: 
© Todos los derechos reservados - Mar López, 2017

Tuvimos - Rosa Lentini


Rosa Lentini (Barcelona, 1957), posee un largo historial profesional en el ámbito de la industria editorial. Entre su producción literaria se encuentra la poesía, las traducciones y la crítica, y también trabaja como co-editora en Ediciones Igitur. Más de una decena de sus poemarios han sido publicados bajo diferentes sellos editoriales, y sus textos han sido seleccionados para formar parte de multitud de antologías.

“Tuvimos” (Bartleby Editores, 2013) es un buen poemario donde la autora retrata las corrientes heladas que no se ven pero que atraviesan las escenas domésticas más costumbristas, parece capaz de detectar una mirada de odio o unas intenciones ocultas al otro lado de una puerta cerrada. Los poemas transcurren entre recuerdos salpicados de espiritualidad y dioses paganos, en una suerte de búsqueda de arcanos que den sentido y le ayuden a explicarse su propia realidad, tan única y a la vez tan comparable a otras realidades en tanto que es humana.

RECUERDO DEL HOMBRE TRAS LA PUERTA
 El arte del perdón ya no vivía en él.

Guardé en mi huida sus puños apretados
de blancos nudillos, la indignación
que teñía de rojo las venas de su frente
y el deseo de tocarle la mano.

Su forma de arrastrar los pies
al sacar el polvo de los cuadros
o al desbrozar los rosales con la podadora
en verano, un gesto que yo amaba.

Pero él prefería huir resoplando, como un gran búfalo
mudando la piel cuando la trama
urdida por la esposa
hacía mella en las nietas, y la llama
de su anciano cuerpo tras la puerta
    lo consumía.

Con la determinación
de un marinero alejándose de tierra,
un albañil a sus órdenes erigió un día en el corredor
    un muro de ladrillo y cemento
dejando la mitad de la casa a salvo,
    y la otra mitad desconcertada.

Con el tiempo mis visitas al lado
donde el padre de mi madre se quedó
restauraron los pedazos de su vieja caja de pinturas,
mientras, inmovilizado sobre una tabla,
aceptaba mi rol de bruñidor.
Al año me sorprendió regalándome
una acuarela, estudio de dos jóvenes,
    una morena alta, la otra pequeña y rubia
    que recibían clase de dibujo, tan parecidas
    a las mujeres paternas.

Tuvimos, habríamos tenido,
dos tiempos verbales en la historia dividida
de las familias, la espiral de los hijos
    que baila, baila su triste vals sobre ellas,
    escucha esa música, muro, escúchala…

LA TRIPLE HÉCATE

1
Si un indulgente universo la reuniera con ellas en un único gesto y de los talles hiciera una sola cintura, borraría las huellas que una historia de intercambio acerca. Y si un archipiélago deja de serlo cuando varias islas se unen en el recuerdo, todavía su fauna autóctona y salvaje podría ocultarse a las miradas. Nadie intentaría cazarla con el rostro de una Hécate mirando en todas direcciones para valerse mejor, voceando un bando a tres sobre lo que encierra
toda memoria detenida.
Pero desfallecer es miseria del amor, y también los huesos crecen como la hierba incluso bajo un puente, o como un árbol, con cada ama, cada hoja apuntando a lo alto, arrullados por cantos fúnebres que salmodian la imperfección.
Si la muerte nutricia vive y muere en nosotros, en tierras de hielo las otras le ofrecen los labios,
sombras pálidas en verdes asientos.

2
Su fría dedicación de toda una noche en vela hasta que el amanecer despunta inconmovible es un apósito. Sus risas, aún temiendo que el sueño del universo perdido con ellas le empañe los ojos, alumbran un fruto seco para luego contarlo entre los vivos. Y no hay otra forma de encarar sus juegos que la aprendida moldeando el lenguaje como barro sobre la vieja rencilla
entre saber y decir,
pues bastaba una frágil palabra marchita para captar la atención y componer el escaso grupo humano que todas formaban frente al mundo.

Pasa con un tintineo el platillo,
el oído es también equilibrio
    capaz de ignorar el giro veloz de las esferas.


COMERÍAMOS DE SU MANO LARGA
 
La mano larga y nudosa
en la que comeríamos cada mañana
también nos palparía las alas y arrancaría los restos
    de semillas de los picos.

Agarrada a su dedo corazón recorro
los amplios pasillos y mientras me calmo
el sol en las antesalas domestica a los canarios
    enjaulados, atentos al alimento del día.
Y desde mi exclusiva atalaya aparecen las góndolas
los aviones de pasajeros, las firmes vías de los trenes.

Cada tarde ella se sentaría un rato a leer.
Su índice derecho sobre las páginas
    levantándolas ligeramente con la punta de la uña
impulsaría tierras vírgenes o el eco de un steamer
que navega un río del norte.

A veces picoteo las pepitas surgidas
de la nada en su boca aprendiendo mi juego
de vigilancia. Me resulta fácil entonces
avistar desde el comedor su hombro como ese nido
donde tomar tierra y postergar durante horas
el vuelo de reconocimiento.

La intensa luz de la calle en los ventanales
caldeando el piso advierte el cambio repentino
de temporada y nos previene sobre la voluble primavera.
Y el espacio parece crecer de pronto,
las cosas mirarse entre sí
con más respeto y en la galería
los pájaros dejan sus trinos.

El dedo sarmentoso se habría llevado con él
el bullicio y el crujido de las láminas.
El poco lustre de mis alas, la terca suciedad
    que me cuelga del pico,
las habitaciones vacías que recorro con desgana
conviven con palabras al borde de sus sueños.

¿Con qué ángeles desaparecieron las aguas
salíferas, las raíces de mangle
en el montículo blando de su rodilla y todos los viajes?
¿Convocaron ellos a los otros pájaros orientándolos
hacia la salida? ¿Supieron que el vuelo
se volvería una secuencia de cuartos
    cuadrados y cuadrados eternos
abiertos a la nieve de la pintura caída
un cielo de azogue desplomado
sobre la invención de un invierno más deslumbrante?



Con la punta del dedo ella apuntaría a tierras vírgenes
y más allá de las abruptas montañas del mundo
    yo iría volando hacia donde
    las tallas de santos resistieran
    en sus sólidas peanas,
hacia donde las cortinas ajadas fueran nubes
    celebrando su danza del vientre
llegaría incluso hasta ese instante en que el sol
de Sumatra o de Antananarivo despunta
    y aleja todas las tormentas.

Llevo su rastro lejos    llevo su rastro muy alto
mi voluntad caza para ella y yo me dejo llevar…

viernes, 10 de noviembre de 2017

PREGÚNTALE A LA NIÑA




Pido disculpas por si hay algún adulto en la sala.

He pretendido encerrar el misterio de la vida en una caja de certezas,
llenado páginas de tinta con palabras en blanco
intentado entender por escrito todo aquello que me aterraba.

Me he creído la voz traicionera del miedo
y se ha convertido en algo real,
he soñado en 4K las historias
que inventaba en la vigilia para atormentarme.

Luego he tenido que inventar un modo de deshacer
las manos que me apretaban los pulmones,
rezado a Hécate en voz alta para que se hagan polvo,
para que se pare el mundo y la magia me acune en sus brazos,
que me bendiga la noche y yo desaparezca en ellos.

Ahora sé que debo preguntar a la niña por cada nueva gamberrada,
dejo que haga ruidos guturales de placer cuando estamos solas,
encontramos tesoros siguiendo nuestra intuición,
conocemos los atajos por el camino de Swann
reconstruimos nuestro hogar junto a cada lugar donde encontramos agua.

Permito que baile y que cante, que se dé besos en el espejo,
que corra descalza y que ría como una india piel roja salvaje.
Hemos explorado lo que hay al otro lado del miedo
escuchado entre árboles nuestra música favorita,
devenido juntas la misma tierra húmeda que pisamos,
vestidas de negro expuestas al sol,
vestidas completamente de negro absorbiendo toda la luz,
absorbiendo toda la maldita luz que ya estaba antes dentro de nosotras.


Del texto y la imagen: 
© Todos los derechos reservados - Mar López, 2017


miércoles, 8 de noviembre de 2017

Desde el sur - José Luis Sampedro



José Luis Sampedro (Barcelona, 1917 - Madrid, 2013) habría cumplido cien años en este 2017, y es por eso que su viuda y herederos están rescatando y transcribiendo algunas de sus conferencias pronunciadas en los últimos años de vida. En este caso edita Mapas Colectivos, una iniciativa que encabeza la editora Maribel Tabuenca Borobia bajo la colección MicroBooks.

La idea es publicar “conferencias que plantean la toma de conciencia crítica de nuestra cultura y de su estado actual de transición”. En este caso, “Desde el Sur” fue pronunciada por Sampedro en 1992 dentro del Encuentro sobre la cooperación para el desarrollo alternativo en América Latina.

Lo elemental es lo más importante
Sampedro era economista, novelista y humanista. Pero ante todo era una persona buena. En su presencia, sus ojos tan vivos desprendían inmensa luz y vida. Jamás perdió de vista que por delante de las banderas y de los intereses económicos, están las personas en tanto seres humanos: algo muy sencillo que hoy más que nunca es patente que los pueblos olvidan, más preocupados por partirse la cara en su intento salvaje por demostrar qué bando tiene razón (y ninguno la tiene).

No hay que perder de vista lo esencial, lo atávico. Poner por delante lo que nos une siempre por delante de lo que nos separa. A partir de este pilar tan antiguo como el mundo, Sampedro establece similitudes entre los países del Sur, un área que se situaría “por todo el Mediterráneo desde Grecia y, pasando por el Atlántico, hasta América Latina, desde el Río Grande del Norte hasta la Patagonia”.

Según él, hay una forma de entender la vida que es común a las diferentes culturas que se extienden por todo ese territorio. Y es que, en contraposición a los países del norte, el sur:

(…) conserva un sentido de la comunidad que es muy importante como fuente de solidaridad y para dar sentido a lo que uno es. Por otra parte, frente a esta idolatría de la técnica que se tiene en el Norte, al producir por producir, el Sur mantiene la idea de la vida, de la sabiduría. Y la sabiduría es mucho más amplia y mucho más importante que la ciencia. Se puede vivir con poca técnica pero no se puede vivir bien sin sabiduría.

Plantea la necesidad de unión de todos esos pueblos precisamente porque son débiles, y por tanto serán quienes harán progresos porque “los poderosos nunca quieren perder el poder” y “nunca han querido transformar nada”.


El camino que lleva al sur
La propuesta de Sampedro, que antepone un regreso a la convivencia y a la idea de comunidad en contraposición a la desigualdad social y la productividad empresarial, me recuerda a la búsqueda del camino que conduce hacia el sur en la preciosa novela breve de Ana María Matute, “Aranmanoth” (2001). Cuando las cosas van mal y asistimos a batallas campales de hordas abanderadas, no hay nada mejor que cerrar los ojos e imaginar que José Luis Sampedro y Ana María Matute se acercan de la mano para susurrarnos: tranquilx, todo va a salir bien.

Según Sampedro, el desarrollo se ha basado históricamente en preceptos economicistas y cuantitativos (en producir cada vez más bienes y servicios), y según él, esta tendencia no puede continuar mucho tiempo más. Se han dejado completamente de lado aspectos importantes como mejorar al ser humano o proteger el medio ambiente. Él invita a tomar las piezas sobre las que se construye la Teoría Económica para desmontarlas y estructurarlas de una manera nueva que tenga en cuenta otros valores.

Para ello, se sitúa en una perspectiva de pasado, imprescindible para entender el presente e intuir el futuro (creo que esto es clave porque incluso el pasado más inmediato siempre se olvida con demasiada rapidez):

Todos ustedes saben lo suficiente del tema como para convenir que la física de 1850 no tiene nada que ver con la física de nuestro tiempo. Ha cambiado por completo, son unos conceptos diferentes. Ha sido preciso reformar la visión del mundo para poder ocuparse de cosas que no han cambiado. Ha tenido que cambiar la visión del científico. En cambio, en las ciencias sociales seguimos con ideas del siglo XVIII y llamamos a eso neoliberalismo.

Sampedro, aún vigente
Las ideas de Sampedro aún son válidas en este mundo que le relegó en 2013. Sobre todo, sus palabras todavía nos ayudan a replantearnos la realidad, y hacernos preguntas es básico para poder llegar a sacar nuestras propias conclusiones. En cuanto a las políticas del cuidado que se desprenden de la visión del Sur que nos muestra en estas páginas, aún hace poco que empiezan a despuntar, tímidamente.

Podríamos comparar norte-producción/sur-ser humano con el ejemplo de los abuelos: el norte los llevaría a asilos para que los miembros productivos de la familia pudieran seguir en activo a tiempo completo, y el sur los cuidaría de otra manera más cercana, estableciendo políticas de conciliación laboral y familiar, amparadas por leyes y con la cooperación de los ciudadanos y las empresas. Precisamente en esta línea se encuentran las propuestas de Silvia Federici (Italia, 1942), autora feminista de libros como “Calibán y la bruja” (Traficantes de Sueños, 2010),  o “Revolución en punto cero” (Traficantes de sueños, 2013).

Para continuar avanzando en la dirección correcta, lo mejor es partir del pensamiento que nos brindan los sabios, tal y como dijo Sampedro en esta conferencia: “Se puede vivir con poca técnica pero no se puede vivir bien sin sabiduría”. Todos sus libros están llenos de ella, denles una oportunidad si tienen tiempo.



martes, 24 de octubre de 2017

Sabe que su risa desataría las tormentas

 
Está en la plaza de San Vicente de Bilbao. De piedra blanca, enhiesta desde su pedestal, es la viva imagen de la melancolía. Pisa con firmeza la cabeza del ángel caído y su rostro revela la cantidad justa de remordimiento, la compasión eclipsada por una indiferencia que querría ser divertida.

Es ligera, traslúcida, presumida y morbosa, es igual que un fantasma que se aparece como niebla entre los edificios al atardecer. Detrás de su expresión de cristal, juega a descubrir miradas chispeantes en los ojos de los transeúntes, para quienes casi siempre es invisible. A veces alguien repara en su presencia etérea y le revuelve la tierra alrededor buscando el ángulo que capte su halo feérico en una fotografía, pocas veces lo consiguen. Mantiene el rictus serio, casi inexpresivo, porque sabe que su risa desataría las tormentas.

El mentón decidido desmiente el cansancio afectado de sus párpados, y el ángulo que dibuja su muñeca, la mano sobre su pecho, delatan en el gesto fingimiento y simulación.

Se podría pensar que se sabe diosa y se traviste humana, a la espera de que un día una pareja de arpistas improvisando en la plaza se dejen llevar por su impronta y compongan así el aria definitiva.

Su belleza invisibiliza a las cariátides de las fachadas de la plaza y lo sabe, presume altiva y olvida que sólo las separa que las tallaron en diferentes trozos de piedra.

No tiene corazón y piensa que no lo quiere, porque no entiende que es la libertad la fuerza que impulsa esta tarde a una pareja de amantes que se persiguen corriendo y riendo, girando alrededor de la verja circular que delimita su minúsculo universo.

Está tras los barrotes, pero ha decidido que es el resto del mundo el que se encuentra preso.



Del texto y la imagen: 
© Todos los derechos reservados - Mar López, 2017

viernes, 20 de octubre de 2017

"Berta Isla" - Javier Marías


Tenía la sensación de que tras la trilogía “Tu rostro mañana” (2002-2007) y la novela “Los enamoramientos” (2011), Javier Marías había dado a la imprenta algo más que “Así empieza lo malo” (2014). Un libro del que no podía recordar el título pero que estaba segura de recordar su trama una vez cayera de nuevo en mis manos y empezase a leer las primeras páginas.

Pero no ha habido ninguna otra novela publicada entre las que he citado, y sin embargo ahora que termino “Berta Isla” (2017) se me ha difuminado esa sensación de libro fantasma: es como si ya la hubiera leído antes, como si fuera la novela que me faltaba. Porque contiene todos los elementos e intrigas que Javier Marías ya había utilizado antes.

Más de lo mismo
Pero no podemos culpar a Javier Marías si somos nosotros, los lectores, los que hemos depositado en él nuestras expectativas y nos las ha frustrado. Esto es algo similar a los celos en las parejas, sólo es responsable quien los padece y por lo tanto es quien debe gestionarlos (si no hay engaño: todo puede entenderse, menos las mentiras).

Y sí, Javier Marías lleva unos años repitiendo las fórmulas que le funcionan. Exceptuando aquella publicación oportunista de 2016, “El Quijote de Wellesley” que es mejor olvidar. En “Berta Isla”, la voz narradora principal vuelve a ser la de una mujer (esto no ocupa toda la novela, sin embargo, pero sí buena parte) pero eso ya a nadie sorprende. Una mujer sometida a su relación conyugal cuyo papel es total y absolutamente pasivo, he de añadir. En ningún momento se convierte en un personaje interesante que actúe y dibuje los límites de su propia vida: es como un fantasma que deambula.

Tenemos de nuevo un conflicto de pareja heterosexual y costumbrista en casi todo, con terceras personas y enredos. También personajes bilingües, de clase alta, Oxford-Londres-Madrid, mediados de siglo XX, los Servicios Secretos británicos MI5 y MI6 a los que perteneció en el pasado Sir Peter Russell (1913-2006), viejo amigo de Marías y en cuya biografía tanto se basó y tanto le usó como protagonista, con su nombre o cambiado (Sir Peter Wheeler, aparece también en “Tu rostro mañana” y en “Todas las almas”)... todo lo que ya conocíamos.

Más cosas que ya ha utilizado antes y ya conocemos: personajes secundarios que ya han aparecido de alguna manera en otros libros y a los que se hace un guiño (el pediatra amante, pero hay más); las consabidas digresiones propias del estilo de Marías, largas reflexiones sobre la influencia vitalicia de los actos que llevamos a cabo siendo jóvenes, despreocupadamente, etc. Sin embargo, algo que me gustaba y esta vez me ha fallado, es la también vieja costumbre de tomar fragmentos de las obras de Shakespeare como títulos de los libros.

Pero sin duda, lo más impactante es que ya conocíamos incluso el argumento de “Berta Isla”. Cuando se publicó “Los enamoramientos” en 2011, algunas tiradas incluían un pequeño ejemplar, un cuento largo o novela corta de Honoré de Balzac titulado “Coronel Chabert” al que se hacía referencia y que daba pie a continuas reflexiones sobre cómo nuestro entorno nos borra una vez hemos muerto, y sobre la imposibilidad de regresar para ocupar un lugar del que ya se te ha excluido: una paradoja interesante que daba lugar a largas digresiones.

Pues bien, “Berta Isla” copia exactamente ese argumento, cambiando a los personajes y añadiendo todos esos elementos que ya hemos citado y que se vienen repitiendo en las últimas novelas de Marías desde hace unos años. Por así decirlo, es como si Marías se hubiera obsesionado con esa historia y hubiera querido hacerla suya; como si le gustara tanto, tanto, que no fuera capaz de aceptar que no se le hubiera ocurrido a él antes (y cómo se le iba a ocurrir, si Balzac murió en 1850) y hubiera necesitado escribirla de nuevo. Todo esto es un poco extraño, y por qué no, decepcionante.

A favor de Javier Marías: técnica y recursos literarios
No obstante, también encontramos la prosa fluida y amable del Javier Marías que añoramos sus lectores más fieles; consigue que nos atrape la trama y queramos desvelar el enigma que nos plantea ya en la primera frase, qué demonios pasa con el marido de Berta. También y quizá sin pretenderlo, hace que nos planteemos muchas cuestiones importantes que se derivan de la trama, como lo es por ejemplo la del apego. Existiendo miles de humanos, Berta se obsesiona solo con uno, quien además le ofrece solo una cara que ya ni él mismo sabe si es falsa, y le oculta todas las demás facetas de su vida, le oculta casi todo. Y así lo que vive Berta (la opresión, las dudas, los fantasmas y miedos que generan el hermetismo de su marido), bien puede ser una alegoría del enrarecimiento del comportamiento de una pareja infiel si llevamos este caso a la vida real (no es lo más habitual que tu pareja sea espía de los servicios secretos británicos).

Otro detalle a su favor son esas pinceladas que encontramos diseminadas a lo largo del texto y que hacen referencia directa a fragmentos de novelas anteriores. Son muchas. Pero hay que saberse la obra de Marías casi de memoria para captarlas, eso sí. Pero están y es un juego literario hermoso que siempre usa, me gusta encontrarlas. Me refiero a guiños como la polvareda de los pies que van huyendo que aquí aparece puntualmente y que fue la frase final de “Los enamoramientos” y se dice también alguna vez más a lo largo de la misma novela; u otros como éste, que procede de “Mañana en la batalla piensa en mí”:

p.385 Cuánto miedo habrás tenido. Cuántas infamias habrás cometido, cuánto habrán pesado como plomo sobre tu alma y te habrán herido como hierro afilado.

Ese “como plomo sobre tu alma” procede de:

“Mañana en la batalla piensa en mí, y caiga tu espada sin filo: desespera y muere. Pese yo mañana sobre tu alma, sea yo plomo en el interior de tu pecho y acaben tus días en sangrienta batalla: caiga tu lanza. Piensa en mí cuando fui mortal: desespera y muere”.

Es una maldición shakespereana parafraseada que ha dado lugar a una buena cantidad de títulos en la bibliografía de Marías, y que aparece con más frecuencia en la novela “Mañana en la batalla piensa en mí”, sola o acompañada de otras frases intercaladas: son los mensajes que le transmiten al Rey Ricardo III (Escena III, Acto V) los fantasmas de las personas a quienes ha matado, la noche anterior a una batalla, para que en ella los recuerde, le atormenten, y muera él mismo de una vez por todas.
También tenemos, para mi regocijo, referencias intelectuales que añaden una reflexión y a través de las cuales compruebo que el espíritu del Javier Marías escritor e intelectual sigue vivo y aún nos puede dar grandes alegrías (aunque "Berta Isla" no sea el caso):

p.404 En mis clases había tenido que enseñar a Faulkner (superficialmente), y leí que en una ocasión, al preguntársele por qué sus frases eran tan largas, tan kilométricas, tan interminables, había contestado: “Porque nunca estoy seguro de continuar vivo para comenzar la siguiente”, algo así. 
Quizá a mí me pasaba lo mismo con aquel paréntesis infinito: si lo cerraba temía morir, o mejor dicho, temía matar. Matar definitivamente a Tomás.

“Berta Isla”, entre otras cosas, transmite ese amor por el Madrid de los Austrias tan presente en la obra de Marías: las calles del centro, el rumor de los árboles y el vaivén de las ramas visto desde el balcón de la casa para regocijo de los pocos privilegiados que pueden permitirse vivir en ese área (escena también recurrente en “Mañana…”).

La trama, que en un momento cambia de rumbo y parece traicionarse a sí misma (ojalá no hubiera estado solo basada en Balzac y ofreciera una vuelta de tuerca, no es el caso), finalmente consigue redondearse retomando elementos del inicio que aportan nuevas luces, resuelven cabos sueltos y dan forma al conjunto.

Conclusiones finales
Sobre la cuestión de plagiarse a sí mismo y darnos un refrito de novelas anteriores: quizá el problema de Marías es que se ha puesto un listón exageradamente alto, no puede darnos un “Corazón tan blanco” cada vez, pero qué hace: se pone al nivel o hace una retirada silenciosa a tiempo. Es complicado, quienes le seguimos queremos más publicaciones y ya gestionaremos en la intimidad las decepciones, a mí me vale con que deje de coquetear con la teoría feminista en sus artículos de opinión.

Me pregunto por qué en las dos fotografías del libro (la modelo de cubierta, y el autor en la solapa interior) aparecen fumando los retratados (Marías sin humo que le oculte parte del rostro, pero sí parte de él en tinieblas, la iluminación pésima). Sin ánimo de puritanismo (allá cada cual), las imágenes transmiten suciedad debido a este elemento, si un lector cualquiera está curioseando las cubiertas de las mesas de novedades de una librería y por sí mismo el nombre de Marías no le dice nada, será difícil que se acerque a este libro, el diseño no es atrayente.

Teniendo en cuenta todos los puntos a favor y en contra que he desgranado, también hay que añadir algo más. Y es que “Berta Isla” recupera al Marías relajado que se regocija en todo aquello que le gusta y sabe que le funciona. Es un alivio en el sentido de que la anterior novela, “Así empieza lo malo”, nos transmitía a un Marías triste, furioso y vengativo que utilizaba la literatura (la herramienta a su alcance) para hacer una justicia retrospectiva contra los crímenes franquistas y las injusticias que se cometieron contra su padre y su entorno intelectual más cercano. Aunque eso sea algo que pese sobre el alma del autor y que irremediablemente siempre vaya a estar ahí de alguna manera solapada (y sobre lo que tiene todo el derecho a dejar constancia, y de hacer justicia), en “Así empieza lo malo” era exagerado y casi desplazaba a la literatura como arte, para convertirla en arma arrojadiza.

“Berta Isla” es una buena novela, en fin, si se la toma aislada, independiente, si no se la relaciona con el resto de obras del mismo autor de la que es tan deudora. Sin embargo, para quienes asistimos a la obra de Marías como a un todo interrelacionado, se trata de una pieza menor en comparación a otros grandes hitos, así como disminuida a la fuerza por culpa de su carencia de elementos novedosos; por cruzar la línea de lo aceptable a la hora de tomar préstamos de otros libros anteriores, propios y ajenos. El debate está servido, lean y saquen sus conclusiones, pero sobre todo disfruten de la lectura.

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